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Jueves, 2 de agosto de 2012

CINE GORE / BIZARRO I: MUTAZION PRODUCCIONES

Punk Cine

“Defendemos la idea de hacerlo vos mismo en el cine”, dicen los creadores de las películas Mutazombie, Mocosis y Marihuana Radioactiva Interplanetaria, cuyos nombres ya hablan bastante del tipo de obra que filman estos muchachos.

 Por Luis Paz

La más notable incursión argentina en el cine punk está financiada por Juan Domingo Perón. No se trata de que el General haya destinado parte del arca estatal a un desarrollo científico destinado a su congelamiento, posterior resurrección e inclusión, como estatista zombie, en una de ciencia ficción. Es que si no fuera por el decreto-ley 33.302, de 1945, que Perón dictó como secretario de Trabajo y Previsión, las películas de Mutazion Producciones no habrían existido. Se trata de la disposición que determinó el pago de aguinaldos. “Nuestro cine es punk por la actitud de romper las bolas con la que lo hacemos y el bajo presupuesto. Mientras que una película nacional cuesta alrededor de dos millones de pesos, nosotros gastamos dos o tres mil pesos en una”, revela Marcelo Leguiza, suerte de compositor de esta eventual banda (de cine) punk del under, apegada al lo-fi, con catorce años de carrera y tres obras de larga duración que financia su arte gracias a los aguinaldos de sus miembros.

“Defendemos la idea de hacer vos mismo lo que querés. ¿Querés hacer un fanzine? Hacelo. ¿Un disco? Hacelo. Nadie te va a venir a tocar el hombro y ofrecerte poner la guita para tu disco o tu película”, asegura. Mutazombie, Mocosis y Marihuana Radioactiva Interplanetaria, las tres obras que ya proyectaron, fueron realizadas bajo ese paradigma. También Sonríe, su incursión en el cine snuff, que presentarán próximamente, y que completará el arco estilístico de Mutazion, que ya hizo su excursión por el cine de zombies (en su debut), de aventuras de acción y de “humor flashero” con el espíritu de Scooby Doo (la cannábica). “Buscamos que nuestras películas tengan la estructura y la velocidad del comic. Y queremos generar dentro de Mutazion un universo de personajes que vayan apareciendo en las sagas de estas películas y en las nuevas, a la manera del universo Marvel”, cuenta el autodefinido “freak” Leguiza, también camarógrafo y realizador televisivo e “industrial”.

Mutazombie ha estado dentro de la industria musical (Darío Estelrich, actor y jefe de producción, fue baterista de Atómika), la de las comunicaciones (Leguiza y el artista sonoro Oscar Pata tuvieron su primer contacto como compañeros de trabajo en un cyber) y la del arte digital (Enzo Giordano, además de fanático de series “reality” sobre camioneros, trabaja con efectos especiales). Pero no de la industria del cine. “Trabajamos por fuera, como las bandas under”, define Giordano. Y Leguiza aporta: “Me parece que la industria del cine, las universidades y el Incaa no saben que existimos. Es una movida de tres o cuatro mil personas la nuestra, entre productoras, distribuidoras y sobre todo seguidores del cine de género y el cine punk. Pero si voy a la UBA y hablo de determinadas cosas, no sé si las conocen los estudiantes de cine. Así que no puedo plantear a Mutazion desde un lugar industrial. La única diferencia a cuando empezamos (en 1998) es que ahora lo que hacemos está multiplicado por las redes sociales y una serie de comunicadores y programadores del palo”, indica.

Al circuito de cine de género, en el que despuntan ya florecidos los festivales de Cine Inusual y Rojo Sangre, Mutazion aportó, enrededor de las productoras SRN y Sarna, la Semana del Cine Punk, que debutó el año pasado y demostró la existencia de un circuito alternativo incluso a lo que ya se muestra como alternativo. “No tenemos la postura Bafici de hacer la diferencia entre el cine de culto y el cine industrial. A mí me caben lo mismo una de Trapero que una de Stallone. Lo que pasa es que, mientras el cine independiente y el industrial hablan de nosotros como ‘cine hippie’, nosotros hablamos de ‘cine punk’, porque venimos de ese palo”, argumenta Leguiza. “Tampoco nos hubiéramos mantenido catorce años haciendo esto si no fuera porque nos gusta. No hay plata para ganar, pero quizá recibís un mail de un ruso que dice que le encantó tu película y eso garpa todo.”

En esa empresa, Mutazion buscó inmiscuirse en las financiaciones vía crowfunding. “La gente de Idea.me nos invitó a participar. Nos fue como el orto. Al comienzo, iba muy bien y parecía que con eso íbamos a financiar Marihuana Radioactiva Interplanetaria II. Pero apareció un documental sobre un tipo que iba a correr alrededor de todo Uruguay para juntar guita para un trasplante de médula. ¡Qué le van a dar la guita a unos que quieren hacer una película de clase B! Nos fue remal, pero que quede claro que no estamos en desacuerdo con el trasplante de médula, eh”, pide Giordano. Igual, cantidad de personas han aportado a que Mutazion pudiera realizar y distribuir este cine suyo, que intenta profesionalismo y calidad pese a los escasos recursos económicos, que tiene mucho de cóctel de cultura popular y sabor subterráneo, inyectado de sangre, porro y adrenalina. En Sonríe, por ejemplo, participaron unas cuarenta, cuando el núcleo técnico es de sólo seis o siete. Y hasta hubo una familia de remiseros aportando al comienzo: “Era una madre y un hijo remiseros. A la madre la conozco desde chico y al principio no nos cobraba. Pero empezó a cobrar y el hijo ya no nos atiende el teléfono”, se entristece y sonríe, justamente. “Igual, son dos genios”, saluda Leguiza.

Alguna vez intentaron hacer una peli con dos mil pesos. Otra, hacer una en tres días. En dos. Pasos próximos serán intentar lograr hacer un largometraje en solo un día de filmación. “Además, cuando te vas dos o tres días a filmar, tu pareja se piensa que te vas de joda”, sustenta Esterlich. Y más allá en este cosmos mutante, aparece el lejano planeta de un multimedio: “Siempre quisimos hacer algo de animación —acepta Leguiza—, y tenemos la idea de armar una radio y trabajar más con el online como productora. Pero hemos hecho cortos con veinticinco pesos, así que no llegaríamos a hacer un multimedio como el proyecto Vorterix. La guita apenas daría para hacer un ‘Vor’, un ‘Vo’ o un ‘V’”.

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Imagen: Cecilia Salas
 
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