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Jueves, 8 de noviembre de 2012

MATTHEW DEAR, EL GRAN AUSENTE DE CREAMFIELDS 2012

Fantasma en la máquina

Con Beams, este productor y DJ que amalgama a David Bowie, Brian Eno y Richie Hawtin logró su obra más retraída y mundana, sin dejar de lado la veta cantautora ni cierta oscuridad. Perjura que “el techno tomó de vuelta un cauce popular”. Matías querido...

 Por Yumber Vera Rojas

Desde Barcelona

“¿Se sigue pescando cerca del aeropuerto?”, devuelve Matthew Dear, en medio de la protocolar introducción, al enterarse de que esta entrevista es para Argentina. No obstante, ante la mirada extrañada de quien suscribe la nota, a causa de la curiosa pregunta, el artista, figura indispensable en el Trópico de Cáncer del pop de vanguardia actual, expedita: “En Buenos Aires, me hice amigo de un chico que suele ir a un lugar próximo a varios boliches (N. del R.: se refiere a Costanera Norte) a pescar. Cuando vuelva, me gustaría acompañarlo a ver qué sacamos del Río de la Plata”. Al productor y DJ devenido en crooner hi tech, que visitó la capital porteña en 2008 y 2009, la luz le sienta cada vez mejor. No sólo porque invita a pasar a la terraza del hotel en el que se hospeda en la ciudad de Barcelona, para que pueda empaparse de felicidad con el sol veraniego que pende sobre él, sino porque su nuevo disco, Beams, lanzado antes de que concluyera agosto, irradia una fluorescencia que, a pesar de desconocer antecedentes en su obra, no opaca su temperamento sonoro. “Es una propuesta abierta, llena de colores, de luminosidad, de optimismo y de reflexión”, describe el estadounidense. “Es mi álbum más robusto”, tira.

Si bien el quinto álbum de estudio del texano de 33 años lleva adelante la veta cantautora estrenada hace un lustro con Asa Breed, que impuso una relectura de su carrera, exorcizó al mismo tiempo el aura oscura, citadina y distópica que envolvió a Black City (2010), con el que se ganó la consagración. “El concepto de ese disco surgió tras vivir una década en Nueva York, y de salir varias noches seguidas”, explica Dear, en exclusiva para el NO. “Aunque no pretendí reflejar una ciudad determinada, pues mientras lo desarrollaba estuve en todos lados, desde Tokio hasta Buenos Aires, la perspectiva y el añejamiento lograron que se interpretara lo contrario.” Por eso Beams, en sincronía con el filón punk funk de los desaparecidos LCD Soundystem, y cuyo arte de tapa (similar al de Self Portrait de Bob Dylan) pertenece al popular diseñador Michael Cina, es la más mundana, matinal y retraída de sus realizaciones. “Es el impulso hacia el exterior, la parte trasera de un agujero negro, donde toda la luz se precipita hacia otro lugar. Sin embargo, sigue siendo muy retorcido, una experiencia difícil de definir. Este material es inherente a mis amores y relaciones con amigos y familiares. Mis letras registraron eso de manera subconsciente.”

Desde que el productor, músico y DJ, quien estrenó su personal y ascendente faena en el papel de arquitecto del techno en Ann Arbor, al tiempo que estudiaba en la Universidad de Michigan, decidió trascender de las pistas de baile hacia un pop más abstracto, las comparaciones con Brian Eno y David Byrne fueron recurrentes. Y es que si Black City se aproximaba a la complejidad espacial del otrora Roxy Music, lo nuevo de Matthew Dear, pese a su prematura expansión, saluda al elepé Remain in Light de Talking Heads (1980). El sencillo Up & Out confirma la analogía. “Las canciones representan aspectos de la personalidad. Hay diferentes curas y mecanismos de resistencia, y cada tema trata sobre una parte diferente de la psique”, describe el asimismo remixador de The Chemical Brothers, Hot Chip, The xx y The Drums. “Vengo del minimal techno, pero también jugué con palabras. Mi crecimiento creativo fue un proceso que se dio de forma natural. La idea del trabajo unipersonal, del estudio como instrumento o del revestimiento musical es algo que hago a partir de los 14 años. Después, gracias a la Internet, me di cuenta de que Eno pasó su vida haciendo lo mismo que yo. Y eso fue muy fuerte para mí.”

