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Jueves, 7 de enero de 2010

EL NUEVO PROYECTO DE ZUKER, LOPATIN Y PICCIANO ES “DURO Y BAILABLE”

El Poncho y la coca

Zuker dice que Poncho total es un disco pop que se puede tocar con guitarra criolla, aunque suene bastante a música electrónica. Y después Lopatín confunde: “Somos más punks que Kaiser Chiefs”.

 Por Luis Paz

Hace cerca de un año, Poncho empezaba a mostrar sus canciones; como no podía ser de otra manera, a los ponchazos. Sobremonte de madrugada, Javier Zuker y sus compañeros suben a escena, saludan, van a arrancar el set y se les corta el sonido. Luego de un rato, la cosa sigue su curso, pero no más de cinco minutos porque vuelve a cortárseles el sonido. Terminan como pueden, con la mitad de la gente puteando y yéndose a ver el set de Romina Cohn. Pero la música da revancha y, hace meses, hacen la presentación oficial de Poncho total en el Personal Fest, se dan el gusto de tocar con el productor Justin Robertson. Los aplauden sin chiflidos. ¡Está bieeeeen!

Pero, ¿qué es Poncho? A grandes rasgos, el nuevo proyecto electro-rockero de Javier Zuker (Zuker XP) en compañía de Leandro Lopatín (ex guitarrista de Turf) y Fabián Picciano, todos productores, compositores, intérpretes y programadores a la vez. Un proyecto “sin forma, sin concepto y sin dirección”, como admiten, o más bien celebran, en una terraza porteña.

–En un disco de rock hacés rotar las canciones, ponés publicidad y después vas y tocás, deseando que alguien cante tus letras. Con la electrónica, ¿cómo es esa dinámica?

Lopatín: –Es raro, la gente corea: “Tu-turú”, pero porque está acostumbrada al dance sin letra, a la electrónica de consignas. Para mí, Poncho total es un disco de canciones en formato pop que se pueden tocar con guitarra; y, es más, con una criolla.

Picciano: –El disco tiene sus componentes electrónicos, por supuesto, pero con melodías. Podés sacar los acordes y tocarlo en un fogón.

–Nah, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa...

Zuker: –Es que no sabemos qué cosa es Poncho, porque no hay una banda como Poncho en la Argentina y creo que en la región tampoco. Si me decís Daft Punk, OK, Daft Punk tiene canciones también: “One more time, lalalá”.

Lopatín: –No hay mucho en este formato, mucho no sabemos y entonces nos mandamos a hacer un disco loco, algo divertido que después tomara forma.

En esa locura, los Poncho destacan el mecanismo de composición. Dicen que caía Leandro con algo, o Javier con algo, o Fabián con algo, o todos con nada. Esto no es ninguna revelación, y menos desde la teoría económica de la división internacional del trabajo, pero siempre hay “alguien que sabe hacer mejor cierta cosa y entonces se lo deja hacerla”. Pero, aun así, para el trío “fue como armar un gran rompecabezas”.

–¿Por qué? ¿Llegaron a pelearse con pies de micrófonos contra el marote?

Picciano: –No, pero casi. Pero cada uno agarraba una parte y se la llevaba a su casa. La daba vuelta, le metía cosas, cambiaba la mezcla. De esa manera se armó el disco. Ahora, cuando escucho las versiones viejas...

Zuker: –Año setenta y...

Picciano: –(Risas) Nos llevó dos años lograrlo, pero aún es nuevo.

Lopatín: –Lo más importante de Poncho Total me parece que es que va para adelante, que hay cosas nuevas y un aporte que no existía en el rock. Se lo mostrás a un rocker y dice: “Es dance”. Y el clubber dice que es pop.

La imposibilidad de definir un sonido, creen algunos, hacen de él algo único y sobrecargado de información. Pero no siempre es así.

–Poncho Total no está lejos de una mezcla de synth pop con punk dance.

Zuker: –Pero eso si te ponés a catalogar algo. ¿Y para qué? A vos te sirve por tu trabajo, pero para mí Justice ni siquiera es dance. Es rock moderno llevado a la electrónica, más sinfónica y funk. Es un collage de cosas que las mezclan de un modo distinto y logran algo súper particular.

–Pero “particular” no significa que sea necesariamente algo nuevo.

Zuker: –OK, entonces digamos que no sonamos parecido a nada, que cada canción es un mundo aparte y que tenemos un concepto psicodélico. ¿Mejor?

–Por ahora, sí. Pero no es estar cebado contra Poncho, se trata de intentar comprender cómo se hace para bajar un concepto en un disco en el que las letras son lo menos significante...

