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Sábado, 5 de octubre de 2013

Sobre encuentros

A mediados de octubre abre las puertas Don Toto, un original supermercado de pulgas. Es el nuevo emprendimiento de Soledad Benvenuto, que reafirma su origen de curiosa por vocación, restauradora y coleccionista de profesión.

 Por Luján Cambariere

La de Soledad Benvenuto es una historia marcada por los hallazgos. De belleza en la dificultad y de oportunidad y desafío donde otros sólo verían problemas. Una persona y un sinfín de proyectos encantados. Boulevard Sáenz Peña, tienda y restó, paseo obligado de los que aman las cosas bellas, la Usina Cultural Sáenz Peña (galería de arte y centro cultural con múltiples actividades) y ahora Don Toto. Un particularísimo mercado de pulgas que no está armado por diferentes puestitos sino que está montado en un amplísimo espacio en base a bello mobiliario de cien mil cajoncitos y repisas. Abundante, hermoso, bello, inabarcable, abre el 18 de octubre en Tigre. Donde ahora, con este nuevo megaespacio, da rienda suelta a su primer amor, el coleccionismo y la restauración de piezas de antaño cargadas de historia y significados.

¿Cómo es tu historia?

–Estudié Bellas Artes. Pinto y dibujo desde muy pequeñita, pero esencialmente soy curiosa. Me gusta todo lo relacionado con el arte, el diseño, la moda. Por eso Boulevard es un poquito de todo lo que a mí me gusta. Tuve un tío que desde muy chiquita me llevaba a San Telmo a ver antigüedades, a las casas que en esa época se llamaba “casas que se levantaban”, que para mí es el mejor programa. A cualquier lugar del mundo donde voy, busco ir a un mercado de pulgas.

¿Cómo nace Boulevard?

–Mi historia tiene un antes y un después con el nacimiento de mi hija, Rochi, que ahora tiene 20 años y que tiene problemas motrices. Hace veinte años mi vida cambió absolutamente. Después de la separación del papá de Rochi y una dedicación exclusiva, lo que pasa cuando uno es curioso (es que cuando la llevaba a los diferentes tratamientos, vivía de médico en médico recorriendo los cien barrios porteños)..., donde iba miraba cosas y me iba conectando con el mundo de las antigüedades, de las compraventas, mercaditos. Y así, cuando podía, empecé a comprar cositas que me gustaban. Cuando Rochi creció, empecé a restaurar y a vender valijitas, molinillos, cositas chiquitas, para Cristina, la ambientadora hoy de Boulevard, que tenía un local. Puse un tallercito a mitad de cuadra que fue creciendo y creciendo hasta que un día o me echaban de casa o ponía mi local. Surgió la oportunidad de Boulevard y por unos amigos conocí a la chef Juliana López May. Y ella me insistió en poner oferta gastronómica, que al día de hoy copó todo. Yo simplemente quería poner un hogar, un fueguito, para atender a las clientas. Pero se fue sumando todo. Y ahora estamos ampliando la cocina. Yo quería tener cerca cosas lindas como las que veía en Palermo cuando la llevaba a mi hija. Y acá pasó algo muy mágico. Se acercó mucha gente que traía mucho consigo. Gente muy talentosa.

¿Y Don Toto?

–Acá había una galería de arte que nos quedó chica y generamos al lado La Usina. Proyecto en conjunto con la Tana, Andrea Degiovanni, y empezamos a hacer talleres y actividades. Y a principio de año, en la búsqueda interminable de cosas, me cuentan que había un viejito en Bahía Blanca que vendía toda su esquina, que era una compraventa, todo un galpón. Y que quería vender todo e irse. Y me fui a Bahía Blanca y me enloquecí. Compré todo y me lo traje en diez camiones semi de 11 metros de largo. Era una locura y una oportunidad muy importante de crecimiento porque, por ejemplo, él se dedicaba a las arañas, pero como ya no tenía espacio, las desarmaba y tenía cajones y cajones lleno de caireles y piecitas. Y me embarqué en el desafío desde marzo. En cuatro meses, contraté gente allá, yo iba y venía, y ahora está todo en Buenos Aires.

¿El se llama Toto?

–No, mi papá se llamaba Toto y el lugar es en honor a mi viejo. Ultimamente me pasan estas cosas, encuentros, sincronicidades, que van sucediendo y las dejo. A mí todas estas cosas además me permiten conectarme con personas y cosas que me hacen mucho bien. Es muy lindo estar en medio de proyectos generando cosas bellas.

¿Los camiones llegaron y a ordenar?

–Yo estaba en Bahía Blanca y mi marido me pregunta dónde pensaba meter todo eso. Una inconsciencia absoluta. Y ahí empecé a ver depósitos y dando vueltas di con una propiedad, un depósito del puerto de frutos acá a una cuadra. Lo arreglamos y armamos este particular mercado de pulgas y el galpón, donde además estará el museíto para mis juguetes. La idea es abrir primero a diseñadores y artistas porque hay lotes enormes de un mismo objeto que no son antigüedades, pero por ahí le sirve a gente que está en estas búsquedas. Para escenografías, obras de arte, reciclajes. Porque él no discriminaba. Todo le venía bien. Y el tema es que lo que sirve estaba mezclado con cosas que no son tan importantes, así que es un trabajo quirúrgico. Y me llevo unas alegrías enormes descubriendo hallazgos a cada paso. Tulipas, juguetes antiguos, latas, frascos, caireles. Acá tengo tres personas desembalando, ordenando, catalogando. Pasan por la cocina, lavan, pasan al salón. Cajas Canale hay cientos; frascos, miles, tazas, teteras, relojes, revistas, carteles. La idea es que acá roten, circulen. Porque nos pasa a los coleccionistas eso de acaparar y acaparar casi sin saber lo que uno tiene. De hecho, fue una reflexión para mí ver a este señor y la acumulación de una vida. Igual soy una de las pocas coleccionistas que se desprenden y me obligo con eso a ejercitar el desapego. A mí la apertura de Boulevard me ayudó a soltar sobre todo lo mío, que son los juguetes de chapa, que más allá del valor material me remiten a mi infancia.

¿Perlitas?

–Hay mucho de todo. Lo que más vas a ver es juguetes, relojes, arañas, platos, teléfonos. Hay colecciones de carameleras de vidrio, latas, vinilos, discos, cajas de fósforos, porque él iba acumulando lo que la gente descartaba y los últimos años no vendía nada. Era un personaje y después me confesó que pensó que yo iba a salir corriendo al ver todo ese caos. También tenía muebles increíbles de cajoneras, porque como era un acumulador era lo que le servía, que ahora yo también utilizo para exponer todo. Realmente pienso que es un local inédito, casi como un supermercado de pulgas.

Don Toto: Albarellos y Coronel Pizarro, Tigre. www.boulevardsaenz pena.com.ar/

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