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Jueves, 9 de septiembre de 2010

THE ADICTS PRESENTA EL NUEVO LIFE GOES ON

“LA PASAMOS MUY BIEN”

No vinieron durante 35 años, y de pronto vuelven un año después de su primer show en Buenos Aires, a presentar un nuevo disco. The Adicts invade nuevos mercados.

 Por Mario Yannoulas

La voz de Monkey Warren no coincide con la de un tipo que se pinta la cara y les tira confeti a personas vestidas con cuero y tachas. De bajo volumen y parcas palabras, más bien se corresponde con la de un tipo tímido, tal vez de esos cuyo tránsito por la Tierra pasa medianamente inadvertido.

Treinta y cinco años al frente de The Adicts no parecen haberle moldeado la personalidad. Pero sus inflexiones secas sí concuerdan con el aura melancólica de los payasos y los mimos, que sólo saben esperar el momento de su acto. En las entrevistas, siempre habla del “escapismo” como un fundamento, una de las tantas vías por las que se mueve su música, y que cobra sentido cada noche que toca con su banda. “Al día siguiente, cuando la diversión se terminó, uno puede levantarse y llorar o ponerse a pensar en qué va a hacer esa noche, porque cada noche es una fiesta con The Adicts. Somos personajes nocturnos, especialmente cuando estamos de gira”, cavila el cantante.

“La pasamos muy bien”, es otra de sus frases de cabecera. A solamente un año de su primera visita a Buenos Aires, en la que dice haber conocido poco y nada de la ciudad, decidieron volver. Aquel debut fue una de esas noches destacables del under porteño, porque resultó todo lo divertida que prometía ser: no fue una triste parodia de otro tiempo sino una auténtica fiesta.

Esta vez el quinteto de Ipswich devenido septeto desembarca con nuevo disco bajo el brazo, el primero en cinco años, editado el año pasado tras su visita a Sudamérica y llamado Life Goes On, es decir: “La vida sigue”. Poco se apartan de su característico estilo de punk británico festivo: “No encuentro demasiada diferencia entre este disco y los demás, sólo que experimentamos bastante más con el sonido, algo que no es muy común en el punk rock”, devela Monkey, que se extiende un poco más acerca de la frase que da nombre al disco: “Es una especie de reflexión de cuando uno se acuesta, así haya sido un día bueno o malo. Puede ser un mensaje para cualquiera, incluso para nosotros mismos. Todo sigue, y así es que pudimos sostenernos juntos durante treinta años”.

Con la reedición y regrabación de su clásico disco debut Songs of Praise, álbum de 1981 que originalmente habían grabado y mezclado en apenas veinticuatro horas en forma independiente, los Adicts parecen haber llegado a una relación armoniosa con su sello discográfico. Hace unos años, Monkey dijo en una entrevista que lo único que sabe es cuándo saltar y cuándo tirar papel picado. “No toco ningún instrumento, ni tengo demasiada preparación. Todo lo que hago es espontáneo, pero toma mucho trabajo ser la persona que ensambla todo ese show. La realidad es que no me considero un músico sino un performer que está en una banda y canta”, despeja desde su casa en Los Angeles, donde vive junto a su esposa desde hace quince años.

Cuando surgió como grupo, en la cresta de la irrupción del punk en Inglaterra, los miembros de The Adicts se aburrían con la pesadumbre de sus colegas contemporáneos. Así que resolvieron divertirse con el punk, vestirse de blanco como Alex y los droogos de La Naranja Mecánica, y Monkey empezó a pintarse la cara para subir al escenario, cosas que todavía hoy hacen. Pero hoy Monkey ya no piensa en ser especial. “Teníamos cierta mirada crítica sobre las bandas contemporáneas a nosotros por ser tan serias, pero ahora les tenemos mucho respeto y creo que nos respetan también, así que podemos ir a ver un show de ellos, y al revés. Simplemente pensamos en hacer un buen show, y en que el próximo sea el mejor.”

Así como el tiempo limó las diferencias con aquellas bandas que se tomaron más en serio el género, Monkey duda acerca del posible mensaje que el punk pudiera transmitir en la actualidad. “No sé si quedó algún mensaje en el punk ahora. Se fue transformando en otro elemento del mainstream, forma parte de programas de televisión, propagandas... no creo que haya quedado alguna creencia en particular, sí un sonido y una forma de tocar. Es un estilo de música hecho por profesionales y discográficas. Me parece que el mensaje se empezó a perder en algún momento de la década del ‘80, con nuevas camadas que respetaban las formas, pero no decían demasiado”, concede, sincero.

Nada de esto les impide a los Adicts, una de las pocas bandas que puede golpearse el pecho y decir que conserva la misma formación desde hace tres décadas –sólo se sumaron un tecladista y un violinista–, seguir el camino emprendido en los ‘70. “Antes de empezar con la banda era un punk sin causa, pero ahora sí tengo una causa, que es hacer mi trabajo: cantar en los conciertos, hablar por mis compañeros. Estar en la banda sigue siendo terriblemente divertido y emocionante”, confiesa Monkey. Esa misma alegría le dio sentido a una gira reciente junto sus correligionarios alemanes de Die Toten Hosen.

–¿Quiénes son más divertidos, Die Toten Hosen o ustedes?

–Ah, nosotros (risas). Hablando en serio, su show es muy profesional, tienen todo organizado, orquestado... son cosas que no vas a encontrar en un concierto nuestro.

* The Adicts se presenta este domingo en The Roxy Live Bar, Niceto Vega 5542. A las 18.

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