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Sábado, 17 de abril de 2004

Con los pies en la Tierra

¿Cómo trascender lo meramente étnico, la moda? Con rigor, como el que muestran las colecciones y diseños de Tierra Adentro.

 Por Sergio Kiernan

Para el que ya esté mufado con lo étnico, el tratamiento recomendado es el mismo para el que tiene sobredosis de cualquier cosa de moda: buscarse alguien que realmente crea en eso, que no lo tenga como la “cancha de paddle” de este momento. No serán muchos, pero hay quien se toma como una pasión, en serio, exageradamente, esto de los materiales, los diseños, las técnicas, las procedencias. Es algo común en los libreros anticuarios, raro en el diseño y la decoración.
Uno pasa por la puerta de Tierra Adentro, en la calle Arroyo, y las pequeñas vidrieras se asoman a una textura rotunda, como si el local estuviera literalmente forrado de tejidos evidentemente hechos a mano. Ver es descubrir verdaderas rarezas, como platas mapuches que no son antiguas y sin embargo muestran la pureza esencial de ese diseño.
Ahí adentro pasa algo.
Como cada cosa fresca que hay en este mundo, esta Tierra tiene una historia detrás. Nació hace un par de años y su motor es María Emilia Lobbosco, una mujer joven que vivía una tensión entre ser gerente de una multinacional y amar devotamente la mínima expresión posible de la producción. Lobbosco, desde que abrió Tierra Adentro –originalmente con un socio que ahora maneja la filial en Barcelona–, pasó de un mundo a otro: de gerente a empresaria, buscadora, creadora, organizadora, con su puesto full time de antaño transformado en asesoría part time.
El local de Arroyo es, dice ella, “una casa de decoración autóctona”. Como Lobbosco es muy precisa en sus palabras –habla de “cuatro bordes”, “guarda atada” o “saquil” como si lloviera–, hay que aclara el concepto. Tierra Adentro está pensada para salirse de los autóctono, evitar el folklorismo tanto como el folk, esquinearle al museo. Así, hay ropa que evidentemente tiene raíz artesanal, pero es “sexy, moderna, alegre”. Hay tejidos históricos, con la mesura de siglos de un estilo idéntico a sí mismo y también intenciones estéticas impecablemente contemporáneas. En Tierra Adentro se exhiben, enmarcados, pequeños textiles antiguos que son los abuelos de, por ejemplo, esa colcha inolvidable y estrictamente nueva.
“No es simple, no es irse a una provincia o a Bolivia de compras y volver,” explica Lobbosco. Debe saberlo, porque ella hace tiempo que va de compras, desde que siendo adolescente comenzó a coleccionar tejidos y –”en vez de trapos, tejidos”– telas africanas y asiáticas, alfombras de Medio Oriente, un conjunto que hoy pasa las 80 piezas. Su última pasión es la joyería mapuche, injustamente ignorada y un deleite de autocontrol y abstracción en las formas.
Con el ojo hecho, leída donde corresponde y amiga de antropólogos y especialistas, Lobbosco se lanzó a crear un espacio donde ejercer sus ideas. En Tierra Adentro campean tejidos bolivianos, santiagueños y catamarqueños. Hay muebles del monte –maderas, tientos– por catálogo. Hay ropas, accesorios, tejidos utilitarios, piecitas únicas. Todo está hecho a mano, todo muestra un rigor absoluto.
También hay aventuras que, francamente... Por ejemplo, una línea de cerámicas catamarqueñas producidas por un grupo de chicos que operan bajo el nombre Recuperar la Memoria y se dedican a usar la mentalidad visual, las técnicas y los tamaños más antiguos de su lugar en el mundo.
O la notable manera en que Lobbosco produce su joyería mapuche. Las piezas son realizadas por un grupo de artesanos indígenas que visitan la ciudad tres veces al año, permanecen algunas semanas, exigen una vivienda donde puedan estar juntos, se marcan sus ritmos, horarios y maneras, y diseñan como lo hicieron siempre. Apadrinados por Juan Namuncurá, presidente del Instituto Indígena Argentino, estos artesanos completan su producción, la despiden con una ceremonia particular y privada –como crías que uno entrega al mundo– y se vuelven al terruño.
Si uno creyera en la energía, la encontraría en esas platas.No extraña que Tierra Adentro tenga representantes en Suiza, Londres, Nueva York, Roma, San Pablo y hasta en la isla de Malta. O que tenga sucursal en Barcelona con el nombre de Antú, el sol mapuche. O que en breve se abra una mueblería en Palermo Viejo, para sacar las piezas del catálogo y exhibirlas. Son ventanas a texturas que no pasan de moda: “Las piezas buenas, las cosas bien hechas no pasan de moda. La trascienden,” dice Lobbosco. Y tiene razón.

Tierra Adentro, Arroyo 4393-8552, www.tierraadentro.info

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