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Sábado, 26 de febrero de 2005

Para la innovación

Innovar 2005 premia una de las cualidades más buscadas en el diseño creatividad unida a la ciencia y la tecnología.

 Por Luján Cambariere

Innovar: “(Del lat. innovare) Mudar o alterar algo, introduciendo novedades”, resume el diccionario de la Real Academia Española. En criollo: esa vuelta de tuerca, virada de timón, resignificación, suceso casi milagroso donde alguien vio lo que otros no. Y sobre todo concretó, lo que muchos otros desearon, soñaron, necesitaron, imaginaron, pero tampoco supieron convertir en realidad.

“Proceso complejo en el que estas respuestas se desarrollan y alcanzan la forma de productos o servicios que demanda la sociedad y que el mercado valoriza”, definen desde las bases del Concurso Nacional de Productos Innovadores desarrollado en el marco del Programa INNOV-AR a través del Plan Nacional de Diseño de la Secretaría de Industria, Comercio y PyME del Ministerio de Economía y Producción (con colaboración del INTI -Instituto Nacional de Tecnología Industrial– e INPI –Instituto Nacional de Propiedad Industrial Argentina– y la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología (con la colaboración del INET –Instituto Nacional de Escuelas Técnicas–, la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, y la Universidad Tecnológica Nacional). Y para explicarlo aún mejor, suman definiciones de creatividad (capacidad de generar ideas que exceden el marco de la información y los conocimientos disponibles en un determinado momento) e invención (la instrumentación de la idea a través de una solución técnica, fruto de la investigación), condimentos cruciales para que innovación rime con diseño.

Aguante la industria nacional

El objetivo del concurso es promover y respaldar productos que se destaquen por su originalidad y la posibilidad de ser comercializados. Productos patentables y factibles de ser desarrollados técnica y económicamente. ¿Los convocados? Básicamente diseñadores, inventores, estudiantes, emprendedores y micro y pequeñas empresas. ¿Aspectos a evaluar? “El grado de innovación del producto (nivel de originalidad o novedad que aporta), su factibilidad técnica (viabilidad para producirlo), la factibilidad económica (junto con la técnica determinan la oportunidad comercial) y la transferencia tecnológica (posibilidad de producir un título que resguarde los derechos)”, explica María Cecilia Moncalvo, del área de comunicaciones del Plan Nacional de Diseño.

Un iniciativa más que interesante sobre todo por el tema –muy pocas veces abordado en concursos locales–, por la muestra de los productos pensada para septiembre y también, si se quiere, por el valor de los premios ($ 30.000 para el primero, $ 15.000 para el segundo y $ 10.000 para el tercero). Por otra parte, el Instituto Nacional de Escuelas Técnicas premia a los tres mejores productos presentados por estudiantes y docentes con 15 mil, 10 mil y 5 mil pesos para la escuela. Además, con el tiempo, Innovar tiene pensado construir un Centro Nacional de Innovaciones como espacio de asistencia permanente en todo el país.

La cadena de la innovación

“La innovación se ha transformado en la palabra clave de la época actual, sostiene el teórico del diseño Gui Bonsiepe. Sin embargo, continúa, sería erróneo darle un valor absoluto pues depende de otros factores como las inversiones”, remata. En este proceso, los países de la periferia, como él nos denomina, llevamos la peor parte. Así ciencia, tecnología y diseño son un trío que debe ir de la mano, ya que si se ausenta alguno de estos tres elementos, la innovación carece de resonancia social.

“A la hora de pensar en el grado de efectividad de la innovación, más allá de entenderla desde lo creativo, hay que tomar en cuenta una serie de criterios funcionales que harán de la invención una medida necesaria de incorporar. Se debe indagar minuciosamente en el nivel de buen funcionamiento, facilidad y alcance de uso, adaptación al ambiente, necesidades del público, medidas de seguridad, equilibro entre precio y calidad, empleo de nuevas tecnologías y materiales, si conduce al progreso del sector productivo industrial y a la identidad.

También debe evaluarse si tiene en cuenta el estilo de vida de las futuras generaciones, si propone nuevas formas de comunicación, si propicia nuevos negocios e industrias y qué valores socioculturales la integran. En el desarrollo del diseño debemos considerar suficientemente el modo de relación, equilibrio y la interacción que se da entre las personas y los objetos y a la inversa”, detalla el diseñador industrial Koji Kimura, consultor de la Agencia Internacional de Cooperación de Japón (JIPA) y asesor de PND.

Parafraseando una vez más a Bonsiepe: “No son los artefactos los que cuentan, sino las operaciones eficaces hechas posibles para la comunidad de los usuarios”. Y en esto el diseño es un elemento crucial de la cadena, ya que bajan a tierra, introducen las invenciones científicas y tecnológicas a nuestra vida cotidiana.

Para inscribirse, los interesados deben dirigirse a www.innov-ar.gov.ar hasta el 16 de abril. La recepción de proyectos es del 18 de abril hasta el 16 de mayo.

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Subte Leandro Conaldi, Luciano Poggi y Hernán Pratti.
 
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