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Sábado, 26 de enero de 2002

Por amor a la venecita

Nushi Muntaabksi hace arte y decoración con este pequeño mosaico vidriado inventado en Venecia. Una manera especial de tratar un material especial.

Por Luján Cambariere
Quien conoce la venecita, ese pequeño revestimiento vidriado, no puede evitar citarla por nombre. Y no por apellido, porque pocos se aventuran con su apellido polaco tan complicado. Y es porque Nushi Muntaabski tiene una maestría absoluta en eso de ir combinando pieza por pieza ese material del que se enamoró sin remedio: compone desde inmensos murales, columnas, pisos, fondos de piletas, guardas, mesadas, caminos y fuentes. Y desde el ‘97 suma la venecita a una obra plástica que expone en muestras individuales y colectivas y que la convierten en una artista reconocida también más allá del mundo de la decoración y la arquitectura.

Una historia de amor
En 1995 Nushi se encontraba circunstancialmente en San Pablo y encontró en el sótano de la casa donde vivía una bolsa con venecitas. Esta egresada de las Escuela de Bellas Artes de la Escuela Nacional Manuel Belgrano dedicada hasta entonces a la pintura, usó la bolsa para dar vida a la figura de una rana. Nunca más paró. A unos murales por encargo para una productora de cine muy importante siguieron un sinfín de pedidos. Desde trabajos aparentemente más simples como peces o delfines para pisos o fondos de piletas, hasta distintas guardas o encargos especiales como chimeneas o yacuzis para el exterior. “Primero dibujo los bocetos en lápiz. Después elijo las piezas del fabricante indicado, que se ajusten a los tonos deseados. Por último las corto hasta que se aproximan a la figura y las voy pegando en papel, como un rompecabezas gigante que servirá de guía al colocador especializado que termina, de forma también artesanal, el trabajo”, explica.
Para Nushi, el pequeño mosaico veneciano es “un material erótico, súper sensual. Amo su color que varía en cada horneada. Su irreverencia y carácter que hace que en definitiva se vaya cortando como él quiera. Y por supuesto, su resistencia, que entre otras cosas lo vuelven eterno”.
“Yo no diferenció el mural que puedo hacer para un baño de la obra plástica. Para mí todo reviste el mismo compromiso. Aunque sí debo admitir que para mí fue un desafío usarlo en mi obra plástica”, remata. Habla de una obra que no defraudó. Desde su primera muestra en la galería Gara, en 1997, no dejó de sorprender con la ironía y humor patente en cada uno de sus trabajos. Luego vino una serie de troncos y ramas cubiertos de piedras que nacieron con motivo de la imagen devastadora que significó para ella las tormentas torrenciales que azotaron hace dos años a Buenos Aires. Una serie de elementos de campo, como pala, azada, la puerta de un gallinero, un palenque y hasta un rancho en vidrios sobre madera. ¿Lo último? Una serie de pastos y cultivos de zanahorias.
Cada cual tendrá su propia interpretación de obra. Mientras tanto, ella se divierte con el juego que genera esta primera apariencia siempre bella de la venecita (con la que alguna vez se peleaba) que contrasta con la crudeza que le confiere al material al trabajarlo en puntas o con cierta textura, que se nota en un primer plano. ¿Soñás en vidrio? “Siempre. El mío todavía es un matrimonio del que no quiero separame. Seguro que como todos mis novios ella me deja a mí, se autoengaña, quien se sabe una mujer virtuosa y encantadora”.

*** Hasta febrero parte de su obra está expuesta en el Ici (Florida 943), en el Premio Banco Ciudad en el Museo Nacional de Bellas Artes (Avda. Del Libertador 1473), en el Premio Banco Nación del Centro Cultural Recoleta (Junín 1930) y en la Galería Luisa Pedrouzo (Arenales 834). Tel: 45437589.

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