libros

Domingo, 10 de junio de 2007

HISTORIETA

Contratapas, de Miguel Rep

 Por Martín Pérez

Un elefante entra en un bazar y sale llevando un paquetito con un regalo. Durante los tres cuadritos que dura su travesía por el negocio, tanto el bazar como todo lo que contiene permanecen intactos. En el último cuadrito se puede leer un texto que reza: “Ya no quedan imposibles”. Publicada en la contratapa de este diario en algún momento entre 1998 y el 2007, la tira es una de las 120 lujosamente reunidas en el último libro de Rep, justamente llamado Contratapas. Un volumen que testimonia el momento en que un dibujante de una tira diaria decide romper amarras y liberarse del yugo del espacio que se ha comprometido a llenar, día tras día.

Cuando llegó ese momento, Quino dejó de hacer Mafalda. Bill Watterson, el autor de Calvin & Hobbes, pidió primero un año sabático –algo inédito en el mundo de los comics, pero que le fue concedido– y luego decidió retirarse. Rep arrancó haciendo Mocosos, una tira de niños diputados que primero pasó a llamarse Socorro y luego fue Gaspar y tantas cosas más. Según cuenta en el prólogo del libro, en marzo de 1998 una crisis tremenda asoló su humanidad, devastó sus seguridades y desbarrancó sus certezas. “Así fue como de un plumazo liquidé el protagonismo de mis personajes en la tira”, escribe. “A partir de ese colapso personal, la tira pasó a llamarse simplemente: Rep. Hasta hoy. Así, en una misma semana el formato libre de ese espacio podía animar el lunes una situación con una planta carnívora, el martes las vicisitudes de un prócer del ochocientos, el miércoles una situación de psicoanálisis, el jueves una mujer pariendo bajo las estrellas, el viernes un murciélago albino fumando caños, el sábado un cover de historieta yanqui, argentina o europea, y el domingo las peripecias de una rata a bordo del ‘Graf Spee’”.

Cuando su tira abandonó el título y se quedó sólo con la firma, Rep evitó la crisis que acabó con las tiras de sus colegas más famosos. Pero, en su caso, simplemente se acabaron los imposibles y el dibujante entró en el bazar un día tras otro, para salir con una tira diaria a modo de regalo. ¿El bazar? Intacto. Listo para recibirlo nuevamente al día siguiente. O mejor: hecho trizas. Y aún más listo para recibirlo al día siguiente, para que entre a buscar una nueva contratapa.

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