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Sábado, 15 de marzo de 2008

CON NOMBRE PROPIO

La palabra diseñada libros objeto

La marca editora es una editorial independiente que centra algunas colecciones en la imagen y el diseño, con resultados llamativos.

Imágenes, formas, palabras. En igual medida, con igual peso, la misma obsesión y cuidado, las atiende en un juego muy personal la marca editora. Un sello editorial independiente que desde 1992 se ocupa de temas y formatos bastante inéditos hasta su aparición en el mercado. Libros de fotografía, arte, diseño, ensayo y poesía, portfolios numerados y libros de artista. Jugando con diferentes materiales (tienen dentro de la Colección Múltiples –concepto que confiesan haber robado del pop–- ejemplares limitados hechos por artistas en vidrio, piedra o tierra), escalas (desde libros de nueve ejemplares a grandes tiradas), formas y tamaños (desde gigantes a las miniaturas de cine de dedo). Alrededor de cuarenta nuevas publicaciones por año que son bellos objetos en sí mismos.

Vocación impresa

Indagando en el origen de la editorial, lejos de estudios de mercado, salta que se abrió paso a la medida de la pasión en varios frentes de uno de sus fundadores, Guido Indij. De profesión fotógrafo (por lo menos de forma exclusiva y excluyente en sus comienzos), egresado de la primera camada de la carrera de Diseño de Imagen y Sonido de la FADU, UBA, actualmente editor y eventualmente librero, la marca editora nace de las vinculaciones de todas sus competencias. Además, Indij es de esos tipos que se meten, ya como autor, con registros gráficos de temas que para la mayoría pueden pasar inadvertidos pero develados en formato papel habilitan la mirada. A saber: Hasta la Victoria Stencil (2004) o el reciente 1000 Stencil (2007). O su nuevo Sin Palabras, Gestuario Argentino, un diccionario visual del habla gestual de los argentinos (una delicia que acompaña cada foto con una pequeña explicación de su uso, una breve descripción técnica y aquellas expresiones verbales que en general acompañan al gesto en su aplicación cotidiana).

“Soy obsesivo. Coleccionista. Me gusta armar álbumes de figuritas, juntar cosas y ordenarlas y de algún modo eso es lo que une mis profesiones. La forma en que hago fotos es la de juntar pequeños fragmentos, no hago grandes paisajes, busco las letritas y los detallecitos y voy juntando y armando series”, relata Indij, quien arrancó especializándose en libros ilustrados –fotografía, moda, diseño, arquitectura, arte contemporáneo–. Se hizo distribuidor y librero. “A la editorial, siguió casi paralelamente la apertura de una distribuidora de libros de arte y fotografía, y una librería, Asunto Impreso, que en 1995 hizo pie en la Fundación Banco Patricios y luego y durante ocho años en el Centro Cultural Recoleta.” Y hoy se maneja en varios frentes. Un tipo al que vale consultar cuando se trata de cultura visual en formato impreso.

–¿Cómo nace la editorial?

–Al estar especializados nos adueñamos de un nicho, pero es una profesión por lo menos como la encaré, que no pasó por identificar un nicho e implementar una estrategia de marketing para lograr ese objetivo. Hay sobre todo una pasión puesta en estos libros que me gustaría tener. En jugar, investigar formatos y formas. En hacer libros que otros no hacen.

–¿Por qué no se daban en la Argentina?

