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Jueves, 13 de mayo de 2010

VIVA ELáSTICO

90 a 210

La banda que en sólo dos años sedujo al indie tiene una pléyade de seguidores/as que se derriten por sus canciones y después se van a dormir con esos estribillos perfectos. “No teníamos en claro algunas cuestiones”, se sinceran.

 Por Julia González

Mil veces les dijeron que el sonido invoca a Don Cornelio y la Zona, cruzado con The Cure, matizado con el magnetismo de Federico Moura. Pero al escuchar detenidamente el disco y tratar de develar el porqué de la devoción hacia la banda nueva, se descubren un puñado de canciones que habitan en el inconsciente, pero que en boca de Viva Elástico se redefinen. Este cuarteto de Longchamps puede presumir de haber grabado un primer disco epónimo que conduce a la provocación constante de escucharlo en repeat. Las canciones, a caballo de la voz irreligiosa de Alejandro Schuster, encierran un código. La banda sorprende al dejar atrás el lo fi venerado por muchos en el indie, y apostar a un sonido hi fi.

En el momento de la grabación no había baterista, entonces usaron baterías programadas y samplers de otras canciones. “Está muy bien programado –cuenta Schuster –, el productor supo mezclar las cosas. Dijimos: ‘Va a sonar bien, las máquinas me encantan, hagámoslo con samplers’. Los discos que nos gustan tienen máquinas. Tratamos de darle el lado orgánico, no es tecno.” La voz, que a veces susurra, es intensa y nihilista, y lleva adelante melodías contagiosas, con guitarras espaciales que seguramente son reminiscencias de ese pasado noventoso. “Son canciones bastante clásicas, cierran. Son lindas canciones y le pueden interesar a cualquier persona. La idea es no levantar una bandera de nada”, dice Mateo Zabala (guitarra). Entonces Ale (guitarra y voz), principal compositor de la banda, completa el concepto que ellos entienden como libertad: “Queremos llegarle a un ama de casa, a un empresario, a un deportista, a un chico que le gusta hacer música, que sea algo que identifique a nivel general, que sea para todos”.

Y la banda, que en sólo dos años sedujo al indie, aunque buscara la madurez, ganó por fresca. Los pibes los siguen con fervor, saben las letras –que derriten a las chicas y gustan a los chicos –, y después se van a dormir con esos estribillos perfectos. “Viejo disco noventoso, sonás en mi cabeza hoy, como canción de radio, como hit del momento”, canta el cuarteto del sur, que opta por el sonido de los ‘90. Es posible que, dos décadas después del grunge y el brit pop, se desprenda cierto aire arcaico. Pero el lenguaje es actual.

Mateo se ufana de ser el primer fan de las canciones que Alejandro componía cuando aún iban al secundario. Así empezaron a tocar, a componer, a soñar con la banda de rock como cualquier púber. Más tarde se sumarían Santiago Pacek (bajo) y finalmente Felipe Muslera (batería). Como todos los procesos llevan su tiempo, en aquel comienzo, con Marina Huberman aún en la batería (actual La Ola Que Quería Ser Chau, ver la otra nota), la banda cayó en la de “Pomelo rockstar”. “Si seguíamos con esa actitud, no íbamos a ningún lado. No teníamos en claro algunas cuestiones. Estábamos contentos porque tocábamos y estaba todo bien”, se sincera Mateo. “Venía un periodista a vernos y nos comíamos esas cosas boludas, éramos cero serios”, dice Ale. Entonces se pusieron las pilas y afrontaron su música desde otro lugar. Hoy reconocen la recepción que lograron y no piensan desperdiciarla. “Le puede pasar a cualquiera que un día salgas borracho a tocar. Pero hay otra esencia, la búsqueda es hacer música, que es lo que nos gusta. Queremos aprovecharlo y no comernos ningún mito”, cuenta Ale.

* Viva Elástico toca el sábado 15 de mayo en Salón Real (Sarmiento 1272) con Utopians, Shaman y Los Hombres en Llamas y Mujercitas Terror; también en el Festipulenta.

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Imagen: Cecilia Salas
 
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