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Domingo, 27 de febrero de 2011

¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?

El silencio atraviesa sin dejar huellas expresas toda nuestra experiencia de la modernidad. Y lo hace en medio de los celulares, el parloteo, el ruido incesante que nos rodea. En un original ensayo, Luis Gruss indaga en la relación del silencio con el erotismo, el arte, el psicoanálisis y el lenguaje.

 Por Omar Ramos

El ensayo no exige una forma exclusiva ni modelos estrictos u obligatorios. Exponer y argumentar son métodos que suelen producirse asociados a un texto. Esta combinación es utilizada con precisión y profundidad por Luis Gruss, docente y escritor, quien también ha publicado libros de narrativa y prosa poética. Su último ensayo, El Silencio. Lo invisible en la vida y el arte, comienza con una nota del autor donde refiere que “la vida es sonora aun en el silencio” y líneas adelante señala que incluso se puede imaginar al silencio como “una palabra que espera ser pronunciada alguna vez”.

El núcleo temático del silencio tiene su opuesto en el ruido, esa parafernalia de celulares, radios, televisión, aparatos digitales de la denominada postmodernidad, esta época que David Le Breton –cita Gruss– ha englobado como “disolución mediática del mundo”.

El texto de Gruss es virtuoso tanto por las innumerables citas de escritores –Ita-lo Calvino, Fernando Pessoa, Antonio Di Benedetto, Cortázar, Melville–; filósofos –Aristóteles, Confucio, Spinoza, Primo Levi, Foucault–; psicoanalistas –Lacan, Freud, entre otros pensadores, que muestran la exposición objetiva del tema–, pero sobre todo por la argumentación del autor que conduce a una visión propia, subjetiva, rica en conclusiones autónomas.

La estructura comprende, además de la nota del autor, siete subtítulos donde se relaciona el silencio con la conversación, la soledad, el poder, las grietas del lenguaje, la filosofía oriental, los autores y sus obras, el erotismo del vacío y el arte, esa invisibilidad que por momentos en la vida adquiere una presencia mayor que la palabra, ya que, como afirma Gruss, “la sociedad moderna no habla, parlotea y ello conduce a la abolición del lenguaje”; es la palabra vacía de mensaje y comunicación. Se destaca entonces la pausa, el silencio como acto vinculante, las zonas invisibles del lenguaje.

Por ello la creación no termina por concretarse, los cánones de la literatura del siglo XIX se desvanecen ante toda pretensión realista, donde la estructura obliga a un inicio, desarrollo y desenlace. Por el contrario, hoy se da preponderancia a las historias inacabadas, rotas, como las escritas por Sam Shepard y Raymond Carver, y entre los argentinos ciertos textos de Juan José Saer o Rodolfo Walsh, donde el silencio debe descifrarlo el lector, realizando una creación paralela a la del escritor e incluso superadora.

Escribir, pintar, componer música, cualquier manifestación artística en general, es un acto reparador, un escudo ante un mundo enigmático, de ahí la necesidad que tiene el hombre de construir un mundo paralelo, no virtual sino otra realidad, que por instantes arroja nuestra angustia existencial y nos otorga aunque sea un minúsculo fragmento de felicidad que es reparatorio frente a lo vivido como trauma en la vida. Si todos los seres gozaran de la vida en su plenitud no habría motivo para el arte. Así lo da a entender el autor cuando afirma que “si no hubiera diferencia entre vida y arte, con seguridad la obra artística no existiría. Todo sería vida y tal vez algún día ocurra que la gente disfrute con tal intensidad de la experiencia vital que el arte deje de ser necesario”.

En el subtítulo “La erótica del vacío”, el autor relaciona al silencio con el psicoanálisis. Argumenta que el amor dispara palabras, dudas y silencios, una experiencia única e incomunicable que puede interrumpirse al alcanzarse. Si no hay vacío, como ausencia del otro, como agujero, el erotismo se desvanece. Pocas veces se desea lo que se tiene. El cuerpo desnudo, lo concreto, lo sin velo –Gruss afirma que en el momento que los amantes se desvisten revelan el misterio y las formas se diluyen en espejismos–, al igual que la escritura erótica expresa, carece de secreto.

También el autor expone y argumenta el silencio en el psicoanálisis como facilitador de la palabra del otro, el paciente, desarrollándose en ese momento el silencio activo que habilita el habla. Que el inconsciente esté estructurado como lenguaje –Lacan– no significa que sólo esté compuesto de palabras.

¿Será el silencio también una respuesta?, se pregunta Gruss. Así como en el psicoanálisis la verdad está oculta en todas las palabras que trae el paciente, también en el silencio es donde el hombre podrá encontrar lo que quiere de la vida, aunque trate de buscarlo infructuosamente en el ruido vacuo y estéril del parloteo.

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El silencio. Luis Gruss Capital Intelectual 201 páginas
 
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