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Jueves, 14 de noviembre de 2013

KANYE Y SU YEEZUS TOUR POR ESTADOS UNIDOS

Salvaje West

Además de desvergonzadamente engreído, el notable rapero y productor de Chicago es una estrella mainstream universal que con Yeezus logró otro disco brillante.

 Por Sebastián Tabany

Desde Los Angeles, Estados Unidos

n“Soy un Dios, apúrense con mi masaje. En un maldito restorán francés,¡apúrense con mis medialunas!”, grita Kanye West en medio de la pasarela del Staples Center, el estadio que alberga a Lakers y Clippers, los equipos angelinos de la NBA, y que está al ochenta por ciento de su capacidad. Kanye se para frente a la multitud, que lo ovaciona como un enviado del Señor, algo que en su último CD, Yeezus, el nativo de Chicago dejó en claro que le gusta. Yeeze, uno de tantos seudónimos que usa, como buen rapero, está de gira por Estados Unidos presentando su sexto trabajo, producido principalmente por Rick Rubin, quien le provee la agresividad rockera, y Daft Punk, quienes le dieron las bases hipnóticas que sobrevuelan todos los temas.

Kanye comenzó a producir hits para Jermaine Dupri y Goodie Mobb a fines de los ‘90, pero se consolidó como hitmaker con Jay-Z en The Blueprint, disco publicado precisamente el día del atentado a las Torres Gemelas. En 2004, Kanye lanzó su debut The College Dropout y el hip hop cambió: gracias a él, el sonido del género se densificó, pero se volvió aún más popular gracias a los sampleos de armonías que rescata de la oscuridad para que sean estribillos en sus temas.

Yeezus es una obra que profundiza aún más lo propuesto en su anterior trabajo, My Beautiful Dark Twisted Fantasy de 2010. Algo que comenzó en 808s & Heartbreak de 2008, cuando utilizando principalmente un Roland TR-808, un sintetizador de los ‘80, logró un sonido seco y sincopado. De hecho, para este Yeezus Tour, West se aleja de la banda que los raperos utilizan generalmente en vivo. O sea, vuelve a la raíz del hip hop de fines de los ‘70 y principios de los ‘80, pero con su idiosincrasia moderna. Su banda, a un costado del escenario, se compone solamente de tres personas: un DJ que dispara las pistas y cuya improvisación es casi nula, un músico que va del teclado a la guitarra y un corista que le da apoyo a West en algunos estribillos, pero nada más, ni siquiera tiene un solo.

Porque The Louis Vuitton Don, otro de sus seudónimos, se reserva toda la atención. Tan alta es su autoestima que durante hora y media de las dos y cuarto del concierto, canta enmascarado como el luchador mexicano El Santo, pero con lentejuelas de colores. El escenario es minimalista pero caro: una pasarela vestida como si fuera un glaciar, con hielo falso a los costados, se eleva en la punta pero sólo en una canción. Y atrás hay una montaña nevada donde el artista varias veces se sube para dar su sermón. El concierto tiene algo así como una temática religiosa dividida en cinco segmentos, con palabras proyectadas en el cielorraso del escenario. Como si el recital fuera una Biblia y los segmentos Evangelios con títulos evocativos: pelear, levantarse, caer, buscar y encontrar.

Una voz femenina lee definiciones de cada una y después, y en cada una de estas partes, Kanye se toma el tiempo para su monólogo, que va desde una meditación sobre la fama hasta un seudo discurso espiritual sobre la capacidad del ser humano para superar obstáculos. Modelos vestidas con catsuits color piel, dando la ilusión de estar desnudas, se pasean y lo rodean mientras él se tira al piso y canta toda una canción acostado. Kanye fue creciendo como artista y también como provocador. Desde arrebatarle un premio en vivo a Taylor Swift en los VMA de la MTV hasta tener un hijo con Kim Kardashian, estrella de un reality show y famosa gracias a un video porno con su ignoto novio rapero Ray J, Kanye es famoso por su falta de modestia y por decir lo que quiere y cuando quiere. Pero su desvergüenza está apoyada en los temas que produce, no sólo para él sino para artistas como John Legend o Jay-Z, con quien sacó Watch the Throne en 2011.

Mientras West está enmascarado, la atmósfera es opresiva y oscura. El nadir de su depresión llega con Coldest Winter, que samplea a Tears for Fears para expresar su sentimiento hacia su madre fallecida hace unos años. El rapero se sume en la oscuridad mientras en la montaña se ve a un tipo vestido como Jesús que se acerca de a poco. Las modelos se visten de monjas y Jesús bendice a Yeezus. Es entonces cuando West se saca la máscara y larga con Jesus Walks y desde allí son todos temas bien arriba y festivos. El muchacho encontró la luz, aunque a juzgar por su tema I am a God, ya la había encontrado hacía rato y sólo estaba haciendo creer que era un tipo común como el resto.

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