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Jueves, 29 de junio de 2006

LA VERDADERA MOVIDA DEL MUNDIAL

Fiesta sin entradas

 Por Ariel Greco, desde varias ciudades alemanas

Croatas que cantan “Guantanamera”; japonesas que llevan kimonos a pesar de los más de treinta grados promedio, holandeses que aporta(ba)n todo el cotillón naranja posible e imaginable; ingleses que compiten por ver quién toma más cerveza y quién grita más; alemanes que llevan un gorro de su país y se pintan el cachete derecho con los colores de un equipo y el izquierdo con los del equipo rival; españoles disfrazados de toreros que se juntan en una plaza para entonar las estrofas de “un elefante se balanceaba/ sobre la tela de una araña...” y son capaces de llegar a veinte... Todo vale para seguir el mundial paralelo.

Muchos fanáticos viajaron a Alemania y viven la fiebre mundialista sin siquiera haber comprado un ticket para ver un partido. No hace falta. La fiesta y la movida que rodean al juego, bien valen la pena, quizá tanto como ver en vivo a Ronaldinho, Ballack o Zidane. Así, para uno resulta lógico cruzarse con brasileños, holandeses o italianos que por determinado motivo no van a la cancha. Pero la magia del evento está dada en que uno se puede topar con escoceses, colombianos o chinos, que llegaron con el único objetivo de vivir el Mundial, sin importar que sus selecciones ni siquiera participen del torneo.

De forma paralela a la organización de la FIFA, los gobiernos regionales de Alemania han armado diferentes espectáculos para que la masa se divierta y soporte mejor algunos bodrios como Suiza-Ucrania o Italia-Australia. Recitales al aire libre con música relacionada a los países participantes es la estrella que presenta el gobierno del estado de Nordrhein Westfalen. En esa cartelera, que día a día muestra un show distinto en la plaza de Bochum, la estación de Dortmund, el centro de Disbuirgo o la municipalidad de Gelsenkirchen, participan –como ya adelantó el NO– los Super Ratones como única banda argentina.

Sin carácter oficial, la ola mundialista también generó varias movidas alternativas. Un ejemplo se da en el pub Ballazo, de Nuremberg, donde cada noche se puede encontrar alguna rareza: una banda étnica de Ghana, mezcla de hip hop con la clásica música tribal africana; un grupo tecno japonés, que aunque parezca mentira suena bastante bien, unos mexicanos inclasificables o Karamelo Santo, de gira por Alemania y que ya participó el fin de semana pasado de dos megarrecitales en los que estuvieron Manu Chao y The Strokes, entre otros. En Leipzig, en coincidencia con la clasificación de Argentina para los cuartos de final y la despedida de la ciudad como subsede mundialista, el Ayuntamiento preparó junto a la plaza de la Nocolaikirche un concierto de grupos locales, junto a más de diez mil personas. O como en Berlín, donde en la noche brasileña –el día del partido Brasil-Croacia— la samba duró hasta el amanecer. Hasta Herzogenaurach, el pueblito donde vive la Selección, tuvo su fiesta argentina, pero tan mala fue la previsión que la armaron el miércoles 21, justo el día que los pibes de Pekerman jugaban ante Holanda en Francfort.

Claro que lo más interesante pasa lejos de las fiestas prefabricadas. En cada una de las sedes mundialistas se desarrolla la Fan Fest, donde los hinchas sin entradas siguen los partidos en pantalla gigante. Así, de manera espontánea, surgen momentos imperdibles del torneo paralelo. Bandas improvisadas, con músicos de diferentes países, se juntan de casualidad y consiguen que suenen algunos clásicos como “One” de U2 o el “The Yellow Submarine” de Los Beatles. Tampoco quedan ausentes “La Bamba” o “La Cucaracha”. Y claro, siempre algún argentino gracioso, que grita “una quesepamos todos...”. ¿La mejor Fan Fest? Sin duda, la de Francfort. A orillas del río Meno, con pantallas gigantes sobre el agua, el espectáculo es impagable.

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