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Jueves, 18 de diciembre de 2008

CHUCKY, EL MUñECO FUNK

Chucky, el muñeco funk

La tapa de Concreto reproduce la entrada a una discoteca y adentro viene una bolita de espejos para usar de llavero. Con semejante iconografía, no caben dudas de que el nuevo disco de Chucky De Ipola viene bailable. Pero sí hay sorpresa: Andrés Ciro canta una versión en español de Superstition, el clásico de Stevie Wonder.

 Por Cristian Vitale

Emilio De Ipola es “Doctour es Lettres” de la Universidad de París y Licenciado en Filosofía de la de Buenos Aires. También sociólogo, investigador del Conicet, escritor de libros como Metáforas de la política, La bemba o Las cosas del creer, y Konex de honor en su rubro. Un intelectual de fuste, en suma, con beca Guggenhein incluida. Su hijo Miguel, en cambio, nunca terminó el secundario y lleva el sobrenombre de Chucky “por petiso y malo”. Así lo llamó Jamón, ex cantante de La Retiro, cuando el monstruito musical tenía 14 años y ya buscaba su destino: tocar teclados en una banda de rock. “Era pendejo y medio pillo... Encima coincidió con el estreno de la película del muñeco maldito, y así quedó”, cuenta él. Padre intelectual-hijo músico: ¿dónde está la astilla del palo? Chucky esboza una mueca irónica: “Grabamos un disco de tango juntos. Lo hicimos como hobbie y la experiencia resultó fabulosa. Mi viejo es una eminencia en lo suyo, pero también sabe cantar tangos”.

A falta de universidad, la escuela de Chucky fue el blues-rock. De La Retiro pasó a impregnarse del humo, el blues y el alcohol del Blues Special Club (“Llegué a zapar con James Cotton y John Prime, loco”, dice), después trepó a la barba de Miguel Botafogo en la época de Cambios; integró La Mississippi Blues Band durante cinco años –grabó con ellos Bit Hippie y Sietevidas– y trabajó para los Ratones Paranoicos, Rata Blanca, Guasones, Intoxicados y Los Auténticos Decadentes. Hasta que en 2003 llegó uno de los pases del año: Los Piojos anunciaban su incorporación. “En realidad, la intención de Guyot y Toth, que fueron los que me llevaron, era que grabara y presentara Máquina de Sangre en River, cuando metieron 70 mil personas. Fui a la quinta a probarme, la cosa salió bien y nunca me fui. En un momento traté de estar en La Mississippi y en Los Piojos a la vez, pero se tornó difícil y tuve que tomar una decisión. Creo que todo lo que aprendí en serio, lo aprendí con Los Piojos, arriba y abajo del escenario. Andrés (Ciro) siempre está muy pendiente de la parte visual. Es muy profesional”, rubrica.

Hasta acá, todo lo que Chucky provocó y cosechó en colectivo; pero hay un andarivel individual. No es sólo un tecladista amante del rock, el blues y el jazz, sino que tiene un costado electrónico. Por eso, su primera expresión sólida y sistematizada fue un disco al tono: Electronic Jazz. Ahora ese disco de 2004 ya no está solo en el estante: acaba de salir Concreto. ¿Continuación o ruptura? “La verdad es que la comparación es una tensión”, resuelve él. “Creo que Concreto es más leal a lo que me gusta.” Lo cierto es que el disco suena como una extensión más acabada de lo que Chucky provoca en el vivo de Los Piojos. Obvia preeminencia de teclados, claro, pero sostenida por una base (Luis Castillo y Pedro Colpachi) con un swing funky al borde de lo impoluto. “No se puede decir que el disco está mal grabado, ni que el arte es choto. En ese sentido está cubierto, después el gusto lo pone cada uno”, agrega Chucky, mirando de costado la portada: una idea de Jimena Díaz Ferreira que reproduce la entrada a un boliche en una cajita de cartón fino, con la típica bola de espejos arriba, utilizable como llavero. “Lo de la bola es porque siempre me gustó la música bailable”, ratifica.

Tantos escenarios compartidos con otros artistas le dejaron a Chucky una larga lista de amigos. Y muchos de ellos aparecen en Concreto. Juanse toca la guitarra en Algo especial, Débora Dixon le pone el tono justo a Let’s stay together (clasicazo de Al Green), y el propio Andrés Ciro tradujo al castellano y cantó Superstition, de Stevie Wonder. “Ellos no tienen por qué hacerlo, pero vienen y me ayudan. La verdad es que me gusta trabajar con músicos de varios géneros y conjugarlos en un disco que tiene un sonido, para mí, bastante homogéneo”, se ríe Chucky. “Está claro que no es un ensalada de cosas, tiene un hilo conductor: el trío de batería, bajo y teclado haciendo básicamente funk, aunque también hay componentes electrónicos y de música disco.” Además de presentar su disco, el tecladista tiene un futuro inmediato ligado a las últimas presentaciones de Civilización (Los Piojos cierran el Cosquín Rock) y la preparación de un posible disco con la banda para el año que viene. “No sé... Es cierto que el Changuito Farías Gómez y yo le cambiamos un poco el sonido al grupo, porque los teclados tienen una participación, pero es algo que se siente siempre como grupo.”

–¿Se te complica combinar tu labor solista con el trabajo que exige estar en una banda de tal envergadura?

–Ni ahí. No pasa nada, porque lo solista es algo que manejo yo sin una compañía detrás. Además, los pibes me apoyan. Al revés, quizás hasta me favorece, porque hay mucha gente que sigue a Los Piojos que viene a verme. Con uno o dos shows que haga por mes con mi grupo, está bien. Además, por Cromañón la cosa sigue estando difícil para tocar. Siempre llegás justeli con los gastos si la idea es dar un buen show en lo musical, en lo visual y en lo profesional. Y yo siempre cuido esos detalles.

* Chucky presenta Concreto Disco el 20 de diciembre en Bataclana, Corrientes y Sánchez de Bustamante.

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Imagen: Leandro Teysseire
 
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