Lopatín: –Y bueno, en ese caso, el groove es algo fundamental. Tenía que ser bailable, pero rockero. Y rockero no significa que tenga guitarras. Rockero es que no sea una mariconeada. El espíritu fue hacer algo duro y bailable, pero que a la vez fuera una experimentación loca, divertida y abierta, casi sin preconceptos.

Picciano: –Nunca nos dijimos que teníamos que ir hacia algún lugar determinado. Quedó lo que nos gustó a los tres. No hay punto de llegada.

Y sin embargo llegó con el aporte principal de Zuker, Lopatín (ya habían trabajado juntos en el Siempre libre de Turf) y Picciano, amigo del ex XP; con la producción de Justin Robertson (“lo elegimos porque sabíamos adónde íbamos”, entran en contradicción después) y las colaboraciones de un grupo tan heterogéneo de músicos que van desde Diego Arnedo hasta Luis Alberto Spinetta, de Banda de Turistas a Shannon Funchess, la vocalista de !!! Lo de Arnedo es lo menos sorpresivo: Zuker había tocado con Divididos y para Lopatín fue “siempre un ídolo”. Igual, el ex Sumo grabó montones de bajos en seis canales y lo que usaron fue ¡un loop! Algo parecido pasó con la Funchess: “Vino y grabó cincuenta minutos en el estudio, estaba chocha porque fue el día que ganó Obama, pero le dejamos un pedacito”, cuentan. Para Kansas, la búsqueda fue más fácil: “Me lo imaginé así, o con un coro de niños o con los Banda de Turistas, que es decir lo mismo”, tira Zuker. Y alrededor de eso, proyecciones psicotrópicas de Punga. Un combo loco.

–¿Y el contacto con Spinetta cómo fue? Porque es algo inhallable...

Zuker: –Fue el más jodido de animarnos a llamarlo; no sé cómo, pero pasó. De repente apareció en el estudio y decía: “Loco, esto es pura dinamita, ¿qué quieren de mí?”. Y nosotros: “Que seas el cantante de la banda”, cosa que obviamente no ocurrió, si no, estaría él respondiéndote.

Picciano: –Lo dejamos tranquilo, le pasamos las pistas y cuando nos las devolvió, nos puso los pelos de punta. Crecimos escuchando a Spinetta, al menos Zuker y yo.

Zuker: –Nos dijeron que es medio un pastiche, lo leímos, pero para mí lo bueno de la música es el intercambio. El remix es una visión de otro de tu música. Hendrix es una genialidad, pero, ¿cuántas veces te podés fumar Voodoo Child en tu vida? Me gustaría una versión remix de ese tema.

Lopatín: –Para mí, Poncho es mucho más rockero, hoy, que Hendrix. Le muestro a mi abuela el disco y me pide que lo saque, le pongo un disco de una banda de rock y me dice: “Qué lindo”. Somos más punks que Kaiser Chiefs, que le gustan a mi mamá y están todo el día arreglándose el pelo.

Es difícil saber si los Poncho están forzando un título o realmente se han convertido en un trío de nihilistas extremos. Lo más fácil y genuino es reproducir lo que dicen, tomándolo con transparencia. Cuando el NO les expone que, para el rockero de birra sobre el Marshall, será muy raro leer que Poncho es “rock” o “punk”, Lopatín retruca: “Lo entenderá algún día y si no, lo siento”. ¡Entonces sí buscan el entendimiento! “Proponemos cultura. La birra en un Marshall ya es cultura, no están en la esquina ‘wipiii’. A los que les anda la cabeza para bien, te dicen: ‘Qué copado lo que hacen’. Pero el que tiene la cabeza quemada te viene con ‘ehhh, viejaló’”.

–Este... mmm... ¿no estás categorizando ahora vos con prejuicios?

Lopatín: –No, ojo que agarrás un clubber con cinco pastis y tampoco te entiende.

Picciano: –Es divertido no entrar en ninguna categoría.

Zuker: –Poncho es como una movida ayahuasquera, celebración non-stop.

Picciano: –También de ahí viene el concepto del nombre, que da con esto de la ceremonia y la cosa festiva. Y un detalle es que el poncho es algo que no tiene una traducción.

Lopatín: –En Glastonbury te venden pilotines así: “¡Ponchou, ponchou!”.

Zuker: –Otra alternativa que manejábamos era General Paz, con el logo de un militar hippie. General Paz es re loco, es como Chiquita Legrand: ¿es “chiquita” o es “grand”, qué carajo? Como Luisina Brando y Luis Brandoni, esas cosas me dan curiosidad. Un amigo, de apellido Resola, le puso Soledad a la hija. Un hijo de puta: ¡cómo le va a poner Soledad Resola!

* Poncho toca el viernes 22 de enero, gratis en Arena Beach, junto a La Bomba de Tiempo.

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