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Jueves, 7 de marzo de 2013

MONZóN DEL ROCK PEGA DE UNA

“No hay demasiado rebusque”

Rock tradicional en la senda de Pappo y La Renga: este cuarteto no busca más que traerlo al frente, con ayuda de Chizzo, Alejandro Medina y el Tano Marciello.

 Por Mario Yannoulas

La sala de ensayo es también una representación espacial de la opera prima de Monzón del Rock. Como la fábrica de chocolate de Willy Wonka, esa escenografía transfigurada del mundo de las golosinas donde se espejan los pecados de juventud, la geografía de dos por dos desde donde trabaja este cuarteto es también reveladora de un mundo bien definido de rocanrol. Posters de Pappo’s Blues, Almafuerte, Spinetta, Jimi Hendrix... apenas la gorra kissera de Love Gun que lleva el cantante Hernán se corre un poco de la frecuencia y presenta una influencia un tanto más... show bizz. “Al rock más tradicional le falta exposición y nosotros queremos llevarlo al frente. Hay muchos estilos nuevos y diferentes, fusiones, bandas que escuchamos, pero buscamos algo más tradicional mezclado con cosas modernas. Por ejemplo, en el disco hay temas afinados en Re, algo que pasó mucho en los ‘90 con bandas como Soundgarden”, concede el bajista Pipa.

Editado en las vísperas de 2012, el debut homónimo del cuarteto reveló inequívocamente el ADN de una línea marcada del rock local. A través de sus doce pistas se puede sentir transpirar a los adoquines de la calle sobre la que queda la sala: “La Renga, Divididos, Pappo, Spinetta... aprendimos de eso y de otras cosas de la vieja escuela, como Manal o Billy Bond. Nos cruzamos seguido con Alejandro Medina, subió a tocar con nosotros algunas veces”, comenta el guitarrista Roger. Desde la contundencia pastosa de Monzón del Rock, hasta la zapada Blues sarcástico y un cover de Lo que nos ocupa es esa abuela, la conciencia que regula el mundo, de Invisible, la intención se entiende bastante bien: “El concepto es directo, no hay demasiado rebusque”, despeja Pipa.

Las canciones fueron trabajadas y el disco grabado en aquella sala de ensayo de Parque Chacabuco, con ProTools como piloto virtual. Pero además de sesiones y descorche, el espacio albergó encuentros mágicos. Así fue que Chizzo, de La Renga, al que Hernán y Roger conocen desde que tocaban en Fisura2 –”La época del casete”, le dicen a aquélla–, se acercó para dar una mano. Y devino productor artístico: “Fue una especie de gurú”, traduce el cantante. “Nos vio crecer musicalmente durante estos años. Cuando le comentamos que estábamos grabando un disco, le preguntamos si quería participar. Y nos contestó que venía a la sala cuando quisiéramos y que hacía lo que quisiéramos.”

Le propusieron cantar y tocar la guitarra de En imprentas, el corte de difusión. “Cuando grabó, teníamos todo terminado y se lo hicimos escuchar completo –señala Hernán–. Y empezó a llevarse material. Venía al ensayo siguiente y nos daba consejos, se fijaba en que todas las notas estuviesen bien afinadas, ayudó mucho con las melodías vocales. Nos fue marcando un camino.”

Otro que se acercó a la sala para dar una mano enorme fue el Tano Marciello, prodigioso guitarrista de Almafuerte –cuántas buenas manos para un debut, ¿no?–, al que Roger conoce desde que le consiguió al Tano un pedal para su equipo VHT Pitbull que le habían robado en un encuentro motoquero. “Cuando escuchó que hacíamos la de Invisible, se lo puso a tocar y pidió que pusiéramos Rec. Lo hacía más completo, tocaba cada cosita, cada arreglo. Después dijo que en el estribo quería ‘hacer la de Van Halen’, y así suena la viola. Siempre nos anticipaba lo que iba a hacer, y nosotros lo mirábamos como diciendo ‘ja, sí. A ver, dale’. Pero llega el momento... y el hijo de puta lo hace.”

* Monzón del Rock tocará el sábado 27 de abril en Makena (Fitz Roy 1519). A las 22.

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