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Domingo, 15 de octubre de 2006

FONDEBRIDER

De un tiempo a esta parte

Un poemario de protesta en tiempos de batallas menores.

 Por Leonor Silvestri

Los últimos tres años
Jorge Fondebrider
Libros de Tierra Firme
102 páginas

La vida es terrible. Sin embargo, en estos últimos tres años, Argentina parece restablecerse y progresar. Entonces, Fondebrider publica un libro de poemas que nos recuerda que “no sólo es trágico el destino por énfasis o sangre”. Muchos de sus textos son crónicas de Buenos Aires, mezcla de aguafuertes porteñas y diario de viaje; una especie de Arlt erudito que desprecia la prosa porque encuentra en la forma poética una manera más acabada de narrar, de dar testimonio, con una pizca del mejor Carver pero plagado de ideología y filosas reflexiones filosóficas.

Las palabras de Fondebrider cuentan con la agresividad del pacifismo, escepticismo, cinismo, gorilismo cercano al anarquismo individualista y destructor, y de todos los “ismos” habidos y por haber; por ejemplo en su manifiesto “Humores”: “... ni tengo ganas/ de ver cómo se arma esta ciudad/ de estupidez, maldad y peronistas”. A su vez, plantea el odio y el resentimiento al cual el Yo se expone por el solo hecho de existir (“Son jóvenes, me dijo/ como quien dice ‘tienen lepra’”) sabiendo que no hay nada, que “el talento no basta, /que nunca es suficiente/que hay que nacer en el lugar exacto, en la época exacta, /tener suerte y ser visible”. Poemas de espeluznantes finales, por ejemplo en “Presión del instante” y su metáfora de implosión de un submarino: mientras todo estalla abajo, arriba no se siente nada, excepto “un brazo o una pierna que llegan a la costa,/acaso una gaviota”. Al mismo tiempo, esta poética no se inscribe en el horror vacui, sino más bien en el estoico desapego porque lo personal está tan dentro del sujeto que permite la recordación sin nostalgia y la libertad absoluta.

Los últimos tres años es el poemario del descreimiento de la vida tal como está planteada y de la raza humana (“mi propia incertidumbre por el destino de mis hijos/el fracaso de la especie en general”). En el afuera no queda mucho, el individuo se repliega en su adentro y nos permite contemplar y compartir todo lo importante en su vida: una foto de Richard Avedon, una canción de los Kinks, sus hijas, su padre, la persona que ama. También, el paisaje irlandés desde la propia construcción y no desde lo que es en realidad (“y el paisaje de Irlanda no es Irlanda, sino yo/ poniéndole unos sueños a la tarde/tan vanos y aleatorios como siempre/ que al fin y al cabo no le corresponden”).

Textos de contundente protesta, poesía para sensibles entendidos que rinde honor al poder desautomatizador del género y al goce recursivo que se encuentra en la complejidad del texto y de la vida misma.

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