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Sábado, 10 de enero de 2004

Por escrito

Un balance de los libros de arquitectura más comentados del año,que indica por dónde pasó el eje cultural en 2003.

 Por Sergio Kiernan

Lejanos como nunca de estas costas por el peso devaluado, los libros de arquitectura tuvieron un muy buen 2003 en otros rincones más felices. Los balances de fin de año muestran una curiosa mezcla de temas patrimoniales, rescates de tradiciones en riesgo y relativamente pocos volúmenes dedicados a arquitectos vivos y en actividad. Este paneo no está compuesto por los favoritos de las revistas especializadas, necesariamente más concentrados en temáticas específicas, sino en obras publicadas el año pasado y destacadas por medios generales. Es una manera de ver por dónde pasa el discurso cultural en el ámbito de la arquitectura y el balance muestra claramente una pérdida de interés por los ismos novedosos.
Frank Gehry, no sorprende, es una de las excepciones. Un lujoso volumen titulado Symphony parea ensayos sobre su Walt Disney Concert Hall en Los Angeles con espléndidas fotografías de Grant Mudford que muestran completa la secuencia de construcción del edificio, considerado ampliamente como la obra más importante del año en Estados Unidos. La editorial Monacelli tomó a otro moderno, Tadao Ando, y antologizó los 35 proyectos favoritos del arquitecto japonés en el libro Light and Water. El resultado es un paseo por el minimalismo gentil de Ando. El tercer libro sobre temas actuales es de Setha Low, una crítica social de arquitectura que en Behind the Gates se aparta del dogma que sólo valora la teoría y vuelve al antaño rico campo de la interpretación sociológica del espacio construido. Low, que es antropóloga y enseña psicología ambiental en CUNY, escribe sobre los barrios cerrados y sus para ella terribles consecuencias en el tejido urbano.
El resto de las obras son rescates o estudios sobre estilos pasados. Paris, City of Art, de Jean-Marie Pérouse de Montclos, parece desde el título y la tapa una guía de pinturas y esculturas de la capital francesa. En realidad, es un recorrido agudísimo por 23 siglos de existencia de París desde las ruinas celtas prerromanas, con paradas en edificios casi desconocidos y una técnica de descripción minuciosa que deja al lector con ganas de tomar un avión y ver por sí mismo. Nicholas Hawksmore, de Vaughan Hart, es un estudio sobre el arquitecto de fines del siglo XVII y principios del XVIII que quedó un tanto oculto por las cumbres de Sir Christopher Wren. Hawksmore es sin embargo el creador de varias de las mejores iglesias londinenses, en particular de la airosa Christ Church en Spitalfields, y un eslabón esencial para el sorprendentemente moderno clacisismo de fines del XVIII. El libro de Hart es el primer estudio en profundidad –y a la vez una biografía– de Hawskmore desde los años ‘50.
Yale y Rizzoli publicaron sendos estudios sobre estudios y autores decimonónicos. Thomas Jeckyll, de Susan Weber Soros, es una vida profesional y un lúcido análisis de la obra del británico que se destacó en particular como diseñador de espacios interiores y fue uno de los más jugados protagonistas del Movimiento Estético, el experimento victoriano que mezcló orientalismo, gótico y Reina Ana. Jeckyll tiene su lugar en la historia por su colaboración con el pintor Whistler en la creación del Cuarto Azul para la mansión londinense de Frederick Leyland. La habitación fue pensada para exhibir la colección de porcelanas azules de los Leyland y es una cumbre de la amalgama de arquitectura, diseño aplicado y pintura que sobrevive hoy intacta en la Galería Freer de Washington. La historiadora del arte y filántropa Weber Soros fundó hace diez años el Centro Bard de Estudios Graduados en artes decorativas, diseño y cultura en Nueva York, y lo impuso como un verdadero dínamo de publicaciones y exhibiciones especializado en rescates y reinterpretaciones. Rizzoli, por su parte, editó McKim, Mead & White, un estudio de Elizabeth White sobre la firma que a fines del siglo XIX y principios del XX cambió la identidad urbana de Estados Unidos como ninguna, proveyendo a ciudades y pueblos símbolos cívicos neoclásicos. La obra más conocida del estudio es elcampus de la Universidad de Columbia en Manhattan, en escala y lenguaje un mayestático ejemplo del Bellas Artes de MM&W.
Otros dos libros se adentran en las raras aguas de las arquitecturas no occidentales. Uno es Butabu, del fotógrafo James Morris, una verdadera rareza que muestra poéticamente la arquitectura vernacular en adobe de Benin, Burkina Faso, Mali y Níger. Es un estilo realmente curioso y sensual, hecho espontáneamente, que muestra influencias musulmanas y europeas, pero que sorprende por el vuelo imaginativo de la creación individual de los constructores, que literalmente trabajan su material como escultores. Yin Yu Tang, de Nancy Berliner, cuenta una historia por lo menos igual de curiosa. Berliner es la curadora de arte chino del Museo Peabody Essex en Salem, y en 1996, casi de casualidad, se encontró con que una antigua casa construida en el estilo tradicional estaba en venta en la remota provincia de Anhui. Su libro cuenta la compleja saga de la compra, desarme, puesta en valor y reerección de la casa en el campus del museo, y también su peculiar historia. Yin Yu Tang quiere decir “refugio”, “abundancia” y “sala” y fue construida hacia 1800 por una familia de comerciantes en la aldea de Huang Cun. Con gran sensibilidad, Berliner revive la saga de las varias generaciones de esa familia que vivieron y murieron en Yin Yu Tang y dejaron la casa como un palimpsesto de sus vivencia por dos siglos.

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