libros

Domingo, 15 de febrero de 2009

La montaña mágica

 Por Mariana Enriquez

El diablo de Milán
Martin Suter

Anagrama
292 páginas

Martin Suter es un escritor suizo que comenzó su carrera en la ficción en 1991, después de cumplir cuarenta años; antes, había sido ejecutivo publicitario y columnista de revistas especializado en chismes del mundo de los yuppies y nuevos ricos alemanes. Es alemán el idioma en el que escribe, y en los medios de su continente se lo incluye (con toda la injusticia que pueden tener este tipo de clasificaciones) como un exponente del euro thriller, o nuevo policial europeo. Su última novela, El diablo de Milán, encaja ciertamente en el estante de “policiales”, pero juega dentro de las reglas y los límites del género con gran inteligencia y sensibilidad. También con un ritmo envidiable, tan preciso que resulta realmente difícil no llegar al final de esta novela a toda velocidad.

La protagonista absoluta de El diablo de Milán es Sonia, una fisioterapeuta que acaba de separarse de su esposo, un banquero rico que no sólo la hizo infeliz sino que trató de asesinarla cuando ella decidió abandonarlo. Sonia no es una mujercita en apuros: vive asustada, claro, pero ahoga su angustia en amantes, alcohol, la vida en un barrio intenso, los tranquilizantes y el ocasional ácido lisérgico (que, después de un viaje fuerte, la dejará con el don-problema de la sinestesia, es decir, con la capacidad de ver olores y oler colores, una secuela poco común pero no imposible. Sonia, sin embargo, se da cuenta de que tiene que retomar alguna clase de vida que funcione, entonces toma un trabajo como masajista en un hotel de los Alpes Suizos. No bien llega, comienzan a sucederse hechos extraños que coinciden con una leyenda de la región, la Baja Egandina, que Suter presenta como provinciana y hosca, orgullosamente aislada. La leyenda es, justamente, la del diablo de Milán y cuenta la historia de una bella chica que hace un pacto con Satanás, aunque él vendrá a cobrarle el alma sólo cuando se cumplan una serie de requisitos que parecen imposibles: Cuando el ascua arda en el agua/ Y a las doce despunte el día/Cuando en pez se torne el ave/ y en humano el animal. Todos requisitos que, de modo sorprendente, se van cumpliendo de forma implacable en el Hotel Gamander ante la angustia de Sonia, que conoce la leyenda y no duda de su relación con los hechos extraños. ¿Alguien trata de atentar contra la dueña del hotel, una mujer joven, bella, rica y muy misteriosa? ¿Es que los pobladores, que detestan la invasión turística, ponen en escena sus tradiciones ancestrales para asustar? ¿Y cómo entra Sonia, que quiso escapar hacia una vida más tranquila, en este esquema?

Suter sorprende con su creación de personajes, especialmente con los retratos del resto de los trabajadores del hotel, cuyas interacciones reactualizan las viejas intrigas de “personal doméstico” (“el mayordomo lo hizo”) del policial de enigma más clásico. Pero su mayor logro es Sonia, una mujer valiente y asustada que hace todo lo posible por sobrevivir a la violencia traumática aunque a veces flaquee. Su angustia es contagiosa, pero también es contagioso su aplomo. Y su dimensión como personaje es tan interesante como la curiosa trama –entre lo sobrenatural y el fresco social– de esta inquietante y muy entretenida novela.

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