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Jueves, 23 de noviembre de 2006

NONPALIDECE LLEGA A SU PRIMER ESTADIO OBRAS

Son ocho los monos

Fueron creciendo al ritmo de su reggae para nada purista y hoy ocupan un lugar central en la militante escena local. Mientras se asientan cada vez mejor en Centroamérica (Costa Rica, El Salvador), se preparan para presentar Hagan correr la voz en el mítico estadio gaseoso.

 Por Cristian Vitale

A la vuelta de Aristóbulo del Valle, la Estación del Ferrocarril Belgrano donde parece que la tierra se devora al tren, hay un chalet añejo, enorme, con formas arquitectónicas muy delicadas. En la puerta, cuelga un cartel despistante: “Casa de residencia Suiza” (¿?). Ahí, entre árboles, ruido de pájaros y demasiada paz para el pulso urbano, hay que encontrarse con Nonpalidece. ¡¿En una Casa de residencia Suiza?! Sí. Aplauso mediante, aparece Emily —prensera del grupo— surcando un largo pasillo, entre flores. “Están al fondo”, guía. En ese fondo, con más árboles, más pájaros y más paz, dominan la escena un humo dulzón y la música tranqui, lisérgica, casi mántrica del octeto reggae que más creció en los últimos tiempos. Están todos muy concentrados en ajustar las canciones del repertorio que tocarán, este sábado, en su debut en Obras. En su mayoría corresponden al tercer y último disco de la banda: Hagan correr la voz. “Hacemos una vuelta más y vamos”, grita uno de los ocho. Afuera no hay lugar donde sentarse... apenas dos o tres ladrillos de cemento. Quince minutos de roots, trasero duro, y aparición en masa: el calor expulsa a Facundo, Germán, Bruno, Martín, el Pato Sciacaluga, Gustavo, Agustín, Leo Rodríguez y Néstor de la sala de ensayo y arman una ronda en el piso. Todos tienen algo que decir.

“Llegar a un lugar mítico como Obras te llena de satisfacción —arranca Bruno, guitarrista—; a nosotros nos marca que hicimos las cosas bien, después de tantos años de laburo.” Para el tempo-reggae en la Argentina, diez años de ruta para llegar a Obras no son una eternidad. En 1996, cuando arrancaron en Tigre, estos guerreros peace & love eran apenas cuatro y sólo dos de los que llegaron hasta hoy: Facundo y Néstor. Los primeros cuatro años del grupo, antes que la escena del reggae explotara, fueron de pequeños pubs, incorporación de músicos y afianzamiento de un sonido. A un puro primer disco Dread al control, grabado en el estudio de Karamelo Santo en 1999, le siguieron pasos pequeños pero firmes como la actuación —junto a los mismos Karamelo— en el primer festival reggae de Mar del Plata, el codeo con Los Cafres (abril del 2001) en el Teatro de la Cova, gira por Costa Rica y un segundo disco (Nuevo día, 04), que ya muestra la intención de agregar leves matices extraestilo. “Uno cuando es chico es más extremista. Se encierra mucho. Pasa la vida y te das cuenta de que hay un mundo por descubrir”, apunta Néstor, cantante y autor de casi todas las letras de los Nonpa.

El concepto del cantante opera como nexo entre Nuevo día y el flamante Hagan correr la voz, un disco que no escapa a la esencia de la banda —y hasta en cierto punto la refuerza— pero, a su vez, deja que entren sonidos antes ignorados. Por caso, la armónica que se cuela en un roots clavado como Una y otra vez, o la intro a lo Kitaro de La sonrisa. Incluso en los vivos —por idea de Gastón— la banda suele incluir algún tema de Hendrix o Whole Lotta Love, de Led Zeppelin. “No está bueno que nos identifiquen como puristas, lo que sí tenemos es una muy fuerte influencia del reggae jamaiquino. Muchos de ellos escuchan dub o rocksteady. De ahí las programaciones, que son inquietudes propias. Ya no nos cerramos en la religión rastafari, como al principio. Tiramos el mensaje desde acá”, apunta Néstor.

