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Jueves, 25 de octubre de 2007

HORCAS PRESENTA “ASESINO”

Señal de resistencia

La banda insignia del metal apuesta a abrir cabezas y despotrica contra la tele: “Cuando los autos se pegan un tortazo, ponen Horcas. Cuando están por fusilar a uno, ponen Horcas. Cuando entran a reventar a un pibito a una villa, ponen Horcas”.

 Por Daniel Jimenez

La sala de Horcas está lejos de ser un santuario. Pero es difícil definir el papel que juega la imagen demoníaca de Osvaldo Civile desde las paredes. En fotos viejas, dibujos hechos por los fans, páginas de revistas. Osvaldito está en todas partes y se intercala entre banderas de Bob Marley y listas de temas que, por el paso del tiempo, hoy están amarillentas. Walter Meza se toma un par de minutos para observar toda la habitación en un lento giro de 360 grados. “Y... lo del loco fue fuerte, viste”, dice casi balbuceando mientras se detiene por un instante en una fotocopia color desde donde el desaparecido violero, en jeans, con el torso desnudo y guitarra en mano, desafía a la cámara con un gesto provocador. Toda una postal iconoclasta de la patria metalera argentina.

Walter ingresó a la banda como vocalista en 1997, luego de reemplazar a Cristian Bertoncelli, y se hizo dueño del micrófono. Hoy –junto a los guitarristas Sebastián Coria y Gabriel Lis, el baterista Guillermo de Luca y el histórico bajista Norberto “Topo” Yánez– resiste dentro de uno de los pocos referentes de peso que le quedan al heavy nacional.

Si no, saquen cuentas: Almafuerte, Logos, O’Connor, Tren Loco y... la nómina no se extiende demasiado. Si bien es imposible negar que existe una escena vernácula y que todavía quedan pibes que se calzan una coleta de tiburón o se deslumbran con el galope de Judas Priest o Soulfly, hay algo que es claro: por cada diez grupos de cualquier otro género que consiguen una mediana rotación en las radios de rock más populares del país, sólo uno de heavy accede a esa instancia. Y ni hablar de notas periodísticas o especiales en las señales musicales de televisión por cable.

Recostados en tres sillones que ocupan un pequeño living entre las distintas salas que comprenden este PH en Villa Devoto, Walter, Sebastián y Guillermo descansan del breve set que acaban de despachar para calentar las manos. Hoy no se ensaya. ¿Motivo? El resto de Horcas tiene eventualidades tan terrenales como organizar el mobiliario después de una mudanza. “Eso es para los que crean que todos los músicos viven en grandes mansiones. Acá todo nos cuesta mucho, por eso estamos orgullosos de estar vivos todavía”, cuenta Meza.

Vestidos de Civil(e)

Desde su ingreso, el quinteto ganó en convocatoria, las giras se hicieron cada vez más frecuentes y los discos –Vence, Eterno, Horcas, Demencial y Asesino, su último material– se sucedieron con una regularidad nunca antes lograda. Una misión que el combo se encomendó luego de la muerte de Civile en abril de 1999: mantener la llama encendida, caiga quien caiga. “Fuimos aprendiendo muy despacio. Grabamos con tipos re grossos y tuvimos un crecimiento tremendo que se nota en cada álbum, donde evolucionamos un montón. De ser una banda clásica del standard del metal argentino dimos un vuelco importante”, asegura el cantante. Coria refuerza la teoría: “Siempre apostamos a crecer un poco más, porque así es como se evoluciona. Si seguís en la comodidad de no mover mucho las cosas, tarde o temprano alcanzás un tope. Por eso hay que darles un espacio a los pibes que vienen abajo. Entiendo que es mucho más difícil para quienes hacemos este estilo soñar con tocar en Obras, pero nosotros lo conseguimos porque nos rompimos el culo. Sólo hay que convencerse de que se puede lograr”. Walter se revuelve en el sillón y suelta riendo: “¿Te pensás que yo imaginé estar tocando con Pantera o Metallica? Jamás. Y lo hice. Si perdés el sueño, perdés todo”.

Atravesar la década del ‘90 fue para Horcas como cruzar el Atlántico en una barcaza. Con la aparición en 1992 de Oíd mortales el grito sangrado lograron establecerse como uno de los exponentes más importantes de su especie, llegando a telonear a figuras internacionales como Kreator, Mötorhead, Iron Maiden y Exodus. Un año más tarde, una fuerte crisis casi deja al proyecto al borde del nocaut, debido al incesante cambio de miembros. “Toda esa década fue muy pesada. Desde 1989 hasta 1995 esto era un despelote. Que un día entraba uno, que al otro se iba, nunca se pudo mantener una formación estable y sólida, que es lo que te lleva a ser un verdadero grupo. Cuando vino Walter, la cosa se enderezó y pudimos ganar un respeto en el medio, el cual defendemos de manera terrible”, explica Sebastián.

