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Jueves, 12 de enero de 2012

MOSTRUO! AL ACECHO

“Nunca nos vamos a tomar en serio al rock”

Después de emerger como banda revelación y sumar la buena onda de Gustavo Cerati, el cuarteto platense lanza su tercer disco, Perfecto, una mezcla justa de ironía y reflexión, sin canchereadas.

 Por Juan Barberis

Ahí, puntualmente ahí, descansa la evidencia más notable. La canción se llama Las cosas que fueron antes y brota del disco como un acierto en 3D. En esa balada autorreferencial, sentida, algo melosa, pero cargada de belleza, Mostruo! revela de lleno su nueva intención: una versión madura y consistente de aquel chiste en permanente estado de gracia que llegó a interesarle hasta a Gustavo Cerati, el padrino bienintencionado que hasta el día de su accidente cerebrovascular estuvo decidido a darles una mano. “Ahora no nos reímos tanto”, avisa Lucas Finocchi, uno de sus guitarristas y cantantes. “El humor para mí está, eh, nosotros nunca nos vamos a tomar en serio al rock. Pero acá aparecen otro tipo de canciones que son más autorreferenciales o buscan ser más poéticas. Y ahí tenés que quedar expuesto, correr un riesgo; no podés hacerte el canchero siempre.”

Desde sus inicios, Mostruo! fue una mezcla llamativa de tradición e irreverencia. Tiene sangre (Kubilai Medina, guitarra y voz, es hijo de Alejandro Medina de Manal) y también historia reciente (Federico y Luli Mutinelli, bajo y batería, respectivamente, conformaron la base rítmica de Peregrinos, que más tarde sería Estelares, banda para la que Luli grabó en sus dos primeros discos). Sin embargo, con la ciudad de La Plata como referencia omnipresente, lo de este cuarteto escapa incluso a los guiños artísticos más abarcativos de la ciudad universitaria. No hay líder, poco ego, poca presión. Por eso todo parece haber surgido con la gracia de un buen chiste: Grosso –su primer disco, de 2007, y que los llevó a figurar alto en encuestas de fin de año, tocar, gustar y viajar– salió casi sin querer, producto de una zapada inspirada, pero caótica. Dos años más tarde, La nueva gran cosa aprovechaba el envión desde un título tan irónico como sugestivo, aunque con resultado dispar. Perfecto es, ahora sí, el intento más craneado y convincente, una mezcla justa de rock clásico y setentoso, con algunos toques funk y baladas valvulares de tono existencialista en donde dialogan los graves de Finocchi con los agudos al cielo de Medina: una de las duplas más atractivas de la escena emergente nacional.

“Nosotros no tenemos nada que ganar sacando un disco, entonces si no nos gustara, si fuera peor que el anterior, no tendría sentido: no lo sacamos y no pasa nada”, explica Federico, el mayor de los Mutinelli. “Después de siete años de estar juntos, tenemos muy en claro por qué lo hacemos. Sin hacer sandeces, como volver a vestirnos con trajecitos... Eran huevadas, pensábamos que esto no iba a durar.”

–Fueron mutando el tono de sus canciones... ¿Les incomoda alguno de los temas viejos?

Lucas Finocchi: –Sí, por ejemplo nos pasó con Si probás, no parás, del primer disco, que es como un chistecito punk que era gracioso, pero ya no. Y después otro que se llama Piel de 20 años, que la tocamos cada vez menos. ¡Es re pajera! Pero, bueno... en el momento tenés ganas de hacer ese chiste y lo hacés, y después dejás de estar de acuerdo con vos mismo. Hay cosas que en determinado momento no te identifican más y está bueno, porque si no te pasara eso, serías un boludo.

–Cerati ayudó mucho para dar a conocer a la banda. ¿Cómo se dio esa relación?

Federico Mutinelli: –Le llegó un disco nuestro y le gustó. Nos invitó un par de veces a tocar con él, pero por diferentes cuestiones nunca se dio. Después nos invitó a ver la vuelta de Soda, fuimos a la cancha gratis, y pasaron nuestro tema Dios para todo River. ¡Se nos cayó el ojete! Como no teníamos aspiraciones previas, todo eso fue un regalo...

L.F.: –La última vez que lo vimos fue justo antes de la gira en la que tuvo el accidente. Tocamos en el bar Ultra y él estaba ahí. Hablamos un rato y me pidió mi teléfono. Ja, muy gracioso: Cerati anotando mi número. Quería que toquemos juntos, un gesto muy piola del flaco, porque si a alguien le pueden dar una mano a una banda, es dándola a conocer.

–Siempre renegaron de algunos cuestiones vinculadas con el rock. ¿Qué cosas los cansa de tener una banda?

L.F.: –Siempre nos reímos mucho del mundo del rock y eso nos impide ser parte de él, en algún punto. Nosotros tenemos nuestro propio vínculo, establecemos los canales por donde nos gusta andar, armamos nuestro propio circuito. Cuando empezamos, vimos muchos boludos. “Vamos a andar en limusina dentro de dos años”, me dijo un salame. Nosotros somos gente que labura de otras cosas, no necesitamos que esto nos dé de comer, y eso ya te pone en otro lado. Y por suerte estamos relajados: ninguno de los cuatro está queriendo hacerse amigo de Dárgelos. Es tan chiquita la industria del rock y tan obvia, que si vos te la querés comer, la verdad es que es una elección tuya. n n n

* Mostruo! toca el sábado 28 de enero en Pura Vida (78 y 61, La Plata). A la medianoche.

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Imagen: Cecilia Salas
 
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