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Sábado, 4 de mayo de 2013

La aventura de vivir en Barracas

Bajo bandera guatemalteca, sin monumento en la plaza Colombia, el barrio se pregunta por qué lo tratan así.

 Por Sergio Kiernan

El barrio viejo de las Barracas es un tesoro nacional, el mayor conjunto de patrimonio edificado en contexto urbano que nos queda. Para el macrismo en el poder, esto significa un cantero de negocios para su industria mimada, la de la construcción especulativa, pura torre. Por eso cada batalla de Proteger Barracas y de los vecinos del barrio tiene una importancia particular: están en la línea del frente. Los durísimos eventos del Hospital Borda muestran el nivel de descontrol al que puede llegar este gobierno porteño, que ni siquiera tiene la capacidad de gestión de hacer que su infantería se forme como corresponde, cuando se trata de hacer obras y dar contratos. El Borda, no es casual, también está en Barracas.

Lo que puede explicar dos peculiares chicanas que vivió recientemente el barrio. Una es que ya pasó un año largo desde que el Departamento de Monumentos y Arte, el famoso MOA, retiró el monumento al Izamiento de la Bandera de la plaza Colombia. Las piezas de bronces de Julio César Vergottini fueron arrancadas y cargadas en un camión para, supuestamente, ser restauradas. Los vecinos de Proteger Barracas las visitaron el 1º de Mayo del año pasado y las vieron tiraditas en el taller del MOA en los bosques de Palermo. Este 1º de Mayo repitieron la visita y las encontraron igualmente tiraditas, sin la menor señal de algún trabajo. El único cambio es que algunas de las esculturas del grupo, tiradas al aire libre, estaban medio cubiertas de ramas y barro por la última tormenta.

En julio del año pasado, los diputados Julián D’Angelo y María Elena Naddeo presentaron proyectos de resolución pidiendo que se solucione el tema. La Junta Comunal de la Comuna 4 hizo un pedido de informes. Nada ocurrió y parece que Vergottini sigue sin presupuesto de restauración.

Lo que sí cambió en la plaza Colombia es el pabellón. Los vecinos reclamaron porque la bandera del mástil –el mismo que embellecía el grupo escultórico– era un harapo descosido y sucio. Esta semana, el gobierno porteño cambió la bandera, pero con una novedad: la colgaron de costado, con las bandas “verticales” y no horizontales. Los de Barracas se preguntaron por un momento si habían amanecido en Guatemala, pero enseguida percibieron que el macrismo no tiene la capacidad de gestión ni de colgar la bandera nacional como se debe.

UN VIEJO CONOCIDO

Antes de la última Navidad, Proteger Barracas detectó un problema en un lote de la calle Hornos 810, casi en la esquina de Aristóbulo del Valle. No era, como es tan común, una demolición clandestina sino algo más raro: un anuncio comercial de obra con todos los números de trámite correspondientes, pero con una zonificación vieja. Sucede que se anunciaban diez pisos donde a partir del cambio de alturas de la Ley 3954, sancionada en noviembre de 2011, sólo se podían hacer tres. La Dirección General de Registro de Obras y Catastro, sin embargo, había emitido un permiso el 9 de agosto de 2012, nueve meses después del cambio de ley. El defensor adjunto del Pueblo porteño, Gerardo Gómez Coronado, intervino de inmediato. Y los lectores de m2 recordarán las álgidas y enojadas palabras del desarrollador involucrado.

Meses después de la peripecia, los de Barracas festejan que el asunto quedó formalmente cerrado. La DGROC admitió su error, aunque por supuesto no lo unió a la incompetencia general del gobierno macrista sino que culpó a una “desactualización del sistema informático”. Lo curioso del asunto es que en el mismo documento la dirección general intima al arquitecto que tramitó el permiso a “regularizar su situación” en el plazo perentorio de veinte días, lo que equivale a decir que la culpa es de la compu y del cliente, pero no de los funcionarios. Nada se dice, sin embargo, de por qué el Ejecutivo de la Ciudad tarda y tanto en actualizar sus propias bases de datos.

¿Cuántos “errores” de este tipo pasarán sin escándalo porque los vecinos no los vieron a tiempo? Y las comillas se explican por un último detalle del relato: resulta que el permiso de obra por diez pisos fue concedido, como se dijo, el 9 de agosto de 2012, pero las planchetas del Código de Planeamiento Urbano, la biblia de los permisos, se cambiaron el 12 de abril de ese mismo año para incluir la nueva y más baja zonificación. Qué interesante sería que la dirección general explicara exactamente cómo fue el error, en apariencia misterioso.

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