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Sábado, 7 de septiembre de 2013

Al rescate del Urquiza

El sur porteño es el gran repositorio del patrimonio edificado y no sólo por el gran número de piezas todavía en pie. Barracas y Constitución siguen sorprendiendo al caminante por la notable calidad, el garbo y las aspiraciones de sus edificios principales. El argentino de hace un siglo no se conformaba con mudarse a un lugar caro, también quería que fuera valioso, lo que explica tanto convoy atorrante pero con fachada de piedra París, tanto almacén preñado de robles, tanta farmacia espejada y con mosaicos. Las avenidas, claro, se destacaban por sus edificios públicos, estatales o privados: éste era un país de tiendas deslumbrantes, correos de mármol, de cafés dignos de Viena, de escuelas palaciegas.

Es lo que se ve en la postal de la avenida Caseros, asombrosamente intacta en su línea de edificación. Ahí está la iglesia, ahí se ve la espléndida casa particular con una loca estructura en la terraza –destruida hace años– y ahí se ve el cine-teatro Urquiza. Casa más, casa menos, este pedacito de Parque Patricios mantiene su identidad, aunque el Urquiza es desde hace años un supermercado chino. Y fue ese súper el que sembró la alarma entre los vecinos que quieren a su barrio al anunciar una liquidación por cierre, con descuentos del 30 por ciento para el que compre 200 pesos o más de ciertas mercaderías.

El cartel seguía, en castellano de inmigrantes, explicando que “por edificación propiedad debemos abandonar local, Gracia vecinos”. Lo que ocurrió es que algún especulador compró el cine, muy apetecible con su frente de 17 metros y sus 46 de fondo, para aprovechar la zonificación que permite un jugoso Fot 5, con buena altura por estar sobre una avenida. Los futuros millonarios hasta prometen hacer un cine, que bien puede ser una minisalita con un proyecto de video para cumplir con la ley o hasta uno de los famosos “amenities” tan de moda hoy.

Lo peor es que el cine está básicamente intacto. En su hall, por sobre las estanterías del súper, se ven las molduras ornamentales y la escalera hacia el pullman. La boletería sigue ahí, usada como oficina de la administración, y la fachada sigue mostrando sus airosos ventanales serlianos. Hasta el remate está en su lugar, con la marquesina original tapada con chaperíos más nuevos. Tan intacto está el lugar, que hoy al mediodía los vecinos se juntan en Caseros y Monteagudo para coordinar acciones para evitar que destruyan el cine-teatro y para pedir su catalogación.

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