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Domingo, 24 de junio de 2007

ENSAYOS SOBRE EL FASCISMO, DE NORBERTO BOBBIO

Tragedia y farsa

Ocho ensayos del filósofo italiano Norberto Bobbio que analizan el fascismo, sus orígenes y su caída.

 Por Mariano Dorr

Ensayos sobre el fascismo
Norberto Bobbio
Universidad Nacional de Quilmes Editorial Prometeo
176 páginas

“El fascismo tenía la violencia en el cuerpo. La violencia era su ideología.” A lo largo de los ocho ensayos, escritos entre 1964 y 1975 (seleccionados, traducidos e introducidos por Luis Rossi, docente y especialista en filosofía política), se respira la profunda repugnancia que siente el filósofo italiano por Mussolini y sus secuaces. A la brutalidad destructora y asesina del fascismo, Bobbio opone la construcción democrática, y es precisamente en la democracia donde encuentra el blanco principal contra el que se levantaron los fascistas. El primer motor del fascismo no fue otro que el aborrecimiento de la democracia como sociedad de iguales. Una sola cosa tuvieron en común los grupos (conservadores y extremistas) que confluyeron en el fascismo: “el odio a la democracia”. En este sentido, los ensayos de Bobbio, escritos desde la más intensa vocación democrática, resultan fundamentales. En Fascismo y antifascismo, leemos: “Cuando nos sucede –y nos sucede a menudo– de no estar satisfechos con nuestra democracia, recordemos que la tarea que nos esperaba era enorme. La democracia, precisamente porque es el régimen de los pueblos civiles, requiere tiempo y paciencia. Inglaterra ha empleado tres siglos para ello”. Y más abajo, agrega: “Los problemas de la vida asociada en una sociedad moderna son terriblemente intrincados: son un nudo enmarañado. El fascismo había creído que lo podía cortar. Nosotros, en cambio, debemos aprender a desatarlo”.

A la pregunta de si existió o no una cultura fascista, Bobbio responde negativamente. Sin embargo, eso no significa que no haya existido una organización fascista de la cultura: “Culturalmente, el fascismo vive de rentas. Es una encrucijada en la cual se encuentran todas las calles que provienen de la cultura de la derecha conservadora y reaccionaria”. Un cierto Hegel y un cierto Nietzsche (instrumentos teóricos, leídos de un modo banal, para justificar la violencia y la opresión más absurda, estúpida y sangrienta que se haya imaginado jamás la filosofía). No hay un solo libro fascista, insiste Bobbio, que merezca ser recordado: “Hablo de algún libro cuya importancia sea semejante a la de las grandes obras de la tradición de la cual el fascismo se sirvió instrumentalmente”.

En La caída del fascismo (un texto conmovedor, con anotaciones del autor –de su propio Diario– del día siguiente a la caída de Mussolini), Bobbio analiza las diferencias y semejanzas entre la caída del Duce y la de Hitler: “El fin de Mussolini fue una comedia a la italiana”; Hitler, “en cambio, fue correspondiente al crepúsculo de los dioses”. Uno fue acusado por su propio régimen, el otro se pegó un tiro en la última hora: “El fascismo se mató con sus propias manos. El nazismo, en cambio, murió de muerte violenta”. El suicidio de Hitler fue la consecuencia, no la causa de la caída del régimen.

¿Cómo es posible que haya existido el consenso para tan nefasta experiencia histórica? ¿Es posible que se repita el fascismo? Para Bobbio, cuando nos referimos a fascismo, no podemos hablar propiamente de consenso: “No se puede hablar de consenso allí donde no hay espacio para el disenso”. Y si, según Bobbio, el fascismo no puede repetirse, eso no significa que Marx estuviese equivocado respecto de la inexorable repetición de los acontecimientos históricos: “El fascismo no se puede repetir porque fue tragedia y farsa a la vez”. Ahora bien, la muerte del fascismo es la vida de la democracia: “Tanto en lo bueno como en lo malo, nuestro destino”.

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