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Domingo, 22 de noviembre de 2009

Una mujer antipática

Con una narración sostenida, Romina Doval cuenta en su primera novela la historia de una mujer que en el exilio español, producto de la crisis de 2001, construye una pose dura y desencantada.

 Por Ignacio Molina

Desencanto
Romina Doval

Mondadori
249 páginas

Sara es una mujer antipática y desencantada, una treintañera argentina que vive en una pequeña ciudad española junto a su marido valenciano y que pasa la mayor parte del día encerrada en su casa sin otras actividades que las de tomar somníferos y fumar los “cigarritos mágicos” que guarda en un cajón, mirar por la ventana, leer novelas del siglo XIX y soñar que ella misma protagoniza esos relatos decimonónicos. Lejos de abatirla o de sumirla en algún tipo de depresión, su insatisfacción vital la hace creer superior a todo y a todos: para Sara, los enamorados son incautos que se creen “su propia invención” y “no entienden nada que no sea agonizar”; las personas que deciden tener hijos son egoístas e irresponsables, las que trabajan son infelices que les regalan su tiempo y su esfuerzo a desconocidos, su psiquiatra sólo sabe decir “frases de televisión”, y el sexo es una necesidad fisiológica que no amerita fantasías ni escenas románticas.

Pero lo que realmente distingue a Sara no es su compleja personalidad ni su mal genio, sino “la fuga”, el extraño mal que la ataca en las mañanas soleadas y le provoca irrefrenables e involuntarios deseos de abandonar su casa y viajar sin rumbo fijo por el país que la recibió siete años atrás. ¿Hacia dónde se fuga Sara, de qué se escapa esta mujer que un día de sol ardiente se fue de su casa de Buenos Aires para ya no volver? Estas son las principales preguntas que, sin ser nunca explicitadas, atraviesan las páginas de la primera y sólida novela de Romina Doval, la joven autora que en 2005 ya había dado a conocer un premiado y correcto libro de cuentos titulado Signo de los tiempos.

Desencanto es un relato de largo aliento que sorprende por la robustez y el dinamismo de su prosa, una historia sostenida por una interesante tensión narrativa que no decae nunca a lo largo de las casi doscientas cincuenta páginas de letra pequeña que la contienen. Si bien su vida puede parecer, por momentos, rutinaria y monótona, el carácter de Sara está claramente alejado de la abulia que, casi siempre desde visiones simplistas, son acusados muchos de los personajes que ocupan los libros de la llamada nueva narrativa argentina. Sus acciones, al igual que la narración que las guía, parecen fluir con calma y tranquilidad pero se ven sutilmente alteradas por los eventos que –a veces empujados por “la fuga” y otras veces por su propia voluntad– la van adentrando en nuevas aventuras que incluyen experiencias con drogas, visitas a bares swingers y dramas escondidos tras vidas pueblerinas y aparentemente sencillas.

Los motivos del exilio europeo de Sara también forman parte, aunque de una manera oblicua, del mapa de intrigas que plantea la novela. Y sólo las imágenes de la brutal represión policial de diciembre de 2001 en Plaza de Mayo –que aparecen fugazmente en la pantalla de un televisor como noticia de un país lejano y luego se amplifican como fantasía o pesadilla en la cabeza de la protagonista– dan cuenta de la época en que sucede la historia.

No importa tanto que Desencanto haya ganado el Segundo Premio del Fondo Nacional de las Artes de 2007 es que se trata de una novela vigorosa y atrapante, que descubre a su autora como una de las voces más interesantes de la reciente literatura argentina.

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