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Jueves, 21 de septiembre de 2006

LOS PERICOS, DE GIRA NORTEÑA

Un carrusel de sensaciones

 Por Mario Yannoulas

En la habitación 501 de un lujoso hotel en el DF mexicano se encuentra el guitarrista y cantante Juanchi Baleirón que, como los otros seis Pericos, no vuelve a su casa desde hace más de un mes. En ese tiempo han recorrido México y también Estados Unidos. Ciudades fronterizas de tierras áridas, el glamour neoyorquino y comunidades latinas en expansión. Autos desvencijados y abandonados por ajustes de cuentas y la mística rockera de algún club de Los Angeles. Ir de viaje, conocer lugares, tocar para su gente y dormir en hoteles cinco estrellas: el bichito de la gira les picó una vez más a Los Pericos y los arrastró hasta los Estados Unidos y México, en uno de los itinerarios más ambiciosos de su carrera.

“Empezamos por Estados Unidos, recorrimos mucho California, ciudades como San Diego, Los Angeles, San Francisco y Monterrey. Antes por ahí íbamos sólo a Los Angeles, pero ahora conocimos lugares como San José, o Modesto, donde la mayoría de la gente es mexicana y también nos conoce bastante”, relata por teléfono al NO Juanchi Baleirón, y recuerda la presentación en Anaheim, sudeste de California, con el británico Pato Banton como invitado. El público es, en su mayoría, latino. La comunidad se expande año tras año y hace que la banda tenga fans diseminados por Estados Unidos. “Siempre antes de nosotros tocaba una banda local de latinos. Hay mucha juventud, pero cada uno tiene un estilo propio, su forma de bailar y de expresarse”, explica.

Una vez cumplida la tarea en los Estados Unidos, Los Pericos viajaron a México, empezando por el principio: la frontera. Con un promedio de 2 mil espectadores por show, en el norte del país azteca visitaron Mexicali, Tijuana y Ensenada, y luego pasaron a ciudades del conurbano del DF, “como si en Buenos Aires te dijera Isidro Casanova”, ilustra Juanchi. En México, las ciudades fronterizas son densas. “En Tijuana el ambiente es raro, a veces se transforma en un gran puterío porque muchos gringos van a pasar un fin de semana loco y bardean. Pero el público nada que ver, incluso la noche en Tijuana justo estaban los chicos de Bersuit, así que subieron Cordera, Dani Suárez y el Cóndor Sbarbatti y tocamos Sin cadenas”, revela.

Quizá la anécdota más curiosa de esta travesía norteña sea que, por una noche, por un rato, Los Pericos tuvieron un batero sustituto... ¡salido del público! Y no estuvo arreglado. “Fue en una ciudad cerca del DF, hacía tanto calor que al Topo (Rainman) le bajó la presión y tuvo que parar de tocar. Un chico que estaba entre la gente se presentó como baterista, lo hicimos subir para que tocara bases simples y así salieron cuatro temas”, cuenta.

Los muchachos también se hacen un tiempo para pasear y hacer de simples turistas. “Hay ferias bien rockeras para todo tipo de gente, podés conseguir vinilos increíbles, prendedores, grabaciones en vivo, está muy bueno.” Y vivieron experiencias tipo Marley: “Probamos unos grillos que se llaman chapulines, que se comen como un snack, con limón y sal —explica—, gusanos vivos, huevos de hormiga. Nos gusta probar la comida de acá, comer tacos en la calle, o tortas, como el Chavo”, cuenta Juanchi y promete sorpresas para su presentación en el Pepsi, el 1º de octubre. ¿Algún revival de la gira?

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