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Domingo, 22 de mayo de 2016

BERNARD CORNWELL

LA TIERRA PROMETIDA

En coincidencia con El último reino, la miniserie de la BBC que puede verse por History desde la semana pasada, inspirada en la obra del guionista y novelista Bernard Cornwell, Northumbria acaba de aparecer en Argentina. Este volumen de la saga narra la lucha de los pueblos sajones en el siglo IX, antes de constituirse el actual territorio inglés, contra los poderosos y paganos daneses, siguiendo los pasos de Uhtred, un joven huérfano que se convertirá en guerrero. Una atractiva propuesta que conjuga aventura, el relato rigurosamente histórico y la novela de aprendizaje.

 Por Susana Cella

En el siglo IX, el actual territorio inglés era un conjunto de reinos esparcidos por la isla, organizados según un sistema feudal, con propietarios de tierras llamados eldormen y reyes. Uno de los dominios se llamaba Northumbria. Esta historia empieza exactamente en el año 866 cuando el narrador y protagonista, Uhtred, tenía nueve años y era hijo de uno de los eldorman del rey de Northumbria afincado en su fortaleza de Bebbanburg (en honor a una antigua reina llamada Bebba). El sitio, hogar de ese chico del que pronto va a verse progresivamente alejado, quedará en su mente como una especie de tierra prometida a la que regresar. Luego de haber derrotado a la Britania romana que mantuvo su dominio hasta el siglo VI d.C., (cuyas sólidas construcciones de piedra, aun ya en estado ruinoso, todavía se erigían con majestad frente a los edificios de los nuevos dueños y servían muchas veces como refugio); esos poderes locales, entablaban luchas por la primacía, pero también por la supervivencia. Sobre todo porque la expansión danesa, con sus poderosas flotas y sus temibles guerreros eran un peligro constante. Esos “paganos”, como los llamaban los sajones, anglos o jutos (todos estos ya convertidos al cristianismo), navegaban hasta las tierras británicas con el objetivo de ocupar el territorio arrasando con todo lo que encontraran a su paso. Muchos años después de la derrota que lo dejó sin padre y sin tierra, el narrador Uthred va a rememorar desde la primera visión que tuvo de las naves adornadas con dragones y serpientes hasta el momento en que se ha convertido en un guerrero

El relato, una novela histórica ubicada antes de que en 1066 con la batalla de Hastings comenzara la época normanda, es a la vez una novela de aprendizaje. Dos nítidas escenas lo marcarían: la primera, cuando Uthred, apenas un chico, se atreve a desafiar al feroz invasor danés Ragnar, al cual intenta atacar con un arma poco efectiva. Lejos de matarlo, Ragnar, cuyo buen humor se sumaba a sus otras cualidades, siente simpatía por el valor del niño, y lo lleva con él. La segunda, en el desenlace, en el momento en que se prueba su estatura de eximio combatiente. La vida con los daneses (“Una infancia pagana”), le permite conocer no sólo la lengua y costumbres sino que se establece una relación afectuosa con el jefe militar al punto de considerarlo el sustituto de su padre muerto. Pero también, en tanto novela de aprendizaje, no faltan figuras que desempeñan un rol de maestros. Uthred los tuvo de ambos bandos: el cura Beocca, quien trataba de inculcarle la lectura y las vidas de santos; el danés Ravn, padre de Ragnar, un anciano ciego que sabía varias lenguas, y a su modo, el herrero Ealdwulf, quien revistaba entre la gente del padre de Uthred y solía contarle mitos de la isla condenados por los cristianos.

