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Domingo, 8 de septiembre de 2002

ANTICIPO

Sensibilidad y lectura

Aníbal Ford acaba de incorporar a la Enciclopedia Latinoamericana de Sociocultura y Comunicación que dirige para editorial Norma La educación desde la comunicación del comunicólogo colombiano Jesús Martín-Barbero, del cual reproducimos a continuación un fragmento.

Por Jesús Martín-Barbero

Lo que en la historia de la lectura propuesta por Roger Chartier, por ejemplo, está en juego no son sólo los avatares materiales del objeto-libro sino sobre todo los de sus usos: los diversos modos de leer (Jauss, Chartier). Pues la lectura privada, la de “el individuo en su soledad” de que habla W. Benjamin a propósito de la novela, no es más que la lectura que privilegia la modernidad, pero a ella la precedieron múltiples formas de lectura colectiva: desde la disciplinadora lectura de los conventos y las cárceles hasta la relajada lectura de las veladas populares, en las que, según cuenta El Quijote, “cuando es tiempo de la siega se recogen durante las fiestas muchos segadores y siempre hay alguno que sabe leer, el cual coge alguno de estos libros [de caballería] en las manos y rodeámonos de él más de treinta y estámosle escuchando con tanto gusto que nos quita mil canas”; desde la lectura que practicaban en el siglo XIX los anarquistas andaluces que compraban el periódico aun sin saber leer para juntarse con otros correligionarios y buscar alguno que se lo leyera, hasta la que se hacía en las fábricas de tabaco en Cuba bien entrado el siglo XX, en las que, mientras los obreros y obreras torcían las hojas de tabaco, se leían relatos folletinescos y políticamente edificantes, una práctica de lectura que está sin duda en la base de la afición y la sensibilidad que gestaron la radionovela cubana.
Entonces, la actual crisis de la lectura entre los jóvenes quizá tenga menos que ver con la seducción que ejercen las nuevas tecnologías y más con la profunda reorganización que atraviesa el mundo de las escrituras y los relatos, y la consiguiente transformación de los modos de leer, es decir con el desconcierto que entre los más jóvenes produce la obstinación en seguir pensando la lectura únicamente como modo de relación con el libro y no con la pluralidad y heterogeneidad de textos que hoy circulan. El viejo miedo a las imágenes se carga hoy de un renovado prestigio intelectual: el que ha cobrado últimamente la denuncia de la espectacularización que ellas producen y la simulación en que nos sumen. Denuncia que aun siendo bien certera corre sin embargo el riesgo de impedirnos asumir la envergadura “real” de los cambios. Pues si ya no se puede ver ni representar como antes, tampoco se puede escribir ni leer como antes. Ya que no estamos sólo frente a un “hecho tecnológico” o la dominancia de una lógica comercial, sino a profundos cambios en todas las prácticas culturales de memoria, de saber, de imaginario y creación, que nos introducen en una mutación de la sensibilidad, o como dice A. Renauld, en una nueva era de lo sensible.

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