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Sábado, 20 de julio de 2013

Juguemos en el bosque

Y en la selva, la montaña y la ciudad con Miga de Pan, el emprendimiento de Adriana Torres que recorre el mundo bajo una receta que mixtura técnicas artesanales de ayer con diseño de hoy.

 Por Luján Cambariere

El armadillo Coco Terráqueo tejido y bordado a mano con detalles flúo que enternece a todos los que lo conocen en ferias y festivales varios. Tortuguitas y gusanitos con bellas casitas a cuestas además, del matemático The Fox y el ciervo Gabriel, entre otros, que acaban de regresar de la feria Pitti Bimbo en Florencia. Un elefante, Farnesio, que seduce con sus orejas extragrandes y ya fue tapa de la revista Modern Decoration Home, de Hong Kong. Un set de objetos –de puffs a guirnaldas– que salen y a la vez nos sumergen en un bosque puertas adentro y suavecito que se pueden encontrar en las tiendas de Anthropologie bajo la licencia de la firma italiana Seletti. Como si fuera poco, ahora van a formar parte del libro Super Handmade, de la editorial Designerbooks de Beijing, y de un compilado de 50 artesanos contemporáneos de distintas partes del mundo editado por la inglesa Thames & Hudson.

Las criaturitas y piezas de Miga de Pan, “objetos primorosos” como los define su creadora, se cuelan por todas partes y llegan a los sitios más alejados del planeta (también dieron el presente en 100% Design London y Maison & Objet París, y en cientos de publicaciones y libros extranjeros).

Adriana Torres, su madraza, les dio vida desde un background muy especial –estudió arquitectura, diseño gráfico, ilustración y Bellas Artes, pero con un motivo muy especial–. Como muchas otras emprendedoras del universo design, surgieron cuando nació su hija y dio rienda suelta para recibirla en este mundo, a su creatividad.

“Hice un móvil de animalitos que a todo el mundo le encantó y me empezaron a encargar”, adelanta. Después siguieron una alfombra llamada Felicitas, bordada a mano, almohadones, guirnaldas y enseguida el desarrollo profesional de este proyecto hecho a mano.

–¿Cómo fueron los comienzos?

–Empecé con Miga de Pan poco antes de que naciera Felicitas, ya que hasta ese momento era diseñadora gráfica. Había empezado a hacer muñecos de tela, estudié bordado dos años, justo antes de que naciera Feli. Cuando nació, los primeros meses no podía hacer nada y la cabeza me estallaba de ideas y como mi suegra, que teje crochet, estaba mucho tiempo en casa para ayudarme, le pedí que tejiera cosas que tenía en la cabeza y así sin querer queriendo me metí en el mundo del crochet, antes desconocido para mí (o mejor dicho ignorado). Así nacieron Ander, Farnesio, Mabel, entre otros. Esto fue a principios de 2009.

–¿Cómo nace tu costado artesanal?

–A mediados del año 2008 empecé el taller de bordado de Guillermina Baiguera en Formosa, Buenos Aires, al que sigo yendo una vez por semana a bordar con el grupo que se formó aquel año. Nos hicimos muy amigas y emprendimos algunos proyectos juntas bajo el nombre de Rita Smirna. Hacía un tiempo que estaba experimentando con textiles, me había comprado una Janome (con la costura sí soy autodidacta) y bordaba los primeros muñecos de manera intuitiva. Recién se estaba gestando lo que después sería Miga de Pan. Soy autodidacta en muchas cosas, pero no con el bordado. Cuando empecé el taller pensé que iría un mes para probar porque no creía que iba a tener tanta paciencia. Tampoco tenía idea de que hubiera tantos puntos de bordado para aprender. No me imaginaba el lugar que pasaría a ocupar el bordado en mi vida. Desde que empecé a bordar ya no pude parar y sé que voy a bordar para siempre. Descubrí una técnica que me fascina que incluso tuvo influencia sobre mi manera de dibujar. Me pasó muchas veces de darme cuenta de que estaba dibujando una textura que era un punto de bordado. Una amiga, Leonor, una vez dijo que sentía que ella había sido tejedora de crochet (o ganchillo, como le dicen en España) en otra vida. Yo siento que fui bordadora en alguna vida pasada. Con las técnicas tradicionales de dibujo, como acrílico, acuarela, lápiz, collage, muchas veces me bloqueo o no me gusta demasiado lo que hago. Con el bordado me siento muy libre, siento que no tengo límites más que el tiempo.

–¿El proyecto Bosque?

–Bosque es una colección formada principalmente de puffs y almohadones inspirados en la naturaleza y tejidos a crochet. Son troncos para sentarse, jugar o descansar. Con esta colección fui seleccionada por la Cancillería argentina y luego por el jurado de 100% Design London para formar parte del pabellón argentino junto a otros seis diseñadores representando a mi país en septiembre de 2011. Actualmente los produce y comercializa una compañía italiana en más de cuarenta países de todo el mundo. Esta colaboración fue un hito en mi carrera profesional que me abrió las puertas del diseño internacional.

–¿En tu proceso creativo incorporás todos tus saberes?

–Absolutamente. Dibujo cosas en un cuaderno, con lápiz o uso acuarelas o acrílico o lo que tenga ganas. Nunca me obligo, hago lo que tengo ganas. Mis mejores dibujos surgieron de este proceso de sensibilizarme con mi entorno y de buscar en lo profundo de mí misma. Después, sí, pasan el crochet o al bordado. Además trabajo mis propios colores, que creo que es otro aspecto que hace a la diferencia. Y últimamente también estoy abocada mucho a la ilustración, otro de mis sueños que de a poco se va haciendo realidad.

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