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Domingo, 11 de abril de 2010

Del SOS al SMS

Un estudio sobre las nuevas tecnologías –con Internet y el celular a la cabeza– y su influencia sobre los vínculos entre personas, generaciones, padres e hijos.

 Por Natali Schejtman

Son muchos los que se preguntan e investigan, a veces con más rigor, otras veces atravesados por las fantasías heredadas de la ciencia ficción, cómo es que las nuevas tecnologías se acomodaron y provocaron una modificación en nuestra vida cotidiana. Rosalía Winocur, investigadora en el Departamento de Educación y comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana de México, volcó los resultados de sus investigaciones sobre el presente mediatizado y conectado en Robinson Crusoe ya tiene celular, un libro que explica cómo se engarzaron las novedades pero también qué características relativamente nuevas de la sociedad actual oficiaron de soporte natural de los cambios en nuestras formas de comunicarnos. No es sólo un libro que trata de explicar cómo la tecnología –sobre todo el celular e Internet– dinamitó todo lo conocido hasta entonces, sino que apunta a las transiciones y a encontrar las características humanas detrás de los usos y nuevas costumbres: “En ese sentido –dice Winocur en la introducción– las TIC (tecnologías de información y comunicación), más que cambiarles la vida a las personas, sufren las consecuencias de los cambios que éstas realizan en los ‘usos previstos’, para volverlas compatibles con sus trayectorias biográficas y sus sistemas de referencias socioculturales en el marco de la vida cotidiana”.

Así es como la autora se dedica a desarrollar diversos aspectos en base a entrevistas y bibliografía aplicada. En el primer capítulo estudia el uso del celular como elemento que extiende el calor de las relaciones familiares y afectivas, que antes tenían de marco el espacio doméstico. Este aparato es, para la autora, una especie de nuevo objeto transicional que genera en algunos casos dependencia y adicción. En otros capítulos, elige dedicarse sobre todo a los jóvenes y a cómo la socialización digital se conjuga con la que enfrenta a las personas en el mismo espacio (real). También, de qué modo ha variado la definición de quién está solo o, mejor, aislado. La gente joven tiene más asimilada una falta de límites duros entre el afuera y el adentro y, en el caso de la sociabilidad, entre estar físicamente solo pero virtualmente conectado, aunque esto no debe entenderse como una competencia llana entre lo virtual y lo real. Por otro lado, la visibilidad que proponen las enormes vidrieras de la web (y la cámara de fotos digital) redefine lo que es mostrarse y lo que es la fama amateur. Los capítulos más focalizados en los jóvenes, así como demuestran solidez, son quizá los que más visibles hacen una especie de paradoja que surge al escribir con rigor y esquemas temporales de investigación sobre un objeto que muta tan rápido. Winocur pareciera superar ese obstáculo al abstraer ciertos cambios y ciertos usos más allá de si una nueva red social convirtió en vieja la de ayer nomás. Son particularmente atractivos los capítulos que la autora dedica a los cruces: en un caso, el generacional. En un marco en el cual los vínculos entre padres e hijos gozan de un nivel menor de autoritarismo y unilateralidad, las nuevas tecnologías proponen un elemento bidireccional en la relación de un joven que le puede enseñar a su padre de qué se trata lo nuevo. Algo parecido pasa con los maestros. La computadora y la conexión como herramientas de aprendizaje y acceso al mundo son también tratadas como “recurso de inclusión entre los pobres”, en un artículo que analiza las vertientes de expectativa de movilidad social, sensación de amenaza y también reproducción de la exclusión que giran en torno de las TIC en los sectores populares. Tecnología y pobreza es uno de los tópicos más interesantes del presente, y acaso uno de los más silenciados.

En Robinson Crusoe ya tiene celular hay un mapeo de usos y costumbres generales, cambios de sensibilidad y nuevas, viejas y constantes formas de poder y exclusión. Todas suman exhaustividad a un libro que mira con lupa (y bibliografía) nuestro presente on line.

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Robinson Crusoe ya tiene celular Rosalía Winocur Siglo XXI 167 páginas.
 
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