—En Reggae en el Universo, la canción que abre el disco, se identifican como soldados de una nueva generación. ¿Quién sería el enemigo?

Gastón: —Muchas cosas: la miseria, la injusticia, tu propia pereza.

Néstor: —Y el poder. Te hacen creer que la marihuana es dañina mientras hay cosas que hacen realmente mal y sin embargo las publicitan al lado de mejor culo de Sudamérica. Es Babylon, man.

—O los que contaminan el río.

Néstor: —También. Yo no canto nada que no haya cantado gente hace muchos años. Me siento como alguien que recuerda lo que muchos olvidan y el río es clave. En Tigre, el río es un lugar para irte a relajar. Cuando era chico, agarraba el bote, me iba a remar y veía todo limpio. Todo era lindo. Hoy, la polución está haciendo un desastre. El Parque de la Costa y otros emprendimientos empresariales están degradando la naturaleza en nombre del turismo. Hay gente que arroja basura al río en un acto de automatismo. Cuando veo eso, me surge la necesidad espiritual de mostrarlo. Es importante dar un mensaje de paz, armonía y hermandad.

Gastón: —Lo que pasa es que la mentalidad del hombre ha cambiado. Ya no ve a la naturaleza como parte de sí: se ha desprendido de ella.

—¿El campesino que describen en La sonrisa sería el contraejemplo?

Gustavo: —Cuando compuse el tema pensé en rescatar la simpleza del hombre de campo que trabaja, se sacrifica y sonríe simplemente porque llueve. El tal vez sea más feliz que la gente que vive en la ciudad y mira televisión todo el tiempo. Es como volver positivamente a la fuente, a la tierra.

El afianzamiento de Nonpalidece no se acota a la escena local. La primera gira por Costa Rica —que compartieron con Resistencia Suburbana— le abrió puertas para transformarse en una banda “exigida” por rastafaris centroamericanos. En mayo, mientras salía el disco, viajaron otra vez a Costa Rica y pasaron por El Salvador. “Fue inolvidable —apunta Germán—. En El Salvador, la gente cantaba todos los temas cuando aún no se había editado el disco: Internet hace estragos (risas).” “Es muy loco ese país —-sigue Gustavo—; en la ruta vas viendo algo selvático, muy pobre, y de repente llegás a un lugar riquísimo, lleno de inversiones yanquis y policías con itakas. El contraste es enorme.”

—¿Se les complicó?

Agustín: —Un poco, porque para ir de Costa Rica a El Salvador tuvimos que atravesar Nicaragua en combi. Y como se tienen mucha pica esos países, nos paraban a cada rato y nos revisaban todo. Pero no pasó a mayores. No sé... alguien nos iluminó.

La última gira fue en octubre, a Brasil. La encararon con un micro casi propio. Un Mercedes-Benz modelo ‘85, dotado de 16 cuchetas, baño, televisión —¡y living comedor!— en el que además de viajar suelen festejar cumpleaños, jugar al play station o componer canciones. “Es como nuestra segunda casa —dice Gastón—. Hemos pasado muchos días arriba. En el viaje a Brasil viajamos como 40 horas y nadie se aburrió. El único drama fue cuando intentamos volver al país por Misiones: Gendarmería nos paró diez veces.”

—¿Qué música suena en el micro?

Pato: —Depende quién cope el grabador. Pero yo he escuchado de todo... Pantera, para que no se duerma el chofer; The Police, Massive Attack, mucho dub, música electrónica...

—¿Nacional nada?

Agustín: —Suena mucho Resistencia Suburbana y hasta se llegó a poner algo de Cerati.

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* Nonpalidece toca el viernes 24 en el Estadio Obras, Libertador 7395. A las 21.
Imagen: CECILIA SALAS
 
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