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Sábado, 8 de junio de 2013

Comedias con vagones

Los vagones protegidos de la línea A son usados para arrastrar cargas, mientras se restauran otros de 1934. Mientras, avanza un proyecto en Diputados para proteger al Parque Lezama del gobierno porteño.

 Por Sergio Kiernan

Se supone que los trenes subterráneos son asuntos serios, de infraestructura y planeamiento urbano. Pero lo que el gobierno porteño está haciendo con las brujitas, los coches belgas de hace un siglo que retiró de la línea A, ya tiene más que un aire a comedia. Mientras la mayoría de los vagones históricos yace al aire libre en Soldati, vandalizados y pudriéndose, los que fueron protegidos como patrimonio están siendo utilizados como vagones de carga o locomotoras para tirar de carros. Los vecinos de Primera Junta los ven cada tanto pasar, cubiertos de grafiti, arrastrando plataformas de carga.

Matías Profeta Molinuevo, uno de los amparistas que lograron proteger algunas de las brujitas, subraya que es imposible saber qué está haciendo la empresa de subterráneos porteños, Sbase, con el patrimonio rodante. La Ley 2796 protege individualmente catorce de los vagones belgas y se supone que Sbase debería estar restaurándolos o al menos consolidando. Con un poco de imaginación, tendría que estar preparando algunas formaciones históricas, impecablemente reconstruidas, como atractivo turístico y como muestra de alguna sensibilidad histórica.

Pero con pieles paquidérmicas, los macristas a cargo del subte ni siquiera hacen un gesto para proteger los vagones de madera del vandalismo y los robos. Después de que uno se incendió o fue incendiado en febrero, prometieron mejorar la seguridad del descampado de Villa Soldati donde tiraron los vagones. El lugar tiene un muro de ladrillos huecos de baja altura al que, para mayor comodidad, le hicieron a martillazos convenientes huecos que sirven de escalera. Quien quiera entrar no tiene más que dar una trepadita cómoda y ya está entre los vagones. Las promesas de poner alambradas y luces fueron eso, promesas.

Los vagones más afortunados tienen una lona plástica que los tape, cosa que no parece impresionar mucho a las fuertes lluvias porteñas de estos tiempos. Pero el resto sigue bajo el agua y el sol como el material descartado que se considera que son. Es curioso, entonces, que el gobierno porteño anunciara la incorporación de entre 10 y 24 vagones Siemens O&K de 1934 a la línea A, todos restaurados. Por qué los macristas consideran correcto invertir en arreglar vagones de 1934 y no en las brujitas, algo más viejas pero no tanto, es un misterio. También lo es el hecho de que la A tendrá los nuevos vagones chinos, los Fiat modernizados y los Siemens de hace ochenta años circulando a la vez.

Mientras tanto, las catorce brujitas que no pudieron tirar porque están protegidas por ley son usadas de un modo vil. Los que quieren al subte y viven por los pagos del Caballito ya vieron a estos vagones tirando de pesadas carretas cargadas con materiales o colmados de bolsas de cemento. Mientras se averigua en qué manual de preservación se indica que las piezas patrimoniales se pueden usar así, se puede afirmar que ponerlas de burro de carga viola el amparo de la jueza Elena Liberatori. De hecho, Sbase podría usar cualquiera de la verdadera pila de vagones que se dio el lujo de descartar –como si fuéramos ricos– y no son históricos.

Por el Lezama

El gobierno porteño puso el freno de mano con la “restauración” y enrejado del frágil y bonito Parque Lezama, alegando que finalmente aprendieron algo y van a consensuar más para evitarse protestas y amparos. El parque es un tema bravo y complejo, con lo que la desconfianza de que un ministro tan poco preparado como Diego Santilli pueda manejarlo sin destruirlo es más que justificada. Sucede que el Lezama tiene varios sectores muy diferenciados, cada uno con su problemática específica. Por la esquina de Brasil y Defensa se accede a su sector más nuevo, con el feo monumento en estilo fascistoide que preside una feria que francamente... Luego se pasa al sector más viejo, el recordado por su paseo grecorromano, un paisaje del siglo XIX materialmente muy frágil. Luego el parque se abre, alrededor del Museo Histórico Nacional, con un sector de juegos de tránsito pesado por el ser el único del barrio.

Los problemas arrancan apenas se piensa un poquito en cada sector. Por ejemplo, el macrismo ya anunció su intención de volver a inundar el espejo de agua que hace añares que es un anfiteatro de acceso común. Ahí se toca al aire libre, se hace circo, se toma mate, se ve teatro amateur y se debate política en Carta Abierta. Francamente, nadie recordaba que eso fuera alguna vez una pileta ornamental, y a nadie le interesa recuperarla. Con ese imán para meter la pata que tiene Santilli, lo primero que hizo fue difundir que el PRO quiere cerrar otro espacio público...

Luego pasamos al stock de antigüedades diversas –copones, esculturas, pavimento de mármol, templete griego– del paso en la parte de arriba. Como la “filosofía” de hoy es enrejar y olvidarse, todo indica que estos frágiles objetos no van a tener algo tan sofisticado como un guardia de plaza que les eche un ojo. De hecho, varios objetos del parque ya tienen rejas y esto no impidió que los vandalizaran.

Aprovechando el parate macrista, la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados aprobó este martes un proyecto de la diputada María del Carmen Bianchi declarando todo el Parque Lezama como monumento histórico nacional. El parque tiene un sector que ya es monumento, el edificio de la quinta de los Lezama, que hoy es el museo de historia, pero no queda muy en claro el nivel de protección de sus vecinos. Técnicamente, el parque es entorno de un monumento histórico con rango federal, pero ya sabemos qué importancia les da el macrismo a estas cosas. Con lo que el proyecto de Bianchi que apoyaron Mara Brawer y Roberto Feletti es más que atinado. El texto es muy breve, pero deja en claro que el monumento a crear es el perímetro de Brasil, Defensa, Martín García y Paseo Colón, el parque completo, y el anexo detalla los objetos concretos a preservar.

La idea pasa ahora a las comisiones de Legislación General y Presupuesto y Hacienda, en las que se desea que sea aprobado y a velocidad.

Barracas

Como se dijo hace un par de semanas, la Comisión de Planeamiento de la Legislatura porteña recibió el proyecto de protección de 40 edificios en Barracas, más 15 en San Telmo de otros proyectos de ley sueltos. Fue un buen día para la tantas veces cuestionable comisión, que aprobó todo y liberó las iniciativas para su voto. Con suerte, esta semana que comienza pasarán al recinto para su debate y votación.

Y hablando de debates, la facultad de Arquitectura de la Universidad de Palermo invita este lunes a uno sobre un tema poco transitado, el de la falta de crítica sobre arquitectura en estas pampas. Como bien detectó la carrera que dirige Daniel Silverfaden, la tradición de pensar y escribir sobre arquitectura parece limitarse a los blogs y algún rincón en papel impreso, pero perdió vapor. Para tratar de entender qué anda pasando, se reúnen este lunes a las 18.30 Graciela Silvestri, de la UNLP; Hernán Bisman de Arquis/Revista SCA; Miguel Jurado, de ARQ - Clarín; Florencia Rodríguez, de PLOT; Fernando Diez, de Summa; Víctor della Vechia, de Zona de Proyecto; David Assael, de Plataforma Arquitectura - Chile; Patricia Slukich, de Fadea, y el editor de m2. El debate es en Jean Jaurès 932, está abierto al público, pero requiere inscribirse en www.pa lermo.edu/arquitectura/eventos/cri tica.html.

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