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Domingo, 28 de noviembre de 2010

Las brigadas rotas

A partir de los ’80, la literatura alemana empezó a incorporar nuevas temáticas y enfoques literarios, con un marcado sesgo intimista. Parte de la solución, de Ulrich Peltzer, combina una historia sentimental con una fuerte reflexión sobre la violencia política.

 Por Omar Ramos

En los años de posguerra, fueron varios los escritores alemanes que descollaron por su literatura comprometida donde en forma explícita o implícita describieron los horrores del nazismo. Quizás el más célebre por la obtención del Premio Nobel haya sido Günter Grass, quien entre otras novelas notables escribiera El tambor de hojalata (1959), Años de Perro (1963) y Escribir después de Auschwitz (1990). En los años ’80, la literatura alemana se volvió menos política y más subjetiva, doméstica e intimista, tal vez hubo necesidad de no escribir sobre ese pasado tan traumático, como si el Estado de Bienestar no diera lugar a la crítica social y al testimonio. Después de la caída del Muro se esperaban novelas que dieran cuenta de ese suceso, pero todavía no se publicó una importante que se ocupe del tema.

Si bien no hay una mención explícita a la caída del Muro, Parte de la solución, la nueva novela del alemán Ulrich Peltzer, retoma la senda política e histórica al ambientar la acción en el Berlín actual, acorralado por la tecnología, las alarmas, las cámaras de seguridad, la siempre próxima posibilidad de un atentado, las todavía persistentes diferencias entre los alemanes del oeste y del este, las marchas pro o antinazis, las muertes horripilantes hacia los inmigrantes turcos por parte de una civilización blanca y cristiana, o las recientes protestas por los ajustes, los recortes sociales y otras cuestiones que hacen de Europa un continente menos previsible que décadas atrás.

Peltzer se vale de este marco social para reflexionar sobre los movimientos de izquierda radicalizados del pasado y los de hoy, que tal vez en comparación a los de los años ’70 sean una caricatura o copia débil, sin considerar por cierto la lucha armada que llevan a cabo en la actualidad algunos sectores islámicos.

La historia se basa en una investigación sobre Las Brigadas Rojas, que lleva a cabo Christian, un periodista, donde uno de los puntos centrales es el cautiverio y asesinato de Aldo Moro. Para ello utiliza testimonios, libros, archivos y documentales, uno de ellos donde el locutor menciona los disparos de las metralletas Skorpio y una Beretta nueve milímetros, se ven en primer plano cuerpos despedazados, la sangre como símbolo de una violencia pasada que sin embargo, germina en pequeñas larvas sin que nada asegure que con el tiempo pueda alcanzar una dimensión mayor.

Hay descripciones del autor sobre la marginalidad que produce y ampara para su subsistencia el capitalismo actual, cada vez más financiero e improductivo, en una Europa llena de vagabundos, marginados, alcohólicos y punks, un cuadro de decadencia extrema.

El protagonista investigador va sopesando la idea de que algunos brigadistas tienen el deseo de volver, a pesar de la tecnología actual que detecta hasta la vida privada de los ciudadanos. Un ex brigadista cita a Lawrence Ferlinghetti para quien “la historia está hecha por las mentiras de los vencedores”. El brigadista le confiesa a Christian: “Todavía somos la conciencia de la humanidad”.

Christian es amigo desde la escuela de Jakob, un profesor de Literatura, que da conferencias sobre Foucault y el romanticismo alemán, quien lo contacta con ex miembros de las brigadas, hoy integrados al sistema como profesores universitarios, profesionales, comerciantes, la mayoría alejados de todo tipo de acción revolucionaria.

“Me interesaba saber qué pasó con antiguos miembros de la izquierda radical que ahora trabajan en la Justicia, y no por una cuestión moral sino lingüística. Si hace veinte años se tenía un vocabulario de izquierda para ordenar el mundo, ¿qué palabras se usan para hacerlo hoy, cuando esos conceptos ya no existen?”, declaró Peltzer en una entrevista.

Parte de la solución. Ulrich Peltzer Eterna Cadencia 398 páginas

La temática sobre los grupos políticos armados es interesante para una novela, pero en este texto el interés está menguado por el desarrollo de la trama, cargada de descripciones minuciosas y situaciones secundarias disgregadas del núcleo central de la historia. El lector se sumergirá no sólo en la primavera del ’78, donde bajo una lluvia indecible de balas es secuestrado sin un rasguño Aldo Moro, sino también en otras acciones de violencias menores, siempre marginales, de la actualidad.

Bioy Casares creía conveniente prometer algo en las primeras líneas de una novela. En ese sentido la novela de Peltzer lo hace al adentrarse en el mundo de los grupos políticos armados que perdieron sustento al acabarse la Guerra Fría y son hoy otras las vías de lucha para poder no ya cambiar sino transformar en algo el sistema capitalista, como lo indica Christian e incluso algunos de los personajes secundarios de esta historia.

Bioy también agregaba que “el lector se parece bastante a esas personas que miran televisión y se levantan a cada rato. Hay que tratar de atraerlo un poco, de retenerlo”. Es ahí donde la narración de Peltzer, impecable desde el punto de vista estilístico, zozobra de a ratos. A pesar de ello, en otros tramos las secuencias logran aciertos como cuando el protagonista le pregunta a Nele, una traductora que lo ayuda en sus investigaciones y con la cual tiene un amorío, “¿qué significa el éxito?”. Y él se contesta: “En nuestra sociedad significa tener una fortuna aceptable, como criterio de verdad insobornable y objetivo. El que tenga todavía alguna duda, o es un revolucionario, un artista, un inútil social, una larva. Todos aspiran a tener tanta plata como la situación lo permita, está más difícil que nunca, peor que nunca. Llama al capitalismo un imperio, un casino, un infierno o como más te guste”.

En definitiva, Peltzer logra escribir con un estilo elaborado, por momentos suntuoso y de riqueza sintáctica, incluso con alta precisión en las descripciones, aunque por momentos recargadas, una novela que hace reflexionar, sin dudas aunque con una densidad por momentos fatigosa, sobre el tema del poder y la violencia.

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