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Jueves, 8 de noviembre de 2012

CREAMFIELDS 2012

El imán de lo viejo

El festival pone una vez más sus fichas en lo seguro, aplicando el algoritmo de sus dos últimas versiones (Guetta, Hawtin, Väth, Calvin Harris, Loco Dice, Dubfire) y ofreciendo poco más que más de lo mismo.

 Por Yumber Vera Rojas

Después de botar la casa por la ventana en 2010 al celebrar su décimo aniversario con una grilla encabezada por un David Guetta en el pináculo de su carrera, por un Fatboy Slim redimiendo su condición de clásico y por un Ritchie Hawtin resucitando a su alter ego Plastikman, en la que ha sido una de sus ediciones más consistentes en cuanto a oferta pistera, la Creamfields Buenos Aires del año pasado no sólo repitió al productor y DJ francés en el rol de cabeza de cartel, sino que nuevamente apostó por la receta de convocar a nombres curtidos tanto en el festival, entre los que destacaron Groove Armada, Booka Shade, Sven Väth y el sempiterno John Digweed, como en las pistas de baile porteñas, en las que anteriormente habían incursionado Miss Kittin, Luciano y Ellen Allien. No obstante, la inminente versión de la mayor ceremonia dance sudamericana vuelve a sorprender, aunque en esta oportunidad por hacerse de un roster apático que una vez más pone sus fichas en lo seguro, aplicando el algoritmo de sus dos últimas versiones: Guetta + Hawtin + Väth + Calvin Harris + Loco Dice + Dubfire = Más de lo mismo.

A diferencia de la pasada edición de la matriz inglesa de uno de los encuentros de música electrónica más importantes del mundo, celebrada a fines de agosto en Cheshire (municipio próximo a Manchester en el que pasó sus últimos días Ian Curtis de Joy Division), la Creamfields criolla no contará con figuras del calibre y la contemporaneidad de Skrillex, Deadmau5, Skream y Benga (dos de las tres patas del colectivo dubstep Magnetic Man), Example, Major Lazer, Annie Mac, Erol Alkan, A-Trak, Steve Aoki, Tiësto (los cuatro últimos ya actuaron en esta orilla del Río de la Plata) ni Madeon. En cambio, aparte de los ya mentados Guetta, Hawtin, Digweed y Harris (estuvo detrás de las bandejas de State hace algunos meses), serán de la partida este sábado en el Autódromo local el alemán Paul van Dyk, el holandés Afrojack, las mellizas australianas de Nervo y, por supuesto, el argentino Hernán Cattáneo. A los que se sumarán los debutantes en estas tierras: el productor y DJ sueco de house Alesso, el también housero, aunque bosnio, Solomun, y el binomio canadiense de tech house Art Department.

Si bien la Creamfields no es una vitrina de nuevas tendencias, sino un amplificador de los artistas que rankean en lo más alto de la electrónica, podría funcionar como trampolín para los artífices nacionales. Pese a que esta nueva realización del evento incluirá los estrenos de Poncho y Le Freak Selector, la convocatoria de exponentes argentinos no refleja la verdadera producción que hay acá ni es consonante, salvo por Cattáneo y Franco Cinelli, con la diáspora argentina que la agita hoy por hoy en el circuito internacional. “El año pasado participé por primera vez. Quería saber cómo era estar ahí, el trato que se les da a los artistas nacionales”, explica Jonas Kopp, uno de los créditos locales que más retumba en los clubes europeos, antes de partir de gira al otro lado del Atlántico. “A mí, en lo personal, no me sirvió. No me suma tocar a las 5 de la tarde, con el volumen súper limitado.” A lo que Zeta Bosio, el Soda devenido en disckjockey, adhiere: “En Argentina se sufre el monopolio que hay en la electrónica. Acá, el DJ que quiere imponer su estilo tiene que hacerse una fiesta. Y si funciona, ya es parte del underground”, dijo en una entrevista publicada el pasado domingo en Página/12.

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