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Jueves, 9 de agosto de 2012

NUEVO DISCO DE RUBIN

Cátedra libre

Entre Los Campos Magnéticos y sus clases de música en Rock & Pop, Sebastián Rubin analiza Más, su nuevo disco junto a Los Subtitulados.

 Por Juan Barberis

”Si yo viviera de las hermosas canciones que hago, ¿me achancharía?”, se pregunta con algo de gracia y miedo Sebastián Rubin antes de intimar a que coman de su plato porque la milanesa con papas al horno que se pidió está buenísima. Sentado en algún bar de Villa Crespo, el nervio central de Rubin y Los Subtitulados analiza en estado de sobremesa las probables vicisitudes de un futuro perfecto y rápidamente se responde: “Por ahora no llegué a ese lugar. Estoy haciendo el esfuerzo por sacar discos más lindos, con mejores canciones y que me exciten. Cuando eso deje de pasar, nos pondremos un parripollo en Bernal”.

Hace algunas semanas, Rubin editó junto a su banda Más, el quinto disco de estudio de este proyecto que comenzó como una historia unipersonal tras la separación de Grand Prix, su grupo anterior (bólido todoterreno que tras lograr homéricas recorridas por España se desintegró, dejando a su paso una estela de puntos suspensivos), y que terminó decantando en una verdadera banda de rock, homogénea y creativa. Tras la experiencia de Desayuno de campeones, lanzado en 2009, una obra que explotaba al máximo las dicotomías entre bases alegres y poperas y letras oscuras, de ruptura e insomnio, Rubin y Los Subtitulados hizo el intento con un cambio sustancial. Básicamente, la formación (que se alimenta con músicos de bandas como Superextra, Mentalistas y Sacoman) asumió el desafío de componer en conjunto en la sala de ensayo, destruyendo por completo las maquetas iniciales que traía el cantante y reconstruyendo las canciones en un proceso colectivo de creación tan parecido a la democracia. “Lo que teníamos en claro era que queríamos que fuera un disco tocado en vivo, que tuviera la menor cantidad de overdubs, la posibilidad de grabarlo en tres o cuatro días y que estuviera todo ahí”, detalla Rubin con pasión. “Y esa limitación terminó resultando un acelerador, porque hubo más espacios, se asumieron responsabilidades distintas, se generaron sociedades en cada tema y fue realmente un proceso hermoso.”

Después de algunos meses de trabajo en la sala de ensayo sobre el sonido y la composición de los nuevos temas, Rubin y Los Subtitulados se metió en los míticos estudios ION para terminar de testear y plasmar esta nueva dinámica. “Me parece que en algún punto había dos bandas que para nosotros resultaron fundamentales en cuanto a su forma de trabajar: The Band y Wilco. Para mí son dos casos icónicos, porque miran hacia atrás, tienen bagaje y respeto por lo que vino antes que ellos, y lo sacuden, lo mezclan, y lo llevan hacia adelante. En algún punto, toda esa influencia que teníamos nosotros cinco la intentamos procesar de la misma manera, aunque sin sonar a ninguno de esos dos casos.”

Y en plan de reafirmación y solidificación de una identidad para la banda, como las de esas que Rubin menciona, el proceso de Más tuvo algunos guiños radicales. Por ejemplo, nada de invitados, nada versiones ajenas, nada de meses enteros adentro de un estudio. Ni siquiera la gente cercana estaba al tanto de lo que ahí estaba pasando. “No se lo mostrábamos a nadie”, confirma Rubin. “Era un riesgo, porque no sabíamos a dónde íbamos a terminar. Todo el tiempo pensábamos: ¿esto que estamos haciendo es una porquería o es genial? Esa incertidumbre estaba buenísima, porque nosotros, en el fondo, estábamos superconvencidos. Y lo seguimos estando.”

El resultado, finalmente, es contundente. Detrás de esa picaresca gracia pop de Rubin para la síntesis de estados y situaciones, que va del melodrama profundo a los festejos agridulces de un perdedor nato, Los Subtitulados emerge como una fibrosa orquesta de rock, un quinteto que pone en situación de prueba constante la esencia cancionera de su cantante, entre distorsiones y algún que otro estribillo suprimido. “Este disco no podría haberse grabado por otra banda: es un disco de Rubin y Los Subtitulados”, aclara. “Hoy somos un equipo que sale a jugar y que no siempre hace las mismas jugadas. Es esa cosa de tener una banda como si tuvieras 20 años, con la experiencia de haber tocado 20. Eso para mí es una ventaja tremenda y tengo que sacarle provecho. Este proceso lo definimos con la palabra ‘disfrute’.”

De su formación musical, Sebastián Rubin menciona: lecciones de guitarra eternamente interrumpidas, clases de canto y piano y, por sobre todas las cosas, el estudio intensivo de... discos. Melómano asumido, comprador precoz, fue almacenando un bagaje musical amplio, con algunas preferencias bien marcadas. El caso más significativo fue el de Magnetics Fields, banda que le despertó tanto interés que, junto a colegas amigos como Alvy (Singer) y Nacho (de Onda Vaga), decidieron armar Los Campos Magnéticos, una criolla y acústica orquesta dispuesta a recrear el repertorio de la banda de Stephen Merritt. Para Rubin, esto resulta un ejercicio complementario y enriquecedor. “Siento que son como el yin y el yang”, dibuja en el aire. “Los Campos me dieron libertad. Había un montón de cosas que yo dejaba de lado con Los Subtitulados, consciente o inconscientemente. Estudiar un repertorio tan en profundidad te hace descubrir cosas que no sabías que te salían bien, te hace ver distintas formas de construir una canción y optar por determinados instrumentos que podés usar... Para mí es muy enriquecedor y este disco no hubiese sido lo mismo sin ese proyecto.”

Pero, entre Los Subtitulados y Los Campos Magnéticos, sí: Rubin ahora también adoctrina. “Se puede educar, se puede tener una voz muy privilegiada y se puede ser muy buen mozo”, lo presenta todas las semanas un separador de Rock & Pop cuando se pone al frente de “La cátedra del Señor Pop”, su propio segmento radial en Gente Sexy (programa conducido por Clemente Cancela y Santiago Calori) en donde desempolva canciones de todos los tiempos y las toca en vivo. En una sobremesa navideña, donde coincidió en un mismo ambiente con Cancela, surgió esta idea de música y data. Porque Rubin tiene la idea de que todas las canciones son iguales, lo que cambia es un acorde. “Lo que estoy haciendo ahí es funcionar como un hermano mayor que te muestra un disco cuando tenés 13 años”, dice y reconoce: “Además, así se genera un poco de publicidad genuina y de la buena para mi proyecto, y eso es algo que no tiene precio”.

Gracias a eso y, claro, a nueve discos editados hasta el momento, Sebastián Rubin luce radiante y excitado. Como cuando aleja el plato y regresa al punto, para concluir reflexivo y satisfecho: “Este disco viene con una energía superpositiva, todo el proceso fue muy feliz. Realmente logramos esa sensación de ‘más’, de ‘más mejor’, como diría Minguito. Lleva mucho tiempo llegar a darte cuenta de qué es lo importante y qué no, y con qué cosas hacerte mala sangre y con qué no para generar un ambiente lindo de trabajo. Una vez que llegué ahí me quiero quedar un rato largo, como cuando el agua de la bañadera está con la temperatura justa. Este es el momento de disfrutarlo”.

* Rubin y Los Subtitulados toca el próximo viernes 10 de agosto en Roxy Live (Niceto Vega 5542). A las 22.

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Imagen: Cecilia Salas
 
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