Además de haber afinado su habilidad como compositor y cantante, este referente de la electrónica estadounidense, uno de los grandes ausentes de la inminente Creamfields Buenos Aires 2012, ya pela la chapa de frontman en su directo. “La pregunta de por qué actúo con una banda hasta yo mismo me la hice”, confiesa Dear. “Debido a que en el estudio utilizo muchas capas de instrumentos y voces, me dio la sensación de que aparecer solo con mis equipos me convertía en algo mínimo. Así surgió la necesidad de armar una agrupación, lo que ocasionó que el disco en vivo sonara diferente. Aunque a veces la gente espera lo contrario. Al final no entienden que lo que quiero es que bailen y se diviertan un rato.” Y es que hoy es una tendencia que las estrellas del dance salgan al escenario con un espectáculo por encima de la compu y las bandejas. “La escena está bien. Siempre va a haber gente que haga cosas interesantes como Jamie Lidell, por ejemplo. La idea de mezclar humanos con máquinas ha estado presente desde hace rato. Actualmente, debido al acceso que existe a la tecnología, es el momento perfecto para poder desarrollarlo. Nunca dejarán de aparecer proyectos innovadores y arriesgados.”

Antes de que esta nueva faceta se transformara en un parteaguas en la carrera del exponente que lanzó en 1999 su primer sencillo, Hands Up For Detroit, Matthew Dear, en 2004, dio vida a su alter ego más reconocido en el dancefloor, Audion, al que pondrá en actividad luego de que concluya la gira de Beams. “Estoy trabajando en un nuevo material. Tengo seis canciones listas en este momento, pero a comienzos del año que viene me dedicaré de lleno al próximo disco, que espero que salga a la venta a fines de 2013.” A pesar de que se tomó un ínterin en la electrónica para clubes, el astro del techno se sorprende por lo que le sucedió a la escena en los últimos tiempos, especialmente por el auge de la polémica avanzada EDM (etiqueta negligente, cuyas siglas significan Electronic Dance Music, que surge en el repunte rave que disfruta Estados Unidos y que mete en un mismo saco a todos los estilos de la electrónica) que encabezan Deadmau5, Skrillex, Swedish House Mafia y Avicci. “Creo que el techno tomó de vuelta un cauce popular. Si bien estoy a favor de la gente que hace música arriesgada igual que la mía, el mundo no cambia si no lleno un estadio, porque ése no es mi objetivo. No necesito toneladas de dinero.”

Valuado por las revistas de moda como uno de los músicos mejor vestidos del indie, Matthew Dear, apelando por ese refinamiento y camaleonismo legado por David Bowie, otra pata en su ADN artístico, al igual que Richie Hawtin y el alemán Roman Flügel, sostiene la bandera del glamour incluso al momento de fichar artistas para el sello Spectral Sound, con el que introdujo en el circuito internacional al DJ y productor argentino Jonas Kopp, y Ghostly International, del que es cofundador y que tiene en la dupla Beacon (su EP For Now salió a la venta el 2 de octubre) a una de sus principales apuestas. “Son jóvenes hambrientos, y están escribiendo un pop electrónico muy hermoso.”

Aprovechando el momento electoral que ha vivido su país, este emblema norteamericano de la música popular contemporánea de última generación teoriza acerca del semblante político, casi siempre minimizado, de la cultura del baile. “Desde las décadas del cincuenta y del sesenta, hubo una intensa relación entre el rock y el discurso político. En la electrónica, a raíz de que está vinculada con la vida nocturna, es algo novedoso. Aunque la idea de esta tendencia es dejarse llevar y pasarla bien, no es que no se pueda.”

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