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Sábado, 27 de marzo de 2010

Desde la Docta

El cordobés Francisco Begliardo acaba de ganar el Movelsul. Y Roberto Acosta Gómez lanzó su marca de indumentaria en algodón orgánico.

 Por Luján Cambariere

Como buen semillero por la cantidad de universidades y estudiantes que la pueblan, Córdoba capital suele ostentar buenos representantes en concursos de diseño y salir al ruedo con marcas propias. Como muestra, dos novedades.

Y el ganador es...

Una vez más, estudiantes argentinos se alzan con premios en el Salón Design Movelsul, que culminó ayer en Brasil. La decimoséptima edición de la feria que se celebra en la ciudad de Bento Gonçalves, Rio Grande do Sul, uno de los mayores polos de mobiliario del país vecino, con 265 industrias de muebles y la misión, desde su inicio, de establecer vínculos con la industria. En esta ocasión fue Francisco Begliardo, estudiante del último año de la carrera de diseño industrial de la Universidad Nacional de Córdoba, quien se llevó el primer premio de la categoría “Accesorios domésticos” por su juego de cubiertos.  

“El nombre del proyecto es Levitar y consiste en una línea de cubiertos que se caracteriza esencialmente por impedir que tenedores, cuchillos y cucharas, al ser apoyados sobre una mesa o mantel, lo ensucien con comida. Un problema cotidiano de cualquier cubierto, al que estamos tan acostumbrados que lo pasamos por alto. Levitar es una solución práctica que permite reducir la suciedad y hacer más higiénico el acto de comer”, cuenta el autor desde Córdoba. Los cubiertos están fabricados en acero inoxidable y se realizan en una sola pieza, en función de simplificar los procesos productivos y reducir los costos. También tienen la particularidad de poder apilarse para ocupar poco espacio durante la distribución o guardado.

“En estos momentos el proyecto se encuentra en estado de prototipo y estoy en la búsqueda de empresas que se interesen en fabricarlo. Desde que empecé la carrera participé en varios concursos, en muchos de ellos quedé finalista, y hasta el momento conseguí una mención honorífica en la primera edición del concurso Mi Objeto Personal, de la compañía telefónica Personal, y una mención de honor en el concurso Diseño en Acero 07, que organiza la empresa Siderar”, suma Begliardo, quien viajó especialmente a Brasil para recibirlo.

Mientras tanto, nombres reconocidos de la escena brasileña como Marcelo Rosenbaum, con su sistema de mobiliario Caruaru, y Guto Indio da Costa (reconocido hasta el día de hoy por su bello ventilador de techo) con la silla IC01, también fueron premiados, en este caso en la categoría profesionales.

De la luz al textil

Después de un largo camino recorrido con Ego Design, etiqueta de diseño de luminarias que comenzó en 1999 en el garaje de una casa y se abrió paso, con fábrica propia y un material especial –el Difolam– al mercado internacional, Roberto Acosta Gómez decidió lanzarse, esta vez solo, al segmento de la indumentaria y desde un concepto muy especial.

“Mi novia es diseñadora de indumentaria y casi de forma natural, cuando dejé Ego, surgió la posibilidad de arrancar con una línea propia de indumentaria. Pero cuando comencé a investigar en los materiales al alcance para lanzar una línea de remeras, me di cuenta de que debía profundizar la cuestión porque la calidad y el modo productivo que me ofrecía el mercado no me interesaban”, cuenta Acosta Gómez.

Después de explorar varias posibilidades, hoy está lanzando una nueva marca de t-shirt apodada Beat Bang, de algodón orgánico. Recolectado en el Chaco y conformando con otros actores una cadena textil con los parámetros del Comercio Justo, formada por cooperativas campesinas y fábricas autogestionadas, hoy Acosta Gómez apuesta al diseño sustentable.

“El algodón es seleccionado en el Chaco argentino, cultivado sin agroquímicos, orgánicamente, y cosechado a mano por pequeños productores de la región unidos en cooperativas, lejos de los grandes cultivos contaminantes. El hilo es tejido y convertido en tela según especificaciones de punto exclusivas de Beat Bang (www.beatbang.net), que acondiciona hasta la temperatura del cuerpo. La tela es teñida y estampada con productos atóxicos y confeccionada por una cooperativa textil, de una importante fábrica recuperada autogestionada por sus empleados. Controlando el diseño, proceso productivo y comercial desde la materia prima hasta el producto terminado”, cuenta Acosta Gómez. Además del material, los colores y motivos de las estampas también se originan en la naturaleza y una mirada amigable con ella. 

“Las estampas son obras originales de artistas inspirados en conceptos planteados y valorados por nosotros. Símbolos positivos inspirados en el sol, los animales como el caballo, árboles y el amor como latido que se expande”, aclara.

Una última reflexión: “El algodón orgánico regula la temperatura corporal, elimina el contacto y absorción por piel de químicos peligrosos al usar una prenda, protege la salud del trabajador algodonero a lo largo de toda la cadena textil y elimina la contaminación del suelo y agua en las zonas de cultivo y sus cuencas. Mientras que las de cultivo convencional son, a nivel mundial, uno de los principales contaminantes (tanto en atmósfera como en agua). Y aunque ocupan sólo el 3 por ciento de la superficie cultivada, se estima que utilizan el 23 por ciento de los pesticidas y el 10 de los químicos (sumando los utilizados en su tinte). Una prenda de algodón convencional utiliza 150 gramos de químicos tóxicos, además de fibras sintéticas tóxicas”, remata.

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