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Sábado, 21 de agosto de 2004

Diseño del otro lado

Por primera vez, una argentina editó un libro en la muy prestigiosa y alemana Taschen. Para aumentar la sorpresa, el tema es el diseño gráfico e industrial japonés, que sorprende justamente porque no es lo que uno esperaba.

 Por Luján Cambariere

Uno de los más recientes libros de la alemana Taschen es una sorpresa. No por su exquisita factura y exhaustiva información (marcas registradas de la editorial) sino por tratarse de un libro sobre el diseño gráfico japonés actual, editado por una diseñadora industrial argentina. Gisela Kozak estudió en la UBA, hizo un posgrado en diseño de envases y embalajes y llegó a Tokio a los 28 años (hoy tiene 33) con una beca para hacer un doctorado en packaging. Su estadía se prolongó más de lo esperado y terminó haciendo no sólo investigación, sino también diseño gráfico, webs y editando junto a Julius Wiedemann Japanese Graphics Now!, la más reciente publicación sobre diseño nipón. Es una recopilación de algunos de los mejores trabajos de ochenta estudios de diseño divididos en capítulos según el soporte empleado –posters, anuncios, publicidad, packaging, webs– que dan cuenta de un diseño particularmente efervescente.
“Kimonos y teléfonos móviles, ceremonias tradicionales que acaban en un restaurante de comida rápida, bolsos de marcas carísimos y trenes abarrotados. Todo esto se alterna sin aparente contradicción. El respeto por las tradiciones antiguas y modernas constituye una de las características más sorprendentes de la sociedad nipona. Y precisamente esto es lo que se encuentra en el diseño gráfico japonés”, comenta desde la introducción Kozak. Parece que dibujos provenientes de Japón tienen la habilidad de transportar del pasado al presente sin que uno se percate. Su sensibilidad se basa, entre otras cosas, en el respeto por el equilibrio y en resaltar su identidad. Quizás debido a que a los japoneses no les gusta que los califiquen de “asiáticos”, explica Kosak, se empeñan en recalcar el origen de los diseños y la gráfica es crucial en esto. Y por más que materiales tradicionales como el bambú o el papel washi se sustituyan muchas veces por otros modernos, la esencia es la misma. Pero ojo, que parece que el diseño japonés tampoco es solamente eso. A veces se vuelve “algo más caótico, como los anuncios de los trenes saturados de información en letra minúscula que desafían el ojo más sagaz, pero que a la vez entretienen”, cuenta Kozak. O infantil y pueril influenciado por la subcultura del comic (manga) o del animé.
Tradicional y moderno, caótico y sencillo, minimalista o chillón. Sin dudas, para nosotros, tan alejado, tentador y vibrante, Kozak nos introduce con su mirada de ojos occidentales desde Londres, su nuevo lugar en el mundo.
–¿Cómo llega a editar un libro en Taschen?
–Tuve la suerte de conocer a un editor, Julius Wiedemann, antes de que lo fuera. El estaba viviendo en Japón y se mudó a Alemania para empezar a trabajar en la central de Taschen en Colonia. El sabía que yo estaba investigando sobre packaging japonés y supongo que eso lo inspiró para hacer un libro sobre el tema. Al principio iban a ser solamente envases, pero el proyecto se fue modificando y la propuesta fue hacer un libro sobre diseñadores gráficos japoneses. Nuestra intención fue hacer un libro que mostrara diseños japoneses, pero desde la óptica occidental. Creo que es muy distinto lo que puede elegir publicar un editor japonés que lo que admiramos nosotros de ellos. Así, intenté elegir algunos diseñadores famosos pero a la vez publicar trabajos de gente que no siempre tiene posibilidades de aparecer en un libro que se publica internacionalmente. El libro está dividido en varias categorías en donde tratamos de agrupar los mejores posters, envases, websites y logos, y viene acompañado de un DVD en donde se puede ver un tour por los lugares más frecuentados en Tokio, entrevistas a diseñadores y algunos comerciales de TV. Esto último ayuda a entender el contexto en el que los diseñadores trabajan. Fue una gran experiencia poder escribir la introducción del libro y aportar mi visión del diseño japonés.
–¿Cómo describiría el diseño japonés?
–Contrariamente a lo que muchos piensan, yo no creo que sea tan minimalista. Por supuesto hay muchos ejemplos de minimalismo, pero a veces llega a ser bastante más “caótico”, sobre todo cuando estamos frente a un diseño más popular. Me refiero al que se ve a diario en la calle. A la vez, creo que el diseño respeta mucho las tradiciones y costumbres de la sociedad. Por ejemplo, la importancia que les dan a las estaciones del año está muchas veces reflejada en el diseño. Rara vez el diseño es grosero o subido de tono. Es mucho más naïf en cierto sentido.
–¿En qué se ven reflejados sus hábitos?
–Creo que lo que más los pinta es el hecho de que tengan dos “temporadas” de regalos al año. En Japón no se festejan los cumpleaños o Navidad, o por lo menos no de la forma que lo hacemos nosotros haciéndonos regalos. Pero dos veces en el año se intercambian regalos. Es una costumbre que pretende mostrar agradecimiento a ciertas personas. Una ocasión es para el verano y la otra para fin de año, en invierno. En esa época los supermercados y los negocios se llenan de cajitas con regalos. Pero el regalo tiene otra función, más útil. En general las cajitas son sets de detergentes o jabones o hasta un corte de carne envuelto para regalo. Es decir, se regalan lo que ellos mismos podrían comprarse. Muy extraño para nuestras costumbres occidentales. También me asombró siempre que las costumbres sean tan arraigadas. Por ejemplo, allá el número 4 no es un buen número. El sonido de 4 es igual a la pronunciación del ideograma (kanji) que significa muerte. Por esa razón, no es muy común ver casi nada envuelto en 4 porciones. En Argentina siempre se habla de la familia “tipo” de 4 personas, así que muchos productos se venden en esa base.
