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Domingo, 20 de mayo de 2007

WACHTEL

La gesta de los marranos

Sucesor de Lévi-Strauss, Nathan Wachtel reconstruye los laberintos históricos de los marranos
mediante la historia vista desde abajo.

 Por Jorge Pinedo

La fe del recuerdo
Laberintos marranos

Nathan Wachtel
Fondo de Cultura Económica
368 páginas

Sólo una institución de presencia global y extensión en el tiempo constituye, legitima y ejecuta con persistencia milenaria la sistemática persecución, encierro, tortura y asesinato de poblaciones enteras: la que Baruj Spinoza caracterizaba como “la de los adictos a los pontífices romanos”. Tanto las expediciones de conquista de una tumba vacía como pretexto del asesinato masivo de pueblos del Islam, como la expulsión, conversión forzosa y aniquilación de los judíos en los siglos XV y XVI; la Soha en la centuria pasada, hasta la “forma cristiana” de morir arrojando cuerpos vivos de los aviones marcan una norma conductual que tiende a imponer la fe de los poderosos mediante la violencia extrema.

Hito ineludible de tal política, la conversión forzosa de los judíos perpetrada por la Iglesia Católica en 1497 –apenas cinco años después de la expulsión, coincidente con el arribo de Colón a América– instauró los tribunales, cárceles y patíbulos de la Inquisición. Bajo el eufemismo de Santo Oficio, la dependencia eclesiástica encargada de formular las fronteras de la segregación se perpetúa bajo otras denominaciones, como la actual defensoría de la Doctrina de la Fe.

Una de las corrientes de resistencia más poderosas y extendidas ha sido el marranismo: el movimiento con el que los “cristianos nuevos” mantuvieron en forma clandestina su judaísmo en toda Europa, así como en las tierras americanas. Epopeya que ahora es rescatada por el etnohistoriador Nathan Wachtel (Metz, 1935) en un libro que reúne la profundidad antropológica con la ejemplificación de la crónica y la dinámica de la mejor narrativa. En efecto, La fe del recuerdo anuda una trilogía comenzada con el hoy clásico La visión de los vencidos y seguida por El regreso de los antepasados, donde el sucesor de Claude Lévi-Strauss en la Ecole de Hautes Etudes propone un corrimiento de las visiones etnocéntricas que ha hecho escuela. Con los fenómenos de resistencia autóctona como eje surge una cultura subterránea, paradójica allí donde se inscribe en el seno mismo de los sectores dominantes. Desplazamiento radical de la perspectiva que lleva a explorar el reverso de los propios conquistadores, la reconstrucción de Wachtel instala entre memoria y olvido una “historia vista desde abajo” que se sumerge en la cotidianidad de los protagonistas de carne y hueso.

Texto científico, La fe del recuerdo admite una lectura literaria merced al rigor en el relato y el cuidado en el estilo. La obra se abre con una “Introducción” en la que el autor fija su posición a través de coordenadas teóricas, ideológicas y metodológicas sin vanidades objetivistas, pero con la exigencia de “una historia inteligible y una memoria viva”. Umbral indispensable que da paso a una decena de semblanzas de marranos cuyo destino fue la hoguera. Actas de los Tribunales de la Inquisición, informes de los buchones que espiaban a los detenidos en la intimidad de sus celdas, abundante correspondencia, viles delaciones, transcripciones de las sesiones de tortura, declaraciones públicas, en fin, un maremágnum de fuentes sometidas al rigor de la crítica histórica releva con dramática intensidad los pormenores de una época, de una cultura, de un mundo. Luego, un capítulo de “Conclusión” recompone el proceso de un bricolage cultural en un “abanico de hibridaciones, mezclas y combinaciones sincréticas, que constituyen una forma original de mestizaje”. Finalmente, un “Epílogo” testimonia las formas aisladas que persisten hasta hoy, pugnando porque el judaísmo ortodoxo los reconozca en su identidad y tradiciones propias. Trayecto de impecable rigor, el de Wachtel reconstruye aquella persistencia del recuerdo “que animaba a los judaizantes de los tiempos pasados” y sobrevuela los siglos hasta “reencarnarse en nuestros días para formar un componente esencial de su propia fe. Como la luz aún viva de las estrellas muertas, el resplandor obstinado de la vela marrana los viernes al atardecer”.

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