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Sábado, 7 de septiembre de 2013

Por amor a Kemble

Tienda Malba presentó Inspirados en Kemble, tres colecciones de accesorios y objetos en honor al artista plástico argentino por los colectivos de arte para usar Riaga y Duchale y por el diseñador y platero Federico de Alzaga.

 Por Luján Cambariere

Versátil, transgresor, innovador para su tiempo, el reconocido artista argentino Kenneth Kemble (Buenos Aires, 1923-1998) fue protagonista de una merecida retrospectiva de su trabajo y del lanzamiento de la iniciativa Inspirados en Kemble, colecciones de objetos evocando su vida y obra.

Así, a quince años de su fallecimiento, la muestra Kemble por Kemble en el Malba es una antología con cerca de treinta obras producidas entre 1953 y 1995, curada por Florencia Battiti y orquestada por su hija Julieta. La exposición incluía pinturas, collages inéditos –piezas históricas nunca exhibidas–, assemblages, objetos y un video con un registro documental de la exposición Arte destructivo, experiencia colectiva realizada en la galería Lirolay en 1961, con la banda de sonido original. Todo esto, más el hecho de que Kemble era un artista siempre en las fronteras del arte con otras disciplinas, como el diseño, inspiraron al trío de diseñadores seleccionados por la tienda del museo para la evocación material.

Así, el 13 de agosto se presentaron en Tiendamalba las tres colecciones de objetos, accesorios y textiles inspirados en la obra. Las piezas fueron diseñadas por Juan Sarme y Valeria Torrecilla, de Riaga; Federico de Alzaga, y la dupla Duchale formada por Cecilia Caballero e Isabel de Laborde. El rol de Julieta Kemble fue crucial para que los diseñadores convocados pudieran sumergirse en la vida y obra del artista, especialmente en sus obras de las décadas de 1950 y 1960, y así producir las piezas de edición limitada encargadas junto a Facundo de Falco, responsable de la tienda.

Del lado de los objetos, De Alzaga, platero autodidacta, creador de Aracano, etiqueta de joyería en metal inspirada en los diseños de aborígenes argentinos, desarrolló una colección de objetos de metal de líneas geométricas y muy afiladas. Piezas forjadas a mano de gran carácter, como un sorprendente adorno en bronce bañado en oro para la oreja y un collar y brazalete igualmente potentes. “Me inspiré en ‘El último sueño de Melanie’. Cuando vi esa obra enseguida supe lo que iba a hacer. Una correa de cuero o goma atravesada de sunchos dobles, clavos. Apenas vi eso me imaginé el brazalete y este aro que no es aro, más bien es un adorno o pulsera para la oreja”, cuenta.

La dupla formada por Sarme y Torrecilla, del colectivo de arte para usar Riaga, se abocó a desarrollar una serie de accesorios (collares y pulseras) combinando textiles orgánicos y pinturas de bajo impacto ambiental con la utilización de residuos industriales, un recurso este último muy Kemble, que no tenía prejuicios en el uso de materiales ni soportes. “Usualmente trabajamos con descarte. Alambre, clavos, ramas, además de textiles orgánicos y pintura de bajo impacto ambiental, que tienen mucho que ver con la primera etapa de Kemble, la del ‘50 y ‘60. Conocíamos su obra, pero esta iniciativa fue la oportunidad de abordarla en profundidad. Nos metimos en la vida de él, fue un trabajo de inmersión en su vida, donde evocamos cinco de sus obras tratando de respetar los materiales que él usaba en esa época (alambre, trapos rejilla, arpillera, yeso), y más allá de los resultados, para nosotros fue una experiencia absolutamente enriquecedora. De hecho, fue muy inspirador trabajar sobre Kemble con materiales que son familiares para nosotros en nuestra obra, con el desafío de que no fuera una evocación textual y a la vez lograr una estética y funcionalidad. Pero lo disfrutamos mucho porque sin dudas fue un gran maestro en eso de estar cambiando todo el tiempo, no atarse a nada, un rebelde que nos llenó de inspiración”, remata la dupla.

Mientras que las Duchale trabajaron a partir de fragmentos textiles geométricos, acentuando la técnica y el color. Se trata de pinturas bordadas surgidas del trabajo colaborativo y de gestos espontáneos. “Ambas teníamos colección de arte contemporáneo (Isabel es artista) y a la vez teníamos colecciones de textiles –antiguos, étnicos o un capricho de un viaje–, así que hace unos años nos decidimos a experimentar como un colectivo textil. En nuestros trabajos, buscamos citar a artistas contemporáneos del siglo XX, universales, pueden ser europeos, orientales, a partir de los que trabajamos en collages que conviven en piezas que pueden usarse como pañuelos, foulards, pies de cama o enmarcarse”, cuenta Caballero. Y agrega: “Antes de que Julieta nos convocara habíamos pensado en trabajar sobre la obra de Kemble. Transformar el trapo de piso que él usaba en una de sus obras en tul y encaje y la invitación fue la excusa perfecta para desarrollarlo”, remata Caballero.

Por último hablamos, como ella misma cuenta, con “su mejor obra”, su hija Julieta, artífice de este homenaje. “A mí no hay nada que me guste más que me digan ‘la hija de’”, señala, sobre todo porque hubo un tiempo en que era ella (ex modelo) la que tenía también mucha exposición mediática. “Y que haya personas que hayan trabajado con tanto amor inspirándose en su obra, realmente me emociona. Sobre todo porque mi padre era una persona que tenía mucha conexión con la gente joven y de otros rubros. El mismo producía remeras, hacía serigrafía, transitaba todos los soportes. No tenía prejuicios. Me emociona mucho cuando alguien trabaja con respeto y éste fue el caso de esta increíble experiencia”, remata Kemble.

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