La transformación

Desde que puso su voz en el tema Angus Young de Kapanga, Meza asegura haberse comido alguna que otra puteada de los fans más puristas por “venderse y tocar con esos fiesteros”. Al igual que sus compañeros, él entiende esta primavera rockera como una oportunidad irrepetible para dejar atrás las diferencias y generar un espacio artístico que sepa albergar a propuestas de distinto palo. Y para arribar a esas costas hay que vencer ciertas barreras: “Yo quiero seguir creciendo y no pretendo que el heavy metal sea un gueto cerrado donde nadie pueda entrar, ni salir. Porque eso conspira contra nuestra propia obra. Con los chicos hemos compartido fechas con A77aque, Turf, Divididos, Arbol, Catupecu y hasta con Karamelo Santo. Y hoy es posible porque todos fuimos creciendo, no como en los ‘90 que se armaban unas batallas campales. El que la vivió se debe acordar. Por eso es importante que Ricardo (Iorio), Logos, nosotros y los que vengan cambiemos un poco el mensaje y la estética grupal, sin necesidad de hacer algo más light”. ¿Light? Aquel desprevenido que le pegue una ligera mirada al track list de Asesino encontrará títulos poco optimistas como Pánico, Confusión, Revancha, Basura y Decadencia.

Nombres que refieren a la pequeña guerra que se libra todos los días en la esquina de cualquier barrio; fuente de inspiración de las historias mínimas que Walter vomita en papel. Para Coria, el tipo que curte la movida y “nunca se identificó con este tipo de canciones, miente. A mí me pasó de verme reflejado en temas que acompañaron mi pensamiento. Las letras que él escribe hablan de cosas simples, normales, que nos pasan a todos. Y la monada se siente representada con ese mensaje”.

Cosas rústicas

Meza se levanta para callar a un can endemoniado que ladra desde una habitación cercana, y aporta lo suyo: “Creo que en cierta forma lo que también nos impidió crecer en materia de difusión fue el hecho de cantar sobre cosas reales, y a veces la realidad no es tan linda ni tan agradable. Además, la gente se quedó en muchos casos con una imagen negativa que el heavy había cosechado en el pasado, que nos condenó a juntarnos y a bancar todo entre los que quedamos, porque nadie nos daba bola. El metal antes era más combativo porque era un momento muy especial y no se abrían puertas como sucede ahora, donde todo es mucho más pro”.

Guillermo lo grafica con un ejemplo tan simpático como cierto: “Antes, un asistente no tenía idea de cómo afinar una viola y lo único que sabía bien era traer la cerveza al escenario. Algo hemos mejorado, ¿no?”.

En los últimos tiempos, Horcas emprendió casi en silencio un periplo por distintos lugares de la Argentina, trasladando su música a rincones que jamás imaginaron y que en cada viaje les depara una sorpresa diferente. En Jujuy se toparon con una legión de metaleros que descendían la montaña en alpargatas para verlos y en la ciudad santacruceña de Gobernador Gregores tocaron para trescientas personas, a través de un concurso realizado por una radio local. “Les pidieron a los vecinos que eligieran un artista para que fuera a dar un show especial, y nos votaron a nosotros. Nos presentamos en un club muy chico y entre el público había abuelos con banquitos y familias enteras. Fue algo increíble”, se emociona el cantante.

Pero no hay anécdota en su historial que supere a la leyenda de la espada guaraní. Cuenta Seba: “Fuimos a dar un concierto a Paraguay, y cuando estábamos en pleno recital, veo a un tipo en medio del quilombo que empieza a revolear una espada gigantesca, al mejor estilo Highlander. Entonces alguien vino y se la manoteó. Yo pensaba que era de madera, hasta que en medio de un tema Walter me mira, se caga de risa y la clava en el piso del escenario, adelante mío. Ma... qué de madera, era de acero y medía como dos metros. Casi me muero” (risas).

Asesinos seriales

El quinteto se está preparando para presentar Asesino en El Teatro de Flores el próximo 17 de noviembre; extrañamente doce meses después de haberse editado. “La verdad es que arrancamos la gira y no tuvimos la oportunidad de tocar en Buenos Aires, por eso queríamos cerrarla acá, mostrando el nuevo material y haciendo un repaso de todos los discos”, acota Guillermo. Será una buena oportunidad para reafirmar el romance de la banda con su tribu. Antes de finalizar, Meza no puede con su genio y dispara contra los programadores de televisión que, lejos de ayudar con la difusión, vinculan la música de la banda con situaciones violentas sin derecho a reclamo: “Siempre pasa lo mismo. En programas como Carburando, cuando los autos se pegan un tortazo, ponen Horcas. En Comodines, cuando están por fusilar a uno, ponen Horcas. En Policías en acción, cuando entran a reventar a un pibito a una villa, ponen Horcas. Encima, cuando se lo están llevando, la cámara enfoca la pared... ¡y aparece un poster nuestro! Cuando lo vimos, dijimos: ‘Qué bonito, eh... Mirá la gente que escucha Horcas’”.

* Horcas se presenta el sábado 17 de noviembre en El Teatro de Flores. A las 21.

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