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DESAFIOS

Nada que hacer

› Por Marta Dillon

Para los griegos, incluso para los antiguos latinos, el ocio era el único camino hacia la sabiduría (de las clases privilegiadas, de las otras ni hablar). Con el correr de los siglos –y la Revolución Industrial–, el descanso se transformó en un valor, necesario para el mejor rendimiento de los trabajadores... y de la industria del consumo. En la Argentina de hoy el ocio se parece demasiado al monstruo grande y de pie pesado de la desocupación. Sin embargo, hacer nada es un placer para iniciados, capaces de conjurar la culpa y dejarse ir junto con el tiempo (que de todos modos, no se ilusione, no es posible retener).

 

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