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Jueves, 3 de enero de 2013

VIVA ELáSTICO ESTIRA SUS LíMITES

“Queremos llegarle a una ama de casa”

Con 25 años en promedio, los músicos demuestran en Agua, sal y fiebre, su segundo y reciente disco, que todo aquel juego juvenil cristalizó en un imaginario nuevo y un ideario alternativo para una música pop sin límites.

 Por Luis Paz

Hace más o menos tres años, Viva Elástico publicaba su debut epónimo; una serie de canciones que el cantante Alejandro Schuster y el guitarrista Mateo Zabala habían hilado durante años desde el barrio Viplastic, en Longchamps, para el mundo todo. Junto al bajista Santiago Pacek y a varios eventuales bateristas, este combo deudor del brit pop, el pop argento y la electrónica trasnacional empezaba a frecuentar algunos de los por entonces incipientes ciclos y espacios del under nuevo (Festipulenta, Turdera Fest, Sonido Argie) para sorprender con su matricería pop: “Oh, eso que suena en la radio, no cuestiona nada y te pone bien”, cantaba Schuster en La radio, instantáneo hit para las pequeñas masas subterráneas de la noche metropolitana. Tres años después, Viva Elástico suena en ellas, graba con Leo García y Ale Sergi, hace videoclips dirigidos por Ezequiel Acuña o Raúl Perrone, toca en festivales mainstream, aparece en compilados estatales de bandas de la provincia de Buenos Aires a la vez que en otros rejuntes de canciones generados desde el seno de la industria pesada local. Viva Elástico se convirtió en la gran esperanza blanca del pop suburbano. O al menos del de aquel lado de la General Paz en el que quedan la casa de Sandro, el aeropuerto de Ezeiza, el Tío Bizarro y las playeras de estación de servicio con calzas blancas.

“Ahora entiendo que, bajo ningún punto de vista, puedo dar un recital afónico”, dice Ale Schuster desde un recoveco de un bar con mesas de pool, o de un pool con mesas de bar, da lo mismo. Es una frase que revela, más que esconder, un montón de indicadores: que alguna vez bardearon, sí, que ya no les es divertido; que han debido empezar a trabajar su música y sus shows de maneras más serias y sustentables. En definitiva, que algo está pasando con su banda, que algunos están esperando ya esas canciones, y que ahora no se puede malflashear más. “Vas tocando más y las excitaciones cambian porque ves que tus sueños van caminando. Uno, que es medio sensible, se desfigura frente a eso, pero cuando aprendés y te hacés fuerte dándote cuenta de que querés ser profesional, te concentrás y empezás a cuidarte. Estructurar la banda, con la libertad que existe, sirve para seguir generando música cuidadosamente, como merecen las canciones”, explica Ale.

Canciones. Con ellas empezó todo: “La búsqueda es hacer música, que es lo que nos gusta. Queremos aprovecharlo y no comernos ningún mito”, le anticipaban al NO en los primeros meses luego de la salida de Viva Elástico, el disco que los ubicó como revelación en la Encuesta 2010 de este suplemento. En esa ocasión, a este cronista le tocó hacer un perfil de la banda y propuso que Schuster era un cancionista (y Viva Elástico un ensamble de músicos) despertando a la vida. Con 25 años en promedio ahora, Schuster, Zabala, Pacek, el baterista Juan García del Val y el tecladista Juan Condori demuestran en Agua, sal y fiebre, su segundo y reciente disco, que todo aquel juego juvenil cristalizó en un imaginario nuevo y un ideario alternativo para una música pop sin límites. El tono de comunión adolescente, casi generacional, de su debut está ahora matizado y sedimentado por debajo de obras más trasversales, que se valen de todo y se sirven para todos.

