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Jueves, 29 de diciembre de 2011

EL AMOR

Imbecilidad transitoria

 Por Lucas Kuperman

¿Qué es el amor? Tal vez uno de los sentimientos más antiguos disfrutados (o creados) por el hombre. Fuente de inspiración de cuanta frase, canción, disco e intento de suicidio, el amor funciona de manera singular. Para algunos, esa especie de “imbecilidad transitoria” como la definía Ortega y Gasset, no es más que una serie de reacciones químicas que atraviesan el cuerpo: secreción de feromonas, pelos erizados, y el corazón machacando fuerte cual riff de Megadeth.

La adolescencia puede ser un momento complicado para el amor. Aparece el acné para librar una de las batallas más fieras contra el amor. Los bien denominados “pornoco” llegan para adueñarse de todo intento posible de acercarse al sexo opuesto. En una época donde es más fácil entrenar a un hámster asesino que conseguir el ansiado debut sexual, el acné hace las cosas todavía más complicadas. Cremas, pomadas, ungüentos, pociones de aloe vera, alcohol, hermanas y madres peleándose por exprimir esas pústulas pusientas, y dermatólogos haciéndose un festín sobre tu cara, intentan detener ese avance oleoso.

Ante la adversidad existen artistas con la genialidad necesaria para transformar ese malestar en canciones. En esos años granulientos, los Rolling Stones grabaron sus primeros covers dedicados al amor, Nirvana compuso About a Girl y los Arctic Monkeys hicieron su primer disco con más granos a la vista que experiencia sobre un escenario.

El mismo amor, o más bien el desamor, puede lograr que el ser humano llegue a excesos inimaginados, tanto mentales como físicos y compositivos. Un desamor puede hacer que George Harrison, el beatle menos reconocido y no por eso menos genial, le escriba una de las declaraciones de amor más grandes jamás concebidas a su guitarra con While my Guitar Gently Weeps, que un joven David Gilmour cante desconsoladamente Wish you were here o que los mismísimos Led Zeppelin se despedacen con Heartbreaker.

Del amor francés reclamado por el Indio Solari en sus épocas de Ricota a la Terapia de amor intensiva de Soda Stereo, de Canción de amor para Olga de Spinetta y Tu amor de Charly García a las eróticamente divertidas letras de unos adolescentes Illya Kuryaki and the Valderramas, Babasónicos y Miranda!, antecedidas por unos Ramones melosos con Baby I Love you, o uno de los últimos gritos desgarradores de Kurt Cobain en Where did you Sleep Last Night, nadie está exento del amor. Nadie, salvo el honesto payador rockero Zambayonny, que en cuanto al amor pudo dejarlo todo. Todo menos la paja.

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