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Jueves, 1 de marzo de 2012

ROBERT SMITH

“No vivimos a la luz de las velas”

Septiembre de 1996. Los talibán –por entonces, financiados por los Estados Unidos– toman el poder en Afganistán, los Smashing Pumpkins arrasan en los premios MTV, los Ramones se disuelven y el líder de The Cure, Robert Smith, en plena promoción del álbum Wild Mood Swings, recibe al NO en Orlando, a pasitos de DisneyWorld, el parque de diversiones menos dark del mundo:

 Por Eduardo Fabregat

“Cuando era chico imaginaba mi vida tocando con mis amigos en una casa; y este año pude hacer realidad ese sueño. Inclusive estábamos tristes por haber terminado la grabación. Este ha sido el mejor año que tuvimos con la banda, probablemente uno de los mejores de mi vida. Hasta pensamos en comprar una casa e irnos a vivir todos juntos. Pero también teníamos claro que había sido especial porque había sido sólo un año. En este álbum fue más importante la hechura del disco que el resultado en sí. En el pasado predominaba el material, en esta ocasión fue más importante disfrutar hacerlo.”

–Pero, más allá del trabajo en grupo, queda claro que seguís siendo el líder.

–Sí... Si todos están de acuerdo en algo particular, pero a mí no me gusta, no se hará. No suena muy simpático, pero bueno... es mi vida. The Cure es la manera en que me expreso desde que tengo 17 años. Al menos, ahora escucho.

–Cuando llegaste al hotel de San Pablo te encontraste cara a cara con un pibe que estaba vestido, maquillado y peinado exactamente como vos. ¿Qué te produce semejante muestra de fanatismo?

–Siempre creí que en esos casos no se trata de alguien que quiere ser yo sino alguien más, algo que va más allá de The Cure. Es difícil de entender, encontrarse cara a cara con algo así. Es algo a lo que, de alguna manera, me acostumbré. Ya no me enoja como solía hacerlo, tengo otra actitud, de tomármelo con más calma. No sólo el aspecto externo, alguien que se ve como vos, es algo más extraño. No puede entenderlo, es como una tercera persona, alguien que quiere parecerse a mí, pero termina siendo otro.

–En la Argentina, la presentación de The Cure en 1987 es recordada como una de las peores experiencias de la historia del espectáculo, aunque no por la labor de la banda. ¿Qué recuerdos tenés de eso?

–(Se ríe) Realmente fue atemorizador. Estaba en el backstage y escuchaba gritos y ruidos de vidrios rotos, y veía algunos fuegos, y me preguntaba: “¿Qué mierda está pasando?”. Nos decían que alguien había muerto, un vendedor de panchos, había policías en el camarín, 500 o 600 personas en el backstage, sólo ahí, dando vueltas. Estaba bastante asustado porque no había nada que pudiera hacer, estaba ahí y todo parecía irse al demonio. Cuando fuimos al escenario, salí preguntándome: “Ahora, ¿qué va a pasar?”. Fue un concierto muy duro. Era la primera vez que estábamos ahí, y queríamos hacer un buen show. También nosotros nos llevamos un mal recuerdo, aunque por razones equivocadas.

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