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Jueves, 28 de abril de 2005

METRIC, EL RAPERO TROTSKISTA

La lucha de clases llegó al hip hop

Por Leonardo Oliva Desde Mendoza

Se reivindica trotskista y, como activo militante del Partido de los Trabajadores Socialistas, dice que tiene un compromiso asumido con la revolución. “Muchas veces el artista entra en la contradicción de hacer arte o militar. Pero en algún momento voy a tener que dejar el arte por las responsabilidades políticas más urgentes.” Así habla Metric, un militante del hip hop o un MC de la revolución, nacido en Mendoza hace 25 años. Sus letras, crudas, directas, explícitas, son poesía escrita para escupirla a borbotones desde el rapeo hacia destinatarios como los burgueses, la policía o los hechos del 19 y 20 de diciembre. “En el planeta Tierra/ un buen perro entierra/ a su prójimo/ como un hueso bajo tierra./ En el planeta Tierra/ un buen perro/ a sí mismo se entierra”, dice uno de sus temas. “Antes era más populista en las letras, porque no entendía el carácter de clase de la revolución, componía más desde el sentido común. Ahora soy un sujeto de transformación.”

Ultimátum, un EP de cuatro temas, fue su primer DNI en el país hip hop y con el que atravesó las fronteras de las luchas obreras para rapear su verdad: Zanon, Brukman, Chile y Brasil ya conocieron su verba inflamada y su hip hop combativo. Hoy, su militancia incluye la grabación de su primer CD, donde enriquece el estilo con visitas al dancehall o al más bizarro reggaetón, ese que deforman los latinos del canal Telemundo. ¿Adónde quiere llegar? “No voy a cambiar el mundo con un disco sino quebrando la mentalidad de los jóvenes.” Más claro ponele play.

“Mi arte es una mercancía por origen, no por vocación. Y mi estrategia es liberarlo”, explica Metric en uno de los bares donde suele estar en el centro mendocino. Cuando habla, mueve sus brazos ampulosamente: “Mi arte no es revolucionario, no rompe con los parámetros establecidos. Pero sí lo es su contenido”. O esta otra: “No tengo nada contra vender mi arte, porque necesito comer. El problema es cuando el arte está presionado por tu estómago. Uno puede dar ciertos retrocesos tácticos para convertir tu arte en mercancía, sin embargo uno no puede hacer una canción pensando en cuántos discos vender”.

Militante del género, Metric reivindica a los padres fundadores de los ‘60, jóvenes negros y latinos de los barrios bajos neoyorquinos que cultivaban el tag, esas pintadas en las paredes que denunciaban su existencia en una sociedad que no los tenía en cuenta. “El hip hop nació revolucionario”, recuerda quien ha pintado sus tags en Mendoza. Sus opiniones acerca del hip hop argentino son contundentes: “La principal traba es que es muy corporativista. Les falta mezclarse más, mostrarse en escenarios del rock, de la cumbia. El hip hop se mueve como en secta y esa falta de política de masas hace que no crezca. Están cayendo bombas en Irak y acá están las sectas escribiéndose letras entre ellos, a ver quién es el mejor, quién es el más macho. Hay mucha autoproclamación, típica de su debilidad”. En la bolsa cae también la cumbia villera, un género que Metric incorporó: “Aborrezco el contenido machista y la apelación a la violencia individual, pero me gusta como suena: esos bajos gordos y sonidos enfermos”. En esa composición plebeya de la cumbia villera, Metric entrevé una esperanza: “El arte debe avanzar con las piernas del nuevo movimiento obrero que empieza a recomponerse. Sólo con ese espíritu podrá ser liberado”.

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