Su intención siempre fue expresa y funcionó de tarjeta de presentación en cada entrevista dada por aquellos días: “Queremos llegarle a un ama de casa, a un empresario, a un deportista”. Ale Schuster se procuraba como un Nino Bravo del pos Y2K, un Brett Anderson de acá a la vuelta, un interlocutor amigable teatralizando al amor de los tiempos del fotolog, las radios web y el Reason. “Lo importante, para mí, es aceptar que todas esas fantasías que tenemos como creadores de música tienen que ir tomando forma. Este disco es el principio de una comunidad que empezó a hacer música sin decir hacia dónde ir, pero que va con naturalidad hacia un mismo lugar. Algunas bandas eligen alguna rama de la música y van fortaleciéndose en ellas. Viva Elástico también se genera sus ramas, pero lo que el grupo quiere es ir por el tronco, por el medio, e ir agarrando de todas esas ramas sin hacernos caso de lo que signifique cada una. Pero sí haciéndonos cargo de que ese medio se tiene que hacer fuerte y enriquecerse de lo que lo rodea”, plantea el cantante. A lo que el bajista Pacek agrega: “Llegamos a conocer a Viva de una manera un poco más íntima”.

Es algo habitual: cuando entrás a grabar tu primer disco, creés que tenés en claro cómo son y deben ser los temas, cómo hay que mezclar y, sobre todo, estás convencido de que sabés de qué se trata tu banda. Una vez que el primer disco toma forma y se escapa de vos, olvidate de todas las seguridades: tu banda pasa a ser otra cosa para vos y para el que la escucha. Puede que no la reconozcas, incluso. Es porque creció, te superó. Eso es el primer disco; el segundo es ver si crecés de forma saludable o si pegaste el estirón de puro pedo. Agua, sal y fiebre ubica a Viva Elástico entre los primeros. “Ver el crecimiento te ayuda un montón para seguir haciendo lo que hacés. Ya forma parte de todos nosotros hacer esto: si no lo hiciéramos, la estaríamos pasando mal. Y que de pronto te digan ‘qué buena tu banda’ te da mucha más energía”, se alegra Zabala.

Por prepotencia de trabajo (a los Viva se los vio tocar por todos lados), por calidad de obra (los pequeños hitos emocionales Las motos, El festejo o Complejo adolescente) y también por efecto del crecimiento del sello Triple RRR, el grupo empezó a enfrentarse a proyectos impensados. Si de la mano de su primer disco vino un videoclip dirigido por el realizador Ezequiel Acuña (Nadar solo, Excursiones), con el segundo realizaron otro con Raúl Perrone (autor de Graciadió, una peli única en su estilo, con el Ruso Verea, Horacio Embón, Iván Noble, Dárgelos y Adrián Otero) en el marco del ciclo Diez episodios musicales, del gobierno de la provincia de Buenos Aires. Si con su debut fueron parte del primer volumen del Catálogo de Sellos de la provincia, con éste anotaron su nombre en la primera entrega de Geiser, una trilogía de compilados curados por Leo García, Walas y Richard Coleman, y producida por el sello mainstream argentino PopArt. Viva Elástico se ha vuelto eso mismo: un hiphiphurra a favor de estirar los alcances de un grupo pop adolescente.

“Todo eso lo hacemos porque es algo que se da naturalmente y no por chapa. Lo mismo pasa con el tema de los invitados a este disco. Tenemos la libertad de decirle a Ale Sergi que venga a cantar aunque es un músico mainstream. Nos chupa un huevo que lo sea, porque nos encanta lo que hace y es un gran compositor. Leo es un chabón que se hizo muy amigo nuestro y es un buen compositor y un buen cantante. Y si se pudiese cantaríamos con Julieta Venegas”, defiende Ale en nombre de una banda alejada ya del fundamentalismo under y separada de la intransigencia lofi.

El músico de Miranda! aparece en La traición y el ex Avant Press en Agua, sal y fiebre, brillante expresión de lo que Viva Elástico puede hacer. El dato, que abre este disco, trae sencillamente uno de los mejores estribillos pop del año pasado. Muchas de estas canciones aparecen tituladas de modo tal que se plantean como episodios: El gran encuentro, El festejo, El dato, La traición. Dice Schuster: “Parte de lo que quiero decir puede estar vigente en una escena cinematográfica, en una charla de café entre una mujer y un hombre. Las canciones son armadas a partir de fantasías: lo ideal es armar una fantasía. Después, lo que uno quiere decir está en uno y lo que significa para el otro depende del que lo escuche. La historia de esta banda es de comunidad, de que nos pasaron las mismas cosas por tener la misma edad. Este disco es muy de la amistad”.

* Viva Elástico toca el sábado 12 de enero junto a Pérez en Niceto Club (Niceto Vega 5510). Desde las 20.

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Imagen: Cecilia Salas
 
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