–¿Por qué le gusta el tema del packaging?
–El diseño de envases me atrae especialmente por la cotidianidad. No compramos muebles o electrodomésticos todos los días, pero sí productos envasados. Esa cotidianidad siempre me hizo pensar que hay muchos más problemas a resolver que la gráfica del envase o la máquina con la que se puede producir más cantidad a menor costo. Siempre me gustó la parte más social del diseño: con qué problemas se encuentra el usuario al utilizar el envase. Ultimamente se habla mucho de diseño universal y mi visión tiene bastante que ver con ese acercamiento.
–¿El diseño es una disciplina fuerte en Japón?
–Sí, no me he cruzado con nadie a quien tuviera que explicarle qué es el diseño industrial. Todos lo saben. En Argentina todos los diseñadores tenemos algún discursito ensayado para poder explicarle a cualquier persona que se nos cruza de qué se trata el tema. Pero los japoneses dependen del diseño. Necesitan crear productos nuevos constantemente para poder mantener la industria en movimiento. Los productos se renuevan tan pero tan rápido que es difícil acostumbrarse a uno que ya llegó el otro.
–¿Cómo recibieron el libro?
–Los diseñadores que participaron estaban muy sorprendidos: no esperaban un libro tan grande y con tanto contenido. Sobre todo quedaron muy sorprendidos por cómo los veía un extranjero.
–¿Hay alguno que admire en especial?
–Taku Satoh. Tiene una colección de libros en donde se dedicó a “disecar” algunos productos muy conocidos para los japoneses (como una muñeca del estilo Barbie que se llama Licca). Su visión va más allá del diseño en sí, está muy concentrado en las implicancias del producto. Me encanta su diseño, pero también su forma de ver la realidad.
–¿Cómo fue su arribo a Japón?
–Siempre tuve claro que quería especializarme en el exterior y busqué por mucho tiempo una beca que me permitiera dedicarme al diseño, pero a la vez que tuviera un fuerte aporte cultural a mi persona. Siempre estuve interesada en los temas sociales y culturales que competen al diseño. Peroel cambio fue durísimo. Mi primera imagen es caminando por la calle y viendo un montón de carteles que no podía leer. Nunca pensé que eso me podía pasar: casi como ser analfabeta a los 28 años. Fue muy frustrante en un principio, pero muy entretenido a la vez. Era como estar adentro de una cajita de sorpresas que me deparaba historias distintas cada día. Nací en la Capital Federal, donde las calles tienen nombres y los colectivos, con sus recorridos y horarios aleatorios, recorren toda la ciudad. En Japón viví en las afueras de Tokio en donde el mayor medio de transporte es el tren. ¡El tren que llega a horario! El colectivo sirve más que nada para conectar lugares remotos con las estaciones de tren... y también tienen su horario y lo respetan. Y las calles no tienen nombres de próceres si no que se numeran las manzanas, imposible llegar a ningún lado sin un mapa.
–¿Qué sabía de Japón?
–No mucho. Lo que sí sabía era que tenían un desarrollo tecnológico impresionante. Creo que mis primeras ganas de ir a Japón vinieron con un regalo de mi mamá que había ido de visita. Me regaló una radio portátil tan mínima, creo que tenía siete por tres. ¡Quedé tan asombrada! También recuerdo que me trajo unas bolsas con algo de gráfica para mi colección (coleccionaba bolsas en todos los idiomas). Me encantaron los caracteres que por ese entonces me parecían indescifrables. Sin duda, la foto de mi mamá con el tren bala de fondo fue probablemente otra de las razones de mi curiosidad por Japón.
–¿Cuáles eran sus preconceptos?
–Que todos hablan inglés. Una de las más fuertes desilusiones tal vez. También creía que todo era pura tecnología. Que vivían rodeados de edificios de última generación cuando en realidad todo es más “rural” de lo que pensaba.
–¿Qué aprendió de su cultura y qué cree que les aportó?
–Aprendí mucho del respeto con que se tratan entre ellos y el respeto con el que tratan a los objetos, a los lugares. Hablo no sólo del respeto en la charla sino también del respeto con el que hacen su trabajo. Aprendí también unas cuantas lecciones de formalidad. Creo que si les aporté algo fue diversidad. En una sociedad que no está tan acostumbrada a tratar con extranjeros, mi colaboración fue ésa, mostrarles una realidad distinta.
–¿En qué la cambió en lo personal y en lo laboral vivir allá?
–Me incorporó una visión distinta. Una organización distinta. Nunca había sentido la presión social que existe sobre lo que se puede o no hacer o decir frente a otras personas. Hay que respetar el rol que uno tiene en la sociedad.
–¿Adoptó alguna tradición o enseñanza?
–Sacarme los zapatos para entrar a mi casa. No puedo imaginarme ahora cómo hacía para venir con toda la mugre de la calle y caminar de la misma manera por mi casa. Y un souvenir muy especial: me casé con un japonés n

Japanese Graphics Now! editado por Taschen (607 páginas, distribuido por Riverside Agency) www.taschen.com

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Gisela Kozak, coeditora.
 
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