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Domingo, 12 de enero de 2014

UNA MENTE BRILLANTE

El nuevo libro de la novelista Siri Husvedt es una recopilación de su faceta como escritora de no ficción, con charlas, conferencias y artículos que realizó para publicaciones como Granta, The Guardian y Le Nouvel Observateur entre 2005 y 2012. Entre las infidencias sobre su matrimonio con Paul Auster, su muy visitada vida familiar y su pasión por el psicoanálisis y especialmente las neurociencias –Oliver Sacks es uno de sus admiradores–, Husvedt construye un corpus que es tan personal como caprichoso, y esencialmente literario.

 Por Juan Pablo Bertazza

Abundan en YouTube videos en distintos idiomas de gorilas, cartas de póker y basquetbolistas que presentan, exhiben y explican lo que significa la ceguera al cambio. Concepto muy difundido en el campo de la neurociencia, se llama “ceguera al cambio” a la incapacidad para advertir ciertas transformaciones en los objetos o escenas. Un fenómeno de percepción relacionado con la manera en que el cerebro selecciona la información que tiene a su alcance. Para poder detectar un cambio (un cambio de vestuario, de muebles o de personas en determinado lugar) es necesario relacionar la imagen anterior a ese cambio con la imagen posterior al mismo, algo que muchos –y en reiteradas ocasiones– no logran hacer. Es más: un reciente estudio de la Universidad Autónoma de Madrid, publicado en el Journal of Cognitive Neuroscience, analiza en qué momento preciso tiene lugar una falla en el proceso mental que inhabilita la detección de los cambios. Según los investigadores, la ceguera –que significa, básicamente, estar distraídos viendo otra cosa– comienza incluso antes de que se produzca la modificación. Muy estudiado por los prestidigitadores para elaborar sus trucos de magia, la ceguera al cambio sería, entonces, algo así como un grado de evolución en aquel viejo juego de las siete diferencias.

El concepto de ceguera al cambio –y sus muy interesantes vínculos con la literatura– es el que más se repite en los ensayos de Vivir, pensar, mirar, libro de Siri Husvedt que reúne charlas, conferencias y artículos que la esposa de Paul Auster realizó para publicaciones como Granta, The Guardian y Le Nouvel Observateur entre 2005 y 2012. El título, que insinúa un correlato intelectual de Comer, rezar, amar, el best-seller de Elizabeth Gilbert, propone un tríptico de temas a ensayar (ésa es la simple etimología de este género que supo llevar a su cumbre Montaigne) muy diferenciados pero cuyos límites, por momentos, parecen mezclarse. Los tópicos agrupados en torno de “vivir” van desde la esquiva naturaleza del deseo (y Madame Bovary como emblema) hasta los orígenes escandinavos de la familia de Husvedt y, en particular, la relación con su padre, pasando por algunas infidencias de su pareja con Auster y las continuas migrañas que padeció Husvedt a lo largo de su vida y con las que, finalmente, aprendió a convivir.

Los ensayos agrupados en torno del “pensar” tienen que ver con la siempre fascinante relación entre realidad y ficción, pasado y memoria. Temas, por supuesto, muy transitados pero revisados a partir de la relación entre psicoanálisis y literatura. Si la novela es un género que se caracteriza por devorar otros géneros, Husvedt se pregunta en qué aspecto el psicoanálisis transformó la novela, y también da cuenta de que algunos narradores encarnan, en cierta forma, el rol del analista. Es en este apartado en el que Husvedt da rienda suelta a su pasión por los avances en las neurociencias, que la llevó a ganar el Premio Internacional Gabarrón de Pensamiento y Humanidades 2012, y a recibir nada menos que la bendición de Oliver Sacks: “Además de ser una de nuestras mejores novelistas, es desde hace un tiempo una brillante exploradora del cerebro y la mente”.

Vivir, pensar, amar. Siri Husvedt Anagrama 412 páginas

Por último, los ensayos de “mirar” están dedicados a la percepción visual, aunque incluyen también reflexiones y críticas sobre fotografía y arte, desde Goya hasta Louise Bourgeois. También incluye observaciones acerca de lo que significan los contactos primigenios con las obras de arte teniendo en cuenta la naturaleza prerreflexiva de la percepción de los colores (“sentimos el impacto del rojo, azul o verde antes incluso de poder nombrarlos”), lo cual redunda en la preeminencia de lo emotivo por sobre lo reflexivo: “Creo que lo que vemos tiene un valor emocional o afectivo que no surge después de contemplar y nombrar el objeto, sino en fases de la visión anteriores y subliminales”.

Con varias novelas de calidad en su haber –Elegía americana, Todo cuanto amé y El verano sin hombres–, Siri Husvedt fue sacando chapa de escritora seria, fina, equilibrada y ligeramente autobiográfica. La publicación de un libro como Vivir, pensar, mirar, donde define varias veces la escritura de ficción como “el recuerdo de lo que nunca sucedió” y vuelca sus lecturas obsesivas (el filósofo Kierkegaard, sobre todo, que ya aparecía en sus novelas) significa una forma de consagración. Sus historias pasaron a tomar tal relevancia que volvieron también importante su materia prima: la vida, el pensamiento, la mirada de una escritora que exprime, en cada uno de sus libros, la ceguera al cambio de sus lectores.

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