En ese sentido el protagonista adquiere una visión propia y puede comparar las dos religiones: el cielo cristiano y el Valhalla, Dios y Odín, los rezos y devociones de los sacerdotes con sus elaborados escritos frente a las armas y barcos de los escandinavos, o las piadosas oraciones y aun magras comidas contra las descomunales fiestas de los guerreros del norte. El cotejo suele favorecer a los invasores: “Los daneses no tenían curas, cosa que me gustaba, porque los curas estaban siempre diciéndonos que no hiciéramos cosas o intentando enseñarnos a leer o exigiendo que rezáramos, y la vida sin ellos era mucho más divertida. Los daneses, de hecho, parecían muy superficiales a propósito de sus dioses, aunque casi todos llevaban un martillo de Thor”. Pero, aun así, no deja de impresionarle el sacrificio de sangre que los daneses ofrecen a su dios antes de la batalla, incluso en la comparación de los respectivos mundos del más allá, también el Valhalla, donde sus habitantes viven en una permanente fiesta, aparece mucho más grato que el armonioso Paraíso donde se entonan cantos con doradas arpas.

Al señalar estas dos vertientes aunadas en la novela –el aprendizaje y el aspecto histórico– se trata de evidenciar que Northumbria no es simplemente un relato de aventuras, aun cuando esto aparece como rasgo destacado. Y no porque falten episodios que tienen tales características, porque a detalladas descripciones de batallas, huidas, pactos, etc. sino porque hay una secuencia temporal y no faltan, en ese devenir, las reflexiones del narrador sobre el transfondo de la actuación de los británicos, en especial del rey Alfredo (personaje histórico)y su inicio de la reconquista de las tierras casi completamente ocupadas por los daneses al salvar Wessex (“El último reino”), primer paso de la unificación continuada por sus herederos que nombrarían a esas tierras Englaland.

Por eso quizá, al comienzo se incluye un mapa que sirve para ubicar geográficamente ese conjunto de reinos y ciudades presentando las equivalencias de nombres antiguos y actuales (Northumbria, Mercia, Anglia Oriental, Wessex, Eoferwic), lo que posibilita orientarse en ese sinfín de viajes. A esto se agrega, como parte de una ambientación en la época una serie de vocablos que bien pueden nombrar objetos o remitir a formas despectivas u humorísticas.

Uthred (quien había combatido con los daneses y mantenido una amistad con uno de los hijos de Ragnar) lucha finalmente junto con la gente de su tierra. Luego de una cantidad de episodios intrincados donde desfilan personajes de ambos bandos y se teje lentamente una historia de amor, el personaje logra avizorar su destino como marido, amigo y guerrero adquiridos progresivamente y no sin dudas y peligros. En contraste con los jefes militares daneses, famosos por su ferocidad y temeridad, va surgiendo e incrementando su presencia, la figura del rey Alfredo, quien pasó a la historia como Alfredo el Grande. A él se refiere el narrador desde el inicio cuando resume de qué trata su profuso relato: “Era mi rey y todo cuanto tengo se lo debo. La comida que como, la casa en la que vivo, y las espadas de mis hombres: todo procede de Alfredo, mi rey, que me detestaba”. Efectivamente los encuentros de ambos distan de ser amables, aquí también el muchacho que mantenía lealtades hacia los daneses, presenta una imagen de Alfredo alejada de la admiración, ve en él cierta hipocresía en su celo religioso, le fastidian sus intrigas y no se priva, en algún momento de burlarse de él cuando responde irónicamente a Alfredo acerca de sus consideraciones sobre virtudes y vicios entre citas bíblicas y ejemplos de santos.

El último reino. Northumbria. Bernard Cornwell Edhasa 436 páginas.

Pero fue este rey, según el autor dice al final en su “Nota histórica”, quien “acarició y mantuvo la idea de Inglaterra, que su hijo, hija y nieto convirtieron en explícita”. A partir de ahí, Uthred “luchará de nuevo”. Su creador, Bernard Cornwell –que cuenta con una nutrida serie de novelas históricas– promete continuar la saga de este personaje narrador tan hábilmente forjado. Como si luego de este relato que se desencadena con el alejamiento del hogar, el siguiente propusiera acentuar el camino inverso.

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