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Domingo, 24 de marzo de 2013

> MARíA TERESA ANDRUETTO Y UNA ESCENA EN FAMILIA

Corazón

Los lunes, mi papá (que era gerente de la cooperativa eléctrica de nuestro pueblo) tenía reunión de directorio. Se iba después de la cena y regresaba tarde, pasada la medianoche. Esa era la única noche que él estaba fuera de casa y la única en que podíamos, mi hermana y yo, acostarnos con mamá en la cama grande. Apenas salía, nos tirábamos las tres sobre la colcha, o nos acurrucábamos bajo las frazadas y entonces ella nos leía. La cabaña del Tío Tom, Las aventuras de Tom Sawyer, La isla del tesoro, Corazón, Vida de San Francisco de Asís, Santa Teresita de Lisieux son algunos libros que recuerdo de aquellas noches con mi madre y mi hermana. “Pasaron como un sueño los tres meses de vacaciones transcurridos en el campo...” comenzaba el diario del pequeño Enrique en Corazón y el maestro de tercero, en aquella escuela de Turín (¡muy cerca de donde había ido a la escuela mi papá!), nos hacía llorar con sus relatos sobre el pequeño escribiente florentino, el vigía lombardo, el tamborcito sardo... Mucho más tarde supe que el libro se había escrito con un fin moralista, aleccionador, en el marco de un proyecto pedagógico para “integrar las diversas regiones de Italia y orientar al lector hacia el bien”, pero a mí qué podía importarme... Acurrucada en aquellos brazos escuchaba la historia de Garrone, el muchacho de piel oscura que había llegado del sur, el más alto y fuerte de la clase, el que defendía a los débiles, naciendo una vez y otra vez de aquel libro en la voz hermosa de mi madre, hasta que nos quedábamos dormidas. Después llegaba papá, nos recordaba que esa cama no era la nuestra y compensaba un poco la expulsión con chocolates –blanco para mí, negro para mi hermana– que compraba en el kiosco donde se proveía de sus cigarrillos Saratoga.

Escribí hace muchos años un poema sobre el asunto, está incluido en Kodak.

Lunes

Los lunes mi padre llegaba tarde

y traía chocolates amargos,

en la cama grande, mamá nos leía

La cabaña del Tío Tom.

A nosotras nos gustaban los lunes,

nos gustaba llorar por tristezas

de cuento, sufrir por los negros

mientras comíamos chocolates

Suchard.

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