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Domingo, 16 de julio de 2006

ANIVERSARIOS

Ser o no ser

A treinta años de su muerte, Martin Heidegger mantiene intacta su imagen de filósofo controvertido pero esencial para el abordaje del pensamiento occidental. Se presentan dos volúmenes clave de su obra.

 Por Mariano Dorr

Meditación
Martin Heidegger
Biblos
364 páginas

Aportes a la filosofía
Acerca del evento
Martin Heidegger
Biblos
414 páginas

El último 26 de mayo se cumplieron treinta años de la muerte del autor de Ser y Tiempo (quizá, uno de los textos más importantes e insoportables de la historia de la filosofía). ¿Cómo murió Heidegger? Se despertó una mañana (en Messkirch, un pueblito rural ubicado al sudoeste de Alemania, donde había nacido ochenta y seis años atrás), quiso dormir un poco más, y ya no volvió a despertar. ¿Cómo vivió? Con muchos problemas: nunca pudo limpiar su imagen tras haber sido rector de la Universidad de Friburgo, en 1933, en pleno auge del nacionalsocialismo. Aun cuando se alejó del rectorado por diferencias con el gobierno (fue vigilado por la Gestapo), algunos dichos y escritos (fundamentalmente su Autoafirmación de la Universidad alemana) siguieron comprometiéndolo seriamente. En realidad, el propio Heidegger no hizo demasiado para limpiar su vinculación al nazismo: su silencio sobre el Holocausto y los campos de la muerte, después de 1945, es todavía imperdonable. Algunos lo defendieron, interpretando su silencio como el único modo de no banalizar el horror; y otros, más audaces, encuentran en la obra de Heidegger no sólo un anuncio sino una crítica encarnizada contra ese horror: George Steiner señala que “hiela la sangre en las venas” lo que Lyotard sugiere: que “Auschwitz fue una puesta en acción, en grado supremo, de ese olvido del Ser que se encuentra en el meollo mismo del análisis heideggeriano de la historia y la conciencia occidentales”.

Además de silencio, Heidegger dejó una voluminosa obra (el plan de sus Obras Completas asciende a 102 tomos): su vida estuvo entera y completamente dedicada al esfuerzo de pensar la historia del pensamiento de Occidente. Leer atentamente a Heidegger es adentrarse en las más sutiles lecturas de la historia del pensar (desde los presocráticos hasta Nietzsche; aun cuando se trate de lecturas tamizadas por su propia filosofía, Heidegger fue siempre un lector de una agudeza incomparable); él mismo se consideraba una especie de guardia de museo, encargado de mover las cortinas para que otros pudieran contemplar las grandes obras del pensamiento. Podría decirse que, a lo largo de su vida como pensador, no hizo otra cosa que formular y reformular una única pregunta: la pregunta por el sentido del ser. Según Heidegger, en lugar de pensar el sentido mismo del ser, los filósofos no hicieron más que pensar al ser como un ente presente, sin advertir la diferencia ontológica entre ser y ente. La historia del ser como presencia es lo que Heidegger llama la metafísica, y el “olvido del ser” sería entonces ese afán de tomar al ser como ente, es decir, como simple presencia. Ser y Tiempo (1927) es un esfuerzo titánico por elaborar la pregunta por el sentido del ser a través de una “analítica existencial del Dasein (ser-ahí)”. Por más complicado que parezca, hay que decir que el Dasein no es “el hombre” ni el “sujeto moderno” (al contrario: éstas son formas de tomar al existente humano como simples presencias); el Dasein no es un ente que esté-ahí, sino que es un “ser-ahí”, y de algún modo se encuentra comprometido con una cierta comprensión del ser, ya no como una mera presencia (cerrada sobre sí), sino como “apertura”. Sin embargo, Ser y Tiempo es un texto inconcluso; algo así como un fracaso fundamental. Sus obras siguientes muestran un giro en su escritura, y Meditación (que aparece en castellano gracias a la traducción de Dina V. Picotti C., junto a los Aportes a la filosofía, considerada la segunda gran obra después de Ser y Tiempo) pertenece a los trabajos que podrían atribuirse a un “segundo Heidegger”. De todos modos, la pregunta por el ser sigue siendo la pregunta fundamental de la filosofía, tanto en los Aportes como en Meditación.

Meditación (tomo 62 de las Obras Completas) surge en 1938-1939, en conexión con los Aportes, recientemente concluidos por el autor. Aquí se trata del “otro comienzo del pensar” (el primero habría sido aquel de la pregunta conductora de la metafísica: ¿qué es el ente?; el “otro comienzo” es entonces el que pregunta por el sentido del ser). Resulta sumamente interesante la inclusión, como “Apéndice”, de dos textos en los que Heidegger ofrece una mirada retrospectiva de su propio trabajo, desde sus primeros textos de 1913 hasta Ser y Tiempo en “Mi camino hasta el presente”, y en “Anexo a Deseo y Voluntad”, donde hace un repaso breve aunque detallado, mostrando el mejor modo de acercarse a su obra (que él prefería llamar caminos) entre los Cursos, Conferencias, Notas y Trabajos hasta los Aportes a la filosofía.

Al comienzo del libro, Heidegger se ocupa de algunos aspectos de lo que llama “el acabamiento de la modernidad”, donde se refiere especialmente a la “maquinación” como aquello que caracteriza al ente y su dominación calculadora, manifestada en la técnica moderna: “la maquinación dispone al ente como tal en el espacio de juego de continua aniquilación, que se le facilita permanentemente. La esencia de la maquinación, siempre aniquiladora y que se despliega ya a través de amenaza de aniquilación, es la violencia”. Otra vez, aquel diagnóstico que Lyotard señalaba, helando la sangre de Steiner. Frente a la violencia de la maquinación, Heidegger plantea la meditación pensante como preparación para una decisión: el salto hacia “el otro comienzo”, donde cabe esperar algo diferente a la aniquilación maquinadora, quizás.

La filosofía, para Heidegger, no es una tarea para eruditos (aunque él mismo lo fuera), ni el camino para una “formación” civilizada (esto sería, refugiarse en el ente y su dominación calculante), sino el desafío de un pensar como radical extravío y andar errático, abandonando el apoyo en el ente; porque, como él mismo escribe, la “interpretación del ser tiene que extraviarse”. Y si en filosofía se trata de extraviarse, nada mejor entonces que internarse en estos textos de Heidegger, que, por momentos, rayan en lo ilegible.

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