–Por un lado, durante muchos años hubo un atraso tecnológico. Todo costaba muy caro, no estábamos competitivos a nivel internacional ni en servicios ni en insumos. De hecho, hubo una generación o dos generaciones de artistas, muchos consagrados, que no tenían su libro, ni catálogos de edición propia, como Yuyo Noé o León Ferrari. Los más grandes no tenían libro, eso era una realidad. Pero dentro de los libros ilustrados, si bien hacemos libros de arte y con artistas, también hacemos otros que son un poco más sofisticados, juguetones, y eso no se lo podemos adjudicar a un atraso tecnológico porque de hecho, al día de hoy, no se publican en otras sociedades que tienen esas posibilidades. Y que sin dudas tienen más que ver con un nivel de sofisticación que buscamos en algunos de nuestros productos. Trabajar sobre la idea de qué es un libro es nuestro punto de partida. Lo que nos interesa hacer. Pensar cuán chiquitito puede ser un libro para que sea tecnológicamente viable, técnicamente facturado. O cuál es lo más grande que puede ser y seguir siendo un libro. Cuántas páginas es la máxima que puede tener y cuál la mínima. ¿Ocho páginas es un libro? ¿Y si tuviese cuatro? ¿Y una? Hay un punto donde hay un límite y ahí es donde nosotros trabajamos en libros de artista, o un libro como concepto u objeto. Ese terreno de las fronteras es donde nos interesa laburar. En cada libro intentamos inventar algo.

–¿Ejemplos?

–Hace unos años editamos un libro de Marcos López que se llamaba Pop Latino. Cinco años después nos dimos cuenta de que el formato no era el más adecuado porque flapeaba un poco, entonces decidimos hacerlo más chiquito, recortarle las puntas. La diseñadora nos propuso cinco opciones de tapa. Sacamos la que no nos gustaba y con las otras cuatro hicimos 2000 ejemplares, 500 con cada tapa. Entonces el mismo libro tiene cuatro tapas distintas. Eso fue como una apuesta que además nos hacía ganar en las vidrieras cuatro espacios porque el librero que lo interpretaba lo ponía cuatro veces como un chiste. Pero el contenido del libro era el mismo, había una invitación a que el público participe. Hemos hecho libros que miden 11 por 11 cm y cuando los abrís miden 11 cm por 4 m y medio. Libros de tela o los de cine de dedo con los que podés leer 150 páginas en 8 segundos.

–¿La diferencia está en el diseño?

–El diseño es una constante, no sé si la diferencia. Cuál es el formato para cada libro, es el desafío de cualquier diseñador. Yo lo hago aplicado al libro con algunos conceptos que a veces los diseñadores no necesariamente implementan. Algunos conocimientos que he ido desarrollando como editor y editor-distribuidor. Entender, por ejemplo, que el primer libro de Marcos López era un poquito más grande que los anaqueles, que el espacio que un librero estaba dispuesto a dejarle en una mesa, entonces pensamos para cada producto si se necesita un exhibidor de apoyo, cuál es su canal más indicado. Donde yo me siento más fuerte es aportando formatos, papeles, materiales, recurso tecnológicos para acabados, formas de distribución, identificando espacios y generando ideas.

–¿Las últimas apuestas?

–El diccionario de gestos argentino hecho con fotografías. Un trabajo que nos llevó más de cuatro años y donde terminé de registrar más de cien gestos. Una de las cosas que haremos este año es incursionar en la web. Estamos lanzando el sitio www.gestiarium.org que pretende ser una plataforma de colaboración on line para clasificar y ordenar el genoma gestual de la humanidad. Porque al seguir mirando gestos de otros países (Italia, Francia) me empecé a encontrar con el límite de mis capacidades lingüísticas, entonces decidí hacer el sitio para que la colaboración sea más espontánea. De hecho, cuando hicimos el libro Cartele le siguió el proyecto Cartele. Cuando sacamos Hasta la Victoria Stencil, dije basta de fotografiar stencil y llegó 1000 Stencil. Este año, publicaremos Gráfica Popular de Montevideo, uno de gráfica de la ciudad de Buenos Aires y otro sobre gráfica en el fútbol. Otro es 500 diseños indígenas argentinos, precolombinos. Hemos publicado varios de diseño indígena pero por primera vez es en color. Y uno de Buenos Aires mío. E Indios, Gauchos y Paisajes, tres libros del antropólogo Carlos Masotta, dedicados a las primeras postales fotográficas argentinas del siglo XX.

www.lamarcaeditora.com

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