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Jueves, 16 de noviembre de 2006

NOTA DE TAPA 1 > EL SKA SE REUBICA CON LA LLEGADA DE MADNESS

Abra cadabra

A fines de los ’80, el ska había sido un género con fuerza propia. Con el tiempo parece más bien un subgénero tremendamente influyente, pero que se sube a otras formas de composición y siempre funciona: el ska-punk, el ska-hardcore y ska-reggae. A raíz de la presencia de los históricos Madness en el Personal Fest, el NO entrevistó —también— a otros exponentes nacionales. ¡Locura!

 Por DANIEL JIMENEZ

DAN “WOODY” WOODGATE, DE MADNESS

“Hicimos lo que pudimos”

Junto a los Specials, Madness fue una de las piezas clave para tratar de entender la corriente de ska y rocksteady que sacudió a Inglaterra a fines de la década del ‘70, cuando el punk era amo y señor. Al menos en las márgenes del río Tamesis. Pero debido a su fanatismo por el pop —británico, por supuesto— y el sonido de artistas del sello Motown —como Marvin Gaye, The Temptations y Martha Reeves— y a una larga trayectoria, la banda amplió su paleta de colores hasta que se las ingenió para llegar a las arenas de los ‘90 a librar una batalla desigual con las nuevas escenas, que hicieron que su propuesta sea tildada de anacrónica. Si bien su explosión musical tuvo epicentro en la primera mitad de los ‘80, el hoy septeto liderado por el carismático Suggs supo cambiar de ropas a través de los años y nunca pareció molestarse por las modas o las presiones discográficas.

Nacidos como Invaders y consolidados finalmente como Madness (tomando su nombre de una canción de su ídolo, el jamaiquino Prince Buster) editaron One Step Beyond, su esperado debut, en 1979. El disco fue un suceso inmediato y los contratos comenzaron a caer del cielo.

Dan “Woody” Woodgate había ingresado unos meses antes como baterista a prueba. Nunca más se fue. “En aquellos días vos salías a la calle en Londres y te encontrabas con cientos de espectáculos en vivo. Bandas tocando en bares, pubs y clubes; todo hervía. Y la mayor energía de aquella movida la trajo el punk rock, porque tanto los que tocaban esa música como su público eran adolescentes”, cuenta el simpático Woody. Y agrega un dato sobre el imán de la ciudad capital: “Para que te des una idea, la escena de Londres era tan fuerte que a los Specials, que eran de Coventry, los consideraban londinenses”.

En los tres años siguientes, Woodgate y sus compañeros se cansaron de colocar temas en los charts y construir hits aptos para cualquier radio, alcanzando en su país una popularidad que ninguno de sus miembros imaginó.

Pero el dulce sabor del éxito duraría hasta 1985 con el lanzamiento del flojísimo Mad Not Mad. Luego, el grupo entraría en una espiral de conflictos que los llevaría a separarse extraoficialmente —ellos siempre negaron cualquier ruptura— y rearmarse como cuarteto en 1988. Los nuevos aires tampoco traerían calma y el respirador artificial se apagó ese mismo año, dejando una estela de incertidumbre... Hasta que en 1992 volvieron a los escenarios con la formación original para ofrecer un par de conciertos.

Desde aquel momento hasta hoy, la errática carrera de Madness se transformó en el salvoconducto de “una troupe de amigos que editan discos y salen de gira sólo cuando les da la gana y viven por fuera de los tiempos voraces de la industria”. Y tal vez el mejor ejemplo sea Dangermen Sessions Vol. 1, su última producción del 2005. Si no, sería muy difícil encontrar por qué una banda luego de más de un lustro de ausencia decide lanzar un álbum de covers.

—Comenzaron a finales de los ‘70 y aún siguen vigentes. ¿Siempre se acomodaron bien a los tiempos?

—Hicimos lo que pudimos (risas). En la década del ‘80 éramos frescos, jóvenes y teníamos una carga de inocencia casi virginal. Lo único que queríamos era tocar música pop que tuviera letras interesantes y que reflejara nuestras vidas y las de aquellos que crecían con nosotros. En los ‘90 quisimos lo mismo, pero exploramos el lado oscuro de la vida. Y en estos tiempos creo que volvimos al principio, más que nada tratando de componer grandes canciones. Lo que pasa es que casi nunca no lo logramos (risas).

