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Jueves, 21 de septiembre de 2006

LA HETAIRA DE MARIA FERNANDA ALDANA

“Nunca me haría solista”

De niña estudió piano. Compuso sus primeras canciones a los 13 años. Escuchaba New Order, y aprendió el bajo escuchando a Joy Division, mientras leía Rimbaud y Baudelaire. Pero “las mejores canciones van para El Otro Yo”, cuenta la flamante compositora de Dios te salve, María.

 Por Roque Casciero

En la antigua Grecia, las hetairas eran damas de compañía algo especiales: no sólo proporcionaban placeres físicos sino que iluminaban con sus presencias y conocimientos a los hombres. Ellas se instruían en música, danza y pintura, y más de un filósofo famoso cayó rendido a sus pies. María Fernanda Aldana tiene a una hetaira tatuada arriba de la ingle. “¿Querés que te la muestre?”, dice, y se baja apenas el pantalón. “Es mi primer tatuaje, ya de grande. Leí sobre las hetairas cuando fuimos a México en mayo del año pasado y decidí hacérmelo allá. El dibujo lo saqué de un diccionario antiguo y le agregué las Tres Marías, que salen de la flauta que toca la hetaira.”

María Fernanda explica que se sintió identificada con esas “ninfas antiguas” por eso de abordar tantas disciplinas artísticas. Porque ella, además de ser la bajista y cantante de El Otro Yo, ha publicado un libro de poemas, expone y vende sus cuadros, estudió danza árabe y hasta hizo un intento con el violín con el fallecido maestro tanguero Antonio Agri. Y hace unos meses publicó su primer trabajo solista, Dios te salve, María, que reúne piezas compuestas para piano. “Necesito sacar afuera, si no, explotaría”, asegura. “Me ayuda poder editarlo para formatear mi disco rígido. Y encima está El Otro Yo, donde puedo aportar toda mi parte más salvaje. Pero necesito canalizar el costado experimental, y puedo darme el gusto y el lujo de editarlo.”

—En tu página web decís que el disco es como una banda sonora de tu vida. ¿Cómo es eso?

—Sí, porque empecé a hacer música desde muy chiquita. Cuando tenía 5 años, en mi casa ya había un órgano italiano divino, con ese sonido tipo The Doors, y una guitarra criolla. Así que desde chiquita agarraba los instrumentos y les hacía canciones a los colores. Después, con Cristian (su hermano, cantante y guitarrista de EOY) empezamos a estudiar música y nos juntábamos a componer. A los 10 empecé a estudiar piano clásico y a componer piecitas medio terroríficas. Muchas de las del disco son de esa época. Arabesco y Medieval las hice a los 13. En esa época ya tenía un look medio new romantic, todos los pelos parados y rojos. Me gustaban New Order, Cocteau Twins, Birthday Party, Jesus & Mary Chain, The Stranglers... Aprendí a tocar el bajo escuchando a Joy Division, mientras leía a Rimbaud y Baudelaire.

—¿Cómo llegabas a esos autores y a esas bandas?

—Porque era amiga de escritores, gente culta que me pasaba data. Y mi hermano era una influencia fundamental en la música. Después conocimos gente con la que nos pasábamos música. Por eso también las canciones me salían con esa onda. Je Dors, que está cantada en francés, la hicimos con Cristian antes de EOY: él tocaba el bajo; yo teclados y cantaba. Y Piano es una melodía que me surgió cuando pudieron comprarme un piano. Porque tocaba desde los 10, pero recién a los 17 pude tener mi primer piano. Mi papá se había ganado la quiniela o algo así. No era mucha guita, pero era algo. De sorpresa cayó un flete con un piano: no lo podía creer, me largué a llorar. Y aparte venía un Casio CZ3000, que es el sintetizador que diseñaron los Kraftwerk. Por supuesto que todavía los tengo. Y cuando me senté al piano me salió Piano, esa misma melodía. La había grabado también en el disco triple (El Otro Yo de El Otro Yo), pero volví a ponerla porque tuve la oportunidad de grabar en la Alianza Francesa, con un piano de cola.

—¿Cada tema te remite a algo especial?

—Me remiten a otra dimensión. A una vida en otra dimensión en la cual no hay tiempo. Cuando pude escucharlo terminado, apagaba la luz y flasheaba que era el disco de otra persona, de otra época.

—¿Eso te pasa también con los temas que hacés para EOY?

—No, me pasó con este disco. En los de la banda, las letras son más directas, cuentan historias; éste es más abstracto, las letras cobran distintos significados.

—Hace más de dos años, en una nota con EOY dijeron que podía haber un cuádruple. ¿Este iba a ser tu disco para el cuádruple?

—No, iba a grabar otro. Las mejores canciones van para EOY. Tengo como 50 canciones, o más. Algunas son demasiado intimistas... Quizá después grabe otro disco, pero ahora estamos a full componiendo para el grupo.

—¿Por qué titulaste el disco con el comienzo de una oración católica?

—Entre líneas, el título habla de la perdición. Y hay como una perdición mundial en este momento. Es todo caótico. Ojalá podamos zafar un poco... El disco juega un poco con el delirio místico: hay un tema que se llama Juana de Arco. En los últimos años estuve involucrada en un estudio de esoterismo, de metafísica, de ocultismo oriental... En este disco termino mostrando una fantasía de delirio místico que me gusta.

—¿Era algo que querías expresar o simplemente surgió?

—Creo que quería expresarlo, por eso le puse ese nombre. Tuve un momento medio catastrófico en el que me pasaron muchas cosas y de verdad sentí ese “Dios te salve, María” dirigido hacia mí misma. Pero en términos artísticos me encanta cómo quedó el concepto porque tiene un tinte espiritual, que es la búsqueda en la cual estoy. Más allá de estos estudios, estoy haciendo instructorado de yoga.

—¿Estás buscando una religión o un conocimiento?

—No busco una religión, para nada. Mi religión es la música, el arte. En realidad, estoy buscando. No sé, a algunos les gusta estudiar administración de empresas; a mí me gusta estudiar distintas culturas, astronomía... Me interesa a lo que llegó la cultura de los egipcios, de los mayas, de los atlantes, saber qué tienen en común.

—Bueno, no se sabe si existieron los atlantes...

—Para mí sí existieron. ¿Sabés lo que me pasó? Hice varios cuadros con personajes que tienen determinadas características y después, leyendo un libro, me di cuenta de que los atlantes eran parecidos a los que yo pintaba. En el mismo libro dice que en el lugar donde estuvo la Atlántida se encontraron ataúdes como de dos metros, pirámides hundidas... El libro se llama La profecía de Orión. Y encima yo ya había hecho una canción llamada Orión...

—Y también hay una canción escrita por tu mamá, Para qué soñar.

—Es como un homenaje a ella, me parecía importante cerrar el disco con esa canción. Mi mamá componía sus canciones y la letra de Para qué soñar es muy poética. Además, dice “Amiga de mil estrellas” y ella siempre me decía que era mi mejor amiga. El disco tardó casi tres años en salir y justo salió el 25 de julio, que es el aniversario de la muerte de mi mamá. En el calendario maya es el día de los artistas y también el día fuera del tiempo. Y ella falleció de una forma muy particular: se le paró el corazón mientras dormía y no tenía ninguna expresión en el rostro, como si hubiera pasado a otro tiempo, a otra dimensión. Y bueno, si el disco tenía que tardar tanto para que saliera ese día... A mí me sirvió mucho haber podido sacar este disco, porque tiene un tinte melancólico y me hace bien poder sacar eso afuera.

—¿Estabas muy melancólica?

—Tengo un alma un poco melancólica. Me encanta hacer temas como los del disco y publicarlo fue como un exorcismo, pero lo que más me gusta es tocar rock con EOY, con la adrenalina y la alegría que le da a mi vida. Nunca me haría solista: una de las cosas por las que vinimos a este mundo es aprender a relacionarnos y a amar. Y trabajar en grupo es un desafío diario en el que compartís y te divertís más.

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Cecilia Salas
 
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