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Jueves, 26 de septiembre de 2013

DRAGON BALL Z: LA BATALLA DE LOS DIOSES

La dulce esfera

En su dimensión de mito, la serie de Akira Toriyama siempre será algo grande para los chicos y nunca algo chico para los grandes.

 Por Hernán Panessi

Corría 1995 y la avanzada del animé en Argentina desembarcaba en el canal Magic Kids, que era algo grande para los chicos. Primero llegaron Los Caballeros del Zodíaco. Luego Sailor Moon, Los Supercampeones y El Club del Animé. Sin embargo, el mascarón de proa sería Dragon Ball, que marcaría a fuego a toda una generación. En las páginas de la Shonen Jump –la revista Fierro de allá– salió publicado por primera vez el manga Dragon Ball. La creatividad de Akira Toriyama, su hacedor, se sostenía en una fórmula sencilla: buscar las Esferas del Dragón, enfrentar peligros y, al fin, pedir un deseo. Fueron cuarenta y dos libros editados, que inspiraron dos series animadas: Dragon Ball (estrenada acá en 1997) y Dragon Ball Z (1998).

Ese cartoon musculoso interpeló a toda una generación: a los adolescentes, con sus batallas; a los niños, con sus aventuras. Es que Dragon Ball registra el devenir arquetípico del héroe: se lo ve crecer, madurar, tener hijos y salvar al planeta una y mil veces. ¿Su motor? Los desafíos. ¿Su objetivo? Ser el mejor. Ese héroe tiene un nombre tatuado en el imaginario pop: Son Goku, que no necesita más presentación que un ¡Kaaame Haaame Ha! y fue, desde siempre, la contraseña a la felicidad absoluta. Una caja de Pandora que nunca dejó de latir ni de escupir subproductos –Dragon Ball GT, remasterizaciones, films en video, el corto argentino Otakus, cantidad de cosplays, muñequitos y todo lo que pueda ser comercializado– y que, años después, regresa para vomitar encima de la aburguesada que se pegó el animé.

Año 2013 y Goku vuelve a los cines. Se estrena Dragon Ball Z: La Batalla de los Dioses. Y esta reaparición tiene un porqué: Internet. La generación criada al calor de los rayos catódicos desprendidos por Dragon Ball devino líder de opinión web, aquellos que marcan el pulso, los que ponen cosas de moda (llámese tecnología, ropa, comida, animé o tal) y los que, sí, mandan. Dragon Ball, al ser canónico, manda. Su retorno es producido por un efecto nostálgico, la mueca de revivir lo añorado. De sentir, de nuevo, que uno se puede resignar a crecer por, al menos, una hora y media. Por eso, ese convoy comprará sin titubear su ticket para ver esta batalla entre dioses donde un enemigo más fuerte que todos los anteriores anda con ganas de destruir la Tierra. Claro, Goku y los suyos harán lo propio para detenerlo. Dragon Ball, en su dimensión de mito, siempre será algo grande para los chicos. Y, ahora que el tiempo hizo lo suyo con los espectadores, también lo será para los grandes.

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