—¿El punk rock fue una influencia para ustedes?

—Sí, definitivamente. Porque vos no tenías que ser un gran músico en Inglaterra para hacer punk rock. Solamente tenías que armarte de coraje y no preocuparte mucho por cómo tocabas, porque lo importante era la energía. Aunque nosotros tocábamos realmente bien. El punk fue fundamental porque le abrió la puerta a un montón de adolescentes con mucha sangre corriendo por sus venas y deseos artísticos, que querían decir y hacer cosas, más allá de que en algunos casos estaban tan dados vuelta que ni sabían que tenían talento artístico.

—Algunos músicos dicen que el rock les quitó la vida social. ¿Estás de acuerdo?

—Sí, es verdad. Pero yo soy muy afortunado porque la gente en la calle, al menos en Inglaterra, sabe quién soy y me saluda. Y eso es una fortuna que logré a través de los años y no creo que ningún músico reniegue de eso. Pero los mejores momentos que uno encuentra después de tanto tiempo es estando con la familia y no tocando mucho. Yo, por ejemplo, trabajo de profesor de música en una escuela pública... Vivo en el mundo real. Madness me permite poner mi locura en otro lugar, al menos por un rato.

—Desde que te sumaste a la banda en 1978 pasaste muchos años entre el estudio y las giras. ¿Eso generó un quiebre en tu vida personal?

—Sí, eso generó muchos problemas en mi vida, más que nada en los ‘80. Ahora eso no sucede porque no pasamos mucho tiempo fuera de casa. Esa fue una decisión que tomamos cuando arreglamos una gira o cerramos un contrato: nos vamos a juntar cuando tengamos ganas y no cuando alguien nos diga, porque todos tenemos familia y ya no nos interesa estar fuera del hogar. Así que después del final de un tour cada uno se va a su casa y nos volvemos a ver cuando realmente tenemos ganas. Es así de simple. Aunque a veces queremos estar lo más lejos posible de casa, no voy a mentirte (risas).

—La gente no suele hablar mucho de Madness hasta que reaparecen y todo el mundo saluda su regreso. ¿Por qué creés que pasa eso?

—Eso pasa porque nunca fuimos muy honestos con nosotros mismos y tampoco nos tomamos muy en serio. Siempre vimos el costado simple de las cosas. El problema es que... ¡la gente no se dio cuenta! Entonces, cuando no estamos nadie se acuerda de nosotros y cuando aparecemos se preguntan: “¿Estábamos enojados con Madness o nos caían bien? Ah, eran gente divertida, nos caían bien” (risas). Esa es la verdad.

—Muchos críticos suelen catalogar su música como “ska revival”. ¿Te molesta esa definición?

—Sí, claro que me molesta. Porque considero que nosotros somos algo más que una banda de ska. De hecho eso se nota en nuestras influencias, que no vienen solamente de un solo lado sino de varias fuentes, como The Kinks o los artistas de Motown. Pero hay un montón de cabezas duras que aún dicen por ahí que sólo hacemos ska. A todos ellos les digo: somos mucho más diversos que un solo género.

—¿Recordás los malos shows o pensás que son parte del oficio?

—La verdad es que solamente recuerdo dos shows malos, pero tengo buenas excusas para cada uno.

—¿Solamente dos shows en casi treinta años?

—Sí, solamente dos. ¡Porque en el resto estaba ebrio y no me acuerdo! (risas). Así que la culpa de aquellos dos shows la tiene el alcohol, no nosotros. Ahora aprendimos a tratar de estar sobrios. Deberías saber que no es bueno que un baterista toque borracho... es una pesadilla. Y aquellas noches fueron lo más terrible que yo pueda recordar. Pero creo que las audiencias siempre hicieron imposible que diéramos un mal show.

—Si algún día se escribe la historia del rock. ¿Qué diría el Capítulo Madness?

—Primero espero que no diga “ska revival” (risas). Me gustaría que quede sentado que nosotros pudimos relatar las historias de la gente. Porque muchos a los que les gustamos y tal vez no conocemos pudieron y pueden relatar nuestra historia todo el tiempo: en Internet, en una revista, en la radio, en la televisión o en cualquier lado. Nosotros te regalamos canciones con las que tal vez te diste tu primer beso o fuiste a rendir un examen. Ahí estuvo Madness: en la vida de la gente. Esa sería